(Ensayo a partir de Barthes y Kristeva) Teoría del Texto: Una aproximación al marco teórico


Por: Lic. Salvador Arias Olalde

Manifestaciones artísticas, con toda la complejidad que conciernen, que en cuanto a expresión emocional/sentimental y racional/intelectual llevan inexorablemente al debate sobre la funcionalidad del arte; la experiencia sublime y la accesibilidad de la masa hacia estas manifestaciones, es una cuestión no poco estudiada, sin embargo, la función del arte como catalizadora de identidades y remanentes históricos que buscan no ser aniquilados en la vorágine de la era de la tecnología de la información, paradójicamente éstas, se nutren de la propia búsqueda en la innovación tecnológica artística.

Existe un regocijo de gossip pseudo-intelectual, la competencia por ver quien sabe más al más puro estilo de programa de chismes de cualquier canal mainstream, pero de otra forma peculiar. Si Rachmaninov, estaba o no desquiciado y de sus tratamientos para la depresión eran efectivos en 1900 para devolverle sus aptitudes creativas, o si la cantante irlandesa Sinead O´Connor, la que provocó un escándalo por romper la foto del Papa en cadena internacional de televisión, canceló su gira mundial por sus problemas de trastorno bipolar; si leemos algún libro de Eduardo Galeano o vemos algún video en Youtube, lo más probable es que busquemos su biografía como referencia para entender porque su prosa roja en “El libro de los abrazos”…. ¡Con razón!, argumentarán muchos, pero indudablemente debe de existir un sano distanciamiento entre el autor y su obra, aunque indeclinablemente esté salpicado de sus obsesiones, furias, pasiones, intereses, inquietudes personales o universales.

El texto proviene de las diversas convergencias de vida y de lectura por las que se ha tenido acceso. Ciertamente existen obras de innegable impacto que han sido realizadas en su momento por personajes con edad avanzada, no por el hecho que sean “maduros”, término al que le tenemos cierto recelo, sino que las vivencias, que no serían otra cosa que las citas culturales parafraseando a Barthes; las obras que siguen siendo referenciales a pesar del yugo inexorable del tiempo, de la crítica, y de los devenires socio políticos, e históricos; el contexto en el que se inscribe no deja sino a los visionarios poder vislumbrar esos textos, ahora sí entiéndase sólo como obra, y dejarlos para su posteridad, que incluya un análisis y sobre todo una narrativa atemporal.

La atemporalidad y la historia como un todo lineal son conceptos que se pueden conjugar con lo referido por Kristeva alrededor del Texto, es decir, si un sistema de comunicación nos da una referencia tácita para poder llevarla a cualquier referente de cualquier ciencia o disciplina, el texto no tendrá que ajustarse a disposiciones gramaticales para justificar su existencia y su validez.

La dualidad en la que se distingue el texto, debido a  las características propias de un tiempo determinado, y delimitado por circunstancias hacia una época precisa, posmoderna quizá donde no hay una fecha exacta donde se pueda erigir el cambio y la diferenciación de una a otra conlleva a que el texto navegue en aguas donde se encamine bidireccionalmente.

Inclusive, las escrituras múltiples son requisito fundamental, así como las experiencias que se interrelacionan para desenmarañar con uno y con los otros lo que se quiera plasmar en la obra, y a su vez reproducir con el fin de llegar al lector. Pero en verdad, una pregunta subyace: ¿quién realmente se preocupa por éste? Es decir, no en el sentido de dar un buen trato en la librería de su preferencia, sino en realmente una inquietud válida y original a quién va dirigida la obra; y no meramente como estadística de hábito de consumo, o análisis sobre consumo cultural en una comunidad. Al estar tan enfocado en lo que mencionábamos anteriormente, la vida, obra, biografía, y tratar de entender en realidad ¡qué nos quiere decir! con la obra, no nos damos por enterados lo que el espectador, el lector, el que espera paciente e interminablemente a que esté lista la obra. Sin el espectador la obra nunca está completa.

Buscar la influencia de un texto, es totalmente diferente a buscar las influencias de un autor. Es muy común averiguar cuáles son las influencias de algún autor mediante un análisis exhaustivo, pero ¿que acaso el texto no es producido por un autor o un cúmulo de autores dentro de un bagaje cultural e imaginativo (intertextualidad) donde se tiene que distanciar su propia voz por el bien de la obra y del texto y sobre todo del espectador como aquí afirmamos? Al parecer, en eso radica la imposibilidad de definir a ciencia cierta, con bases fundacionales que es el texto, y se aproxima esbozando y trazando entramados teóricos la dicotomía entre el texto autónomo y el autor y su obra.

