Charcos de gente (haiku y crónica en Nueva York)


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Charcos de nubes,
tan grises las aceras
como el cielo.

Septiembre de 2010. La ciudad de Nueva York huele a pan quemado, a azúcar y a salchicha recalentada, se puede almorzar por muy poco pero una manzana es un artículo de lujo. Entre las ardillas de un pequeño parque, en una plaza junto al puente de Brooklyn, anidaban también las ratas, y en la séptima avenida, un niño bailaba para cualquiera a cambio de unas pocas monedas; nosotros hicimos trampas para entrar al Moma por el mismo dinero. Nos extorsionaron con los trazos de un bolígrafo color rojo en la cuenta de un restaurante, por asegurarse la propina adecuada, y un extraño quiso mostrarme cierto malestar por la mano de fátima que yo llevaba colgada al cuello. Tan abrumados por las luces, saludamos al público desde una pantalla gigante  en Time Square. En la azotea del Rockefeller Center había cristales para que nadie pudiera saltar al vacío, pero había también unos pocos escalones más, a prueba de suicidas, y una panorámica aún más impresionante que la anterior. Aunque nunca nos cruzáramos con Woody Allen, casi protagonizamos alguna de sus películas paseando por Central Park, e hicimos nuestra visita a los grandes en el museo Metropolitano, más arriba, pasado el zoológico. Al llegar la noche, dos gorilas se llevaron al borracho que molestaba a los músicos y al resto de la clientela, durante un concierto de jazz en el Blue Smoke, y luego nos tomamos un par de mojitos por Greenwich Village antes de volver a nuestro hotel junto al Madison Square Garden. El barrio chino devoraba al italiano y la mejor música la escuchamos durante una misa en Harlem. Gracias a aquella fotografía, que tomamos desde el ferry, recordaremos siempre como se asomaba hacia nosotros entre grises nubarrones la estatua de la libertad (era más pequeña desde aquella perspectiva, parecía que pidiera auxilio). Por supuesto que nos gustaría volver, ¿quién no querría un poco más?

-EJC (Entre Castillo y Castroviejo)

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8 pensamientos en “Charcos de gente (haiku y crónica en Nueva York)

  1. Buenos días Eduardo:
    Ayer como iba con prisa sólo ley el haiku que sabes me encantan, hoy vuelvo a leer esta crónica de Nueva York y me voy impresionada y feliz ya que me has trasladado a esa maravillosa ciudad de mis sueños, lo has descrito también que me vi allí en ese parque comiendo una manzana. Que bonito es soñar verdad?
    Un besazo de viernes maestro.

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    • Una semana pasamos allí y volvería sin dudarlo, me alegro que te haya gustado la visita rápida. La verdad es que hemos visto esta ciudad tantas veces, en la tele, en el cine o en la literatura, que no creo que a nadie allí pueda parecerle la primera vez. Un besote de viernes, Gaviota. Y gracias como siempre por tus comentarios.

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