Encanto


Llego a verte, emocionada, nerviosa.

De inicio, no nos entendemos. Estás ofendido porque te he abandonado durante meses. No sólo ofendido, furioso. Puedo verlo en cada uno de tus movimientos.

Aunque no lo sepas, yo he soñado este instante todo el tiempo desde mi partida. Y he imaginado que escucho tu voz en la mitad de la noche, diciendo: «Ven».

Y he venido.

Me aparezco ante ti. Tú siempre estás ahí, esperando.

Echo una mirada a nuestro alrededor.

—Déjennos solos —digo a quienes nos rodean.

Y estamos solos, por fin. Yo sonriente, tú molesto. Yo caliente, tú demasiado frío.

Nuestras temperaturas chocan al principio. Pero igual me entrego. Y en un segundo ya estoy lista para ser tuya.

Siento como tu enojo se va disipando, y como mi nerviosismo se evapora a cada momento, en cada ocasión en que nos mecemos. Y lo nuestro se convierte —sí, como dicen— en una danza.

Me dejo guiar y tú llevas el ritmo. Yo sigo tus mandatos porque nunca hay forma de contradecirte. Y te temo siempre, en la misma medida en que te amo. Y danzo, y danzo, y danzo. Y amo.

Y entonces sé que se ha establecido el encanto. Que podría quedarme horas contigo, en ti. Sé que tú sabes el amor y el hechizo que ejerces en mí, y que vas a utilizarlo para no dejarme ir.

Oh, y claro que quiero permanecer para siempre en el encanto.

Pero es una ilusión. Ambos sabemos que no pertenezco. Como en la teoría de conjuntos que yo puedo recitar y que tú desconoces: no pertenezco. Quedarme contigo equivale a morir.

Y además escucho en mi mente otra llamada. Tú sabes bien que no eres mi único amante, que no puedes serlo. Yo debo volver.

Me doy unos momentos para disfrutar de nuestra danza, para saborearla antes de que me vaya. Para fascinarme en tu sabor a sal y mi humedad, en tu pasión y mi vulnerabilidad.

Respiro fuerte. Y me decido.

—Te amo —afirmo convencida. Y eso te suena a una despedida.

No quieres que me marche, lo sé. Vuelve tu furia. Me abrazas más fuerte y me azotas en la danza, en el amor. Me fustigas con látigos en el baile, en el borde del amor.

Y yo disfruto. Pero también pienso en la teoría de conjuntos. En la muerte. Y también lo disfruto.

Pero no.

¡No!

Así que, tras la cima, reagrupo mis fuerzas. Respiro, respiro, respiro. Recupero mi cuerpo. Me alejo. Ahora, de pie. Ahora ya, caminando. A pasos pequeños, despacio. Y me alejo.

Pero antes de perderme, te mando un beso y te digo sin voz, para que leas solo mis labios: «Te amo. Y volveré, volveré, volveré».

Fotografía: Crissanta

Fotografía: Crissanta

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22 pensamientos en “Encanto

  1. Bellísimo relato. Te felicito. Está lleno de erotismo y amor. Me encanta ese comienzo confuso y como va cogiendo ritmo según va progresando el texto. Ay el mar. Como dijo Rafael Alberti en un poema:
    El mar. La mar.
    El mar. ¡Solo la mar!
    ¿Por qué me trajiste, padre,
    a la ciudad?
    ¿Por qué me desenterraste
    del mar?
    En sueños, la marejada
    me tira del corazón.
    Se lo quisiera llevar.
    Padre, ¿por qué me trajiste
    aca?

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    • Mis más humildes gracias por tus palabras. Oh dios que hermoso poema. Gracias por mostrármelo. Así, así me siento, asi siento la llamada y cuando estoy alli, bueno ya lo he dicho arriba.. Saludos y oh, úrgeme hablar contigo, Manuel (¿?) 😦 no se como contactarte. Saludos!

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  2. Me engañaste como tres veces durante mi lectura de tu escrito. Wow! Me ha encantado! ¿Quién pensaría que el mar podría inspirar esto? Bravo, creo que hace poco conocí un mar así… pero se evaporó en dos segundos… 🙂 bellísimo!

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  3. Pingback: Favoritos de Salto al reverso (31) | Salto al reverso

  4. Un cuento que se entiende todo a la primera leída nunca puede ser un buen cuento… y éste me tomó dos bastante exhaustivas. Es increíble el sentido que cobra cada expresión la segunda vez que se lee. De todas, me quedo con ésta como mi favorita: “Y te temo siempre, en la misma medida en que te amo”. Excelente amiga, lo mejor de la semana!

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    • Gracias, Juan, me da gusto haber cumplido mi objetivo. Temer en la misma medida en que se ama puede aplicarse al mar, puede aplicarse a un amante, puede aplicarse a tantas otras cosas, como estos dobles sentidos, en todo. Un abrazo.

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  5. Fabuloso, Carla. Como dice Chavsky, la segunda vez es cuando lo he disfrutado a lo grande. Confieso que también a mí me has engañado, y cuando he entendido el sentido menos evidente es cuando me he dado cuenta de lo buenísimo que es tu relato. ¡Felicidades!

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  8. “Oh, y claro que quiero permanecer para siempre en el encanto.

    Pero es una ilusión. Ambos sabemos que no pertenezco. Como en la teoría de conjuntos que yo puedo recitar y que tú desconoces: no pertenezco. Quedarme contigo equivale a morir.”

    Quedarme contigo equivale a morir… y aún así la pulsión de muerte lo lleva a uno buscar eso que quita vida en lugar de darla. Brillante la comparación de la teoría de conjuntos. En mi filosofía personal yo lo llamo “alergia” (ya sea a experiencias o personas). Cuando uno gusta de algo a lo que es alérgico, solo quedan dos opciones: o morir por la necedad de seguir probando, o renunciar a ello sin más.

    “Y yo disfruto. Pero también pienso en la teoría de conjuntos. En la muerte. Y también lo disfruto.

    Pero no.

    ¡No!”

    Esa sensación de no pertenecer a eso que se disfruta, esa sensación parecida a la culpa por no quedarse. Como una contradicción: quiero el encanto, pero si me quedo muero. Es un encanto envenenado.

    “Y además escucho en mi mente otra llamada. Tú sabes bien que no eres mi único amante, que no puedes serlo. Yo debo volver.”

    Una forma muy poética de presentar las extrañas interacciones que se dan entre amantes.

    Le gusta a 1 persona

  9. Pingback: Dos obras por Crissanta | SALTO AL REVERSO

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