Ese mito de la filiación del que habla Barthes que debe ser satisfecho no es sino una referencia que nos dé seguridad para un estímulo de congruencia en la búsqueda placentera de la lectura o la adquisición plena de conocimientos vía la transmisión de la información, sí, pero ¿con qué fin? No abundaremos en el gozo y la estética por sí misma, ni en la funcionalidad o no de la literatura (Peña Nieto dixit), sino en el carácter polivalente y subjetivo de la interpretación.

Poner al texto en contexto, la configuración del ambiente preestablecido, con normas y parámetros definidos con anterioridad nos puede dar alguna base para ello: independientemente de cuestiones tan profundas y complejas como los antecedentes culturales y sistemas educativos, es un hecho que la mayoría de las personas, al menos en nuestro país (México), no visitan museos y mucho menos compran libros. (El tiraje del periódico Reforma no llega a 100,000 ejemplares); para un grueso sector de la población lo que huela a artístico, llega a sonar aburrido, caro e inútil. Si no se es posible escudriñar el texto de la obra, implícitamente lleva una carga negativa, que supone solo a cierto núcleo especializado el poder remediar semejante cuestión existencial. Ortega y Gasset  menciona que el arte nuevo dividió al público en dos clases: los que entienden y los que no entienden, en los que son artistas y los que no lo son.

El texto es el campo donde se va a experimentar, a refundar y a manejar, entre otras atribuciones, la mejora, la modificación y la reforma del conocimiento del ser humano. En el discurso, mediante el riguroso análisis y sus posteriores agendas, como un riguroso análisis de contenido, la elaboración y propagación del discurso, el texto se sirve de la sabiduría, corrientes, pensamientos, para poder establecerse. La importancia de la elaboración del discurso ante la presencia del texto, es ineludible, por eso, entre otras cosas, radica la importancia de aproximarse a una definición teórica conceptual sobre lo aquí referido.

Es imprescindible dejar de catalogar al texto, única y solamente como el estudio de representaciones convencionales, reglas y principios del uso de la lengua sino también como la memoria. Es trascendental hacer la No-definición, es decir, para poder acercarnos universalmente a un concepto, nombrando primero lo que no es, podemos tener un marco de referencia más amplio y menos confuso. Existe, claro está, la relación entre el texto y la lengua, entre la comunicación analógica y digital; cuando el texto vulnera o cambia su significancia al transformar su aspecto textual gráfico al lingüístico donde además se incluye implícitamente códigos kinésicos.

Atribuyéndose a la semiótica como la ciencia de las ciencias, de algún modo evocando a la epistemología, se encuentra como el observador observado: la distancia sana donde se le permite cierta autonomía al no estar anclada en rigurosos fundamentos, sino que al seguir buscando su propio lugar, tiene la vertiente de poder encontrarse en el avance de la misma.

Al dibujarse sus límites, el texto recrea y se sabe como fuera de un sistema al cual se pueda delimitar de manera que no haya forma de volver a repensar un discurso, y que exista una dialéctica real entre el autor y el quien se apropie del texto en un cierto momento y espacio.

Al fin de cuentas, uno de los objetivos es mejorar nuestro pensamiento; ¿existen usos lingüísticos que no describen hechos ni denotan nada? Creo que sí, de ahí radica la importancia de entender el lenguaje, aproximarse a las definiciones sobre el texto, y la importancia de la semiótica; la comprensión de lo que el “otro” asume y expresa es vital para resignificar los objetos de estudios de las ciencias humanas y sociales propiamente. Lo preestablecido puede mermar la capacidad de ir más allá de lo que logramos ver, o creemos que es, por el hecho de estar definido. El estar inmerso en un universo de infinitas posibilidades, hace a su vez complejo pero enriquecedor y propositivo.

4 comentarios sobre “(Ensayo a partir de Barthes y Kristeva) Teoría del Texto: Una aproximación al marco teórico

  1. 1. Amo el lirismo de Rachmaninov, sobre todo adoro la segunda sinfonia en do menor opos 18 que compuso cuando estaba deprimido.
    2. Barthes tiene ideas cheveres, pero no agrada su prosa, aunque quizas puede que no haya sido bien traducido al español.

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