El nacimiento del sol


Las religiones del mundo tienen características similares y ritos de fundamentos semejantes. En la práctica de las religiones antiguas las sociedades parecerían, ante nuestros ojos, ritos de barbarie y salvajismo. Sin embargo los orígenes de muchas religiones comparten conceptos como el de virginidad, resurrección, castidad, purificación, alimentación del espíritu, integración a la comunidad, así como los sacrificios y los ritos por medio de invocaciones, danzas y representaciones teatrales. Entre esas semejanzas debemos tomar en cuenta calendarios y fechas rituales con el único afán de clarificar el porqué la celebración cristiana del nacimiento del sol se lleva a cabo el 24 de diciembre, -día denominado noche buena y el 25 navidad: el nacimiento de la divinidad en la tierra.

Las religiones paganas, antiguas, basaban su pensamiento mítico en la relaciones de los fenómenos naturales con el dominio que distintos dioses tenían sobre éstos. El imaginario colectivo y las prácticas rituales forman pues, el Estado. Los hombres agradecían a los dioses, tanto los beneficios que la naturaleza podía otorgarles así como la enseñanza de la explotación de ésta por medio de la agricultura –que significa el fin del canibalismo en varias civilizaciones. El sistema de producción es el fundamento de todas las religiones antiguas; bajo un sentido de comunidad en el cual toda la ciudad era recompensada por sus ofrendas y reconocimiento de dichos dioses como proveedores y maestros y, por tanto, los errores cometidos por un miembro de la comunidad sembraba el caos ante los ojos de los dioses. Para restaurar el orden del universo era necesario un castigo que implicaba a toda la comunidad. El Estado teocrático se fundamenta en la normativa de la religión que, a su vez, son las leyes del Estado. El macrocosmos se materializa, se hace terreno. Los dioses son materiales y territoriales.

Así pues, el nacimiento del Sol relacionado con el fenómeno del solsticio de invierno, que de acuerdo al calendario Juliano, éste sucede el 25 de diciembre. “El ritual de la navidad, como al parecer se realiza en Siria y en Egipto, era muy notable. Los celebrantes reunidos en capillas interiores, salían a media noche gritando. La Virgen ha parido ¡La luz está aumentando […] Sin duda en el solsticio hiemal, la Virgen que concebía y paría un hijo el 25 de diciembre era la gran diosa oriental que los semitas llamaron la Virgen Celeste o simplemente la Diosa Celestial; en los países semíticos era una forma de Astarté” (G. Frazer, 1992, p.414) Sin entrar en detalle cabe aclarar que, Atis, sufre la muerte y la resurrección en la fecha del 25 de marzo, coincidentemente con el equinoccio de primavera y que se relaciona, a su vez, con las Pascuas. Muchos cristianos celebraban la fiesta de la resurrección este mismo 25 de marzo. Las fechas que remiten a festividades religiosas del cristianismo primario tienen una fuerte relación conceptual como la virginidad de la Diosa Celeste, el nacimiento del dios Sol, así como también la muerte y resurrección del dios para beneficio del género humano.

La conciencia ha dictado al hombre su esencia inmaterial, su espíritu, mas la búsqueda perpetua del hombre tras el espíritu genera en sus más profundos pensamientos la idea de la trascendencia, la vida después de la muerte que dependerá, necesariamente de una figura divina. El imaginario colectivo de las religiones antiguas especula sobre diferentes espacios materiales así como la conservación de los cuerpos en el misterio de la muerte. En todas estas concepciones particulares los universales se recrean a partir de esencias como la virtud del alma, la purificación, los placeres del alma (intelectuales; inmateriales) por sobre los del cuerpo (la embriaguez, el sexo, la ingesta). Sin embargo la conservación de los cuerpos, que da origen a la práctica del embalsamamiento en las regiones de Egipto indica la intrínseca relación que tiene el cuerpo material en la región donde todos sirven al rey de los muertos, Osiris. “Los millares de tumbas esgrafiadas y pintadas que han sido abiertas en el valle del Nilo prueban que el misterio de la resurrección actuaba en beneficio de todos los egipcios que morían; como Osiris, muerto y resucitado de entre los muertos, del mismo modo esperaban todos rescatarse de la muerte a una vida eterna” (G. Frazer, 1992, p.423) Es importante resaltar de esta cita todos los egipcios que morían que se trata de un rescate comunitario; un rescate porque no se desarrollaba, como en el cristianismo, el concepto de la salvación. Este concepto en la teología cristiana fundamentada en san Agustín pero pregonada por los primeros cristianos, se realiza solamente bajo la esfera individual. Las categorías del perdón, el pecado, el arrepentimiento, el amor incondicional, -entre muchas otras de la misma naturaleza- establecidas por san Agustín en la primera teología cristiana y trabajadas también por santo Tomás en la escolástica, sin olvidar, por supuesto la esencia de los dogmas establecida las tablas de la ley de la tradición Judía, determinan finalmente, los dogmas o bien las leyes divinas para la salvación de cada uno de los hombres. Y es, en el Renacimiento, cuando junto con el humanismo se consolida la religión cristiana como la más poderosa de occidente y que no tardará mucho más en secularizarse… La única posibilidad de ser salvado es a través de Jesús-Cristo, el verbo hecho carne: la ley del ser supremo único y creador, en la voz (el espíritu) de su hijo Jesús, llamado también, hijo del hombre.

El nacimiento del sol es símbolo de una nueva oportunidad en la existencia de los hombres y sus comunidades, símbolo también de trascendencia y –en el caso del cristianismo- inmanencia de Dios en la tierra con el propósito de una salvación individual y con ello la vida eterna prometida. La concepción humana esencial sobre el nacimiento del sol cuando la luz comienza a crecer en el mundo de las religiones de occidente, es cuando el espíritu del hombre, con más fervor, celebra la vida, celebra su existencia y, agradece y ofrenda a su divinidad. Desde las miradas de todos los tiempos el espíritu humano marca, -calendariza- su camino a la trascendencia a partir de su cultura, su fe y sobre la necesidad deificadora que surge desde los recovecos más profundos de su espíritu.

5 comentarios sobre “El nacimiento del sol

  1. Me gustó mucho tu manera de unir distintas creencias religiosas, muy bueno, sin duda sería, una buena y extendida conversación, que daría mucho de si, con un rico café. Abrazo

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  2. Muchas gracias. Seguro extensa y muy enriquecedora la conversación con una poeta colega de fina pluma; y apuntalar con el café: exquisito. Abrazo y buenas ondas.

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  3. Gran reflexión. TE FELICITO. Sin duda la religión y el ser humano están estrechamente ligados. Dios y el hombre son una necesidad. En mi opiniòn una nesidad para ambos. ¿ Acaso existirìa Dios sin hombres?

    un saludo.

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  4. Muchas gracias. Complicadas y milenarias preguntas; casi hasta mentirosas preguntas… Quisiera ser recíproco y hacer mención del especial talento que otorgas al sitio: felicidades. Un saludo grande colega.

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