Sobre otro sobre otro


Un café sobre un café sobre un café

sobre otro sobre otro sobre otro

y un cigarro se consume despacito

y me quema los dedos y los labios y los ojos.

.

Cierra la ventana que entra el viento,

ruge una voz en vendavales de silencio.

Cierra la ventana que entra nada,

me respondo susurrando al son del tiempo.

.

Minuto parado, instante eterno:

el que uso para cerrar la ventana

y coserme las palabras desde dentro

con hilo de tinta y vocecita de aguacero.

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El gusano en el camino


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«Poisonous Stinging Saddleback Caterpillar» por Otto Phokus (CC BY-SA 2.0)

Existía un hombre que nació con el don de hablar con los insectos. Cierto día vio, en un camino muy largo, a un gusano arrastrándose para llegar hasta el final.

El hombre se acercó y lo saludó, le preguntó si quería que él lo llevara en su hombro hasta el final del sendero, porque sentía compasión por él y no quería que se cansara o muriera en el camino.

El gusano, atónito porque un hombre hablaba su idioma, rechazó la oferta. Le dijo: “Gracias, pero puedo seguir por mí mismo. Si no hubieras aparecido, de todas formas hubiera tenido que seguir mi camino. No necesito compasión por el hecho de llevar la vida de cualquier gusano, ni requiero de un trato especial. Sigue tu camino, buen hombre”.

El hombre, pensativo, se despidió del gusano y siguió su camino. Al llegar a su destino pensó en las palabras del gusano y dejó de esperar a que un ser más grande que él le tendiera la mano y le ofreciera un atajo a su destino.

El hombre nunca supo que el gusano, al rechazar su amabilidad, le salvó la vida.

La espada de los espíritus


La espada de los espiritus

Porque todo aquel que tenga un espíritu, puede empuñarla y blandirla.

Frío


El invierno de las almas es demasiado largo.

Sí, mi amor,

me habría quemado hasta derretir los cristales,

mientras te elegía como musa.

Echo de menos


Benjamín Recacha García

Foto: Benjamín Recacha García

Saciado de vacío.

A veces es como me siento.

Y entonces lo que más echo de menos

son las caricias y los besos.

Y las risas;

cómo echo de menos las risas.

Y los silencios compartidos.

Porque el estruendo del silencio en soledad

me perfora el alma.

Sonrisas y estrellas para laúd y guitarra

Sonrisas y estrellas para laúd y guitarra


©Merche García

Mi padre astronauta


Mi padre era astronauta,
desde pequeño contaba
sus aventuras fuera del planeta.

Miraba sus ojos llenos
de esas historias,
le veía volar en cada efecto especial,
él también me miraba,
según reaccionaba
urdía espectaculares momentos
en cámara lenta.

Cuando rendido por el sueño,
sellaba mi frente con un beso,
su frase favorita,
buenas noches, capitán.