Post mortem


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La tarde trae los nervios atados
en un ramo marchito.
Explotaron las edades
del jardín poblado de intrusos y fantasmas.
No hay mayor vulgaridad
que los lugares comunes.

Dulce de tres leches


Tus muslos huelen a fruta,

tus pechos a pan dulce

y de tus labios rebosa almíbar.

Esta gatita muere por beber

las leches de tus fuentes.

La caza


Fotografía


Logré capturar el tiempo en un instante:

robé una imagen fija de la realidad

solo para obtener una descripción exacta

de aquello que separa la fantasía de la verdad.

Es la explicación de la belleza concreta,

refinada y despojada de todo lo banal.

Sobriedad visual que juguetea con la sensualidad

como lo haría la luz con la oscuridad.

¿Cómo describir la fuerza que emana desde una dimensión?

Líneas que hipnotizan y transportan a un lugar mejor:

a un laberinto delineado por un elegante color.

De repente, aparece una galaxia con dos soles que emiten luz sin piedad

y ejercen una irresistible atracción de la que no se puede escapar.

Aventurarse a explorar ese universo a pie

orbitando definidas trayectorias curvilíneas

que detonan una deliciosa explosión cósmica.

Pulverizado y confundido con el perfume estelar,

abre los ojos este insolente cosmonauta;

es hora de poner los pies en la tierra

después de viajar a través de las estrellas,

e inventando nuevas teorías de astronomía

en un ciclo eterno seguiré mirando

tu fotografía.

Ejercicio: Tanka


Extrañarte hoy;

pensar que estás aquí,

no vislumbrarte.

Ceguera, aléjate,

nuestro amor nos salva.

Silencio


El invierno congela heridas
duelen más
se expanden menos

En el reino
nadie reina
el silencio impera
pensamientos que ya no eran
de esta era
pretenden un silencio interno
por esas alas
que ya no vuelan

La excusa del frío
que hiela
el calor
que arde
sin necesidad de hogera


La vida
es eso que espera
un silencio
repleto de acciones
sin pensamientos
o viceversa

Mi vida
ya no recuerda
espera

No sé
si vivo para dentro
o para fuera

La leyenda


Voy a contarte una leyenda medieval, de la cual se han creado incluso oberturas y ballets en la música clásica, en el París del siglo XIX. Es la leyenda de Jaufré Rudel, príncipe de Blaye y trovador de Aquitania, que cantaba en sus melodías y poemas la legendaria belleza de Mélissinde, princesa de Oriente y condesa de Trípoli en Tierra Santa, de quien estaba prendado, pero a quien no conoce, porque nunca han hablado, él está en la corte de Aquitania y ella a miles de kilómetros al sur en Tierra Santa. Ha realizado por ella, una obra de maravillosas canciones y singulares libros de poemas, conocidos en las cortes de entonces, en el norte de Europa, son libros inspirados por ella, a la que solo ha visto en imágenes a través de cuadros que le llegan en galeras de comerciantes genoveses y venecianos que cruzan el Mediterráneo, y de la que ha recibido cartas que él contesta acompañadas de algunos de sus poemas. Ella, la princesa, no conoce nada de él, pero se ha convertido en toda una musa que recorre con sus versos los salones de Europa. Esto la llena de dicha e imagina a su poeta de una manera que solo a ella la fascina. En un momento dado, Jaufré Rudel presiente cerca el final de sus días y, acompañado por su fiel amigo Bertrand d’Allarmanon, chevalier y trovador de Provenza, que también compone poemas, organiza un viaje hasta Tierra Santa para que su amigo pueda ver a su musa, en un itinerario lleno de peligros y obstáculos que le hace llegar a Trípoli ya sin fuerzas, moribundo por multitud de combates con los infieles. Jaufré, exhala su último suspiro a los pies de la princesa, pero su capa le cubre completamente. Mélissinde le pide a su amigo que no levante la capa, jamás lo ha visto ni sabe cómo es, pero ha leído sus poemas que, durante mucho tiempo, le han producido el mayor de los placeres al sentirse musa y mitigado sus penas de princesa objeto de pactos políticos en las conquistas de Tierra Santa. Desea imaginárselo perfecto, lo cual la produce el mayor de los bienes en un momento que debe decidir aliarse con Jerusalén para salvar las reliquias del Señor. Por eso guardará en su recuerdo al perfecto trovador que tantos buenos ratos le daba al llegar sus obras hasta su palacio.

—¿Y nunca le vio y él solo la conoció a través de frases y pinturas que le llegaban desde Oriente?

—Así fue sin duda.

Aquella relación era perfecta para los dos, y de gran placer, incluso dentro de cada una de sus vidas reales. Un mundo paralelo donde cada uno encontró un ideal donde curar algunos de sus miedos. Porque la princesa había sufrido ya siendo niña, dentro de la poderosa familia que conquistó aquellas tierras. Fue dada al tío de su padre, y sufrió por aquel maligno hombre siendo una niña, cuyos recuerdos la atormentaban, y que el Trovador de Aquitania cuando lo supo decidió sacarlos de su mente. Ella consiguió domeñar aquella pena que la ocurrió de niña, y volvió a tener alegría en sus días de palacio. Eso la lleno de dicha hacía su poeta, y estaba dispuesto a darle todo lo que le pidiera. En su mente él era el caballero perfecto con su armadura.

Fotografía cedida por @poeta_eva