Soy el Presidente


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por Reynaldo R. Alegría

 

El Presidente es un hombre fascinante.

Inteligente.  Guapo.  Culto.  Con unos modales deliciosos.  Y un carisma peligroso para una mujer, aunque fuera tan fuerte como yo.

La democracia de nuestra nación andaba frágil y teníamos la convicción de que esa noche, al término del conteo, habríamos de prevalecer cómodamente contra el hombre que nos había arrebatado la Presidencia burdamente.  El Pueblo estaba con nosotros.

El poder embriaga.  Aún sin tenerlo en tus manos.  Si está cerca, emborracha.

La campaña había sido dura.  Pero alegre.  Divertida.  Con poca plata y muchas ganas.  Yo había caído rendida ante ese hombre.  Al que nunca hemos dejado de llamar Presidente.  A pesar de mí.

Mi trabajo con él fue intenso.  Y sabernos enamorados lo hacía todo más intenso.  Al menos así lo entiendo hoy.  Aunque nunca nos tocamos.

El día de la elección fue largo.  Terminada la jornada para mí quedaba claro que no habíamos prevalecido.  A pesar de que siempre se le dice lo mismo a los seguidores.  Hasta que se cuente el último voto.

Sin huestes en los cuarteles.  Sin más aplausos.  Ni vítores.  Sin luces.  Ni periodistas.  Y a cada minuto más embriagado del poder, me pidió algo inesperado.

— ¿Tienes llaves de la casa de campo de tu familia de la que te escucho hablar tanto?

—Sí, Señor Presidente.

—Vámonos en tu auto.

Adormecido por el poder y por el cannabis que ahora fumada sin recato mientras yo conducía, el Presidente reclamaba lo suyo.

—Yo gané.  Soy el Presidente.

Llegamos temprano a la casita.  Con el sol en la cara.  Y yo con una carga que no sabía controlar.  Por los próximos dos días le escuché sus quejas y reproches.

—Yo gané.  Soy el Presidente.

Tomó café muy dulce.  Y vodka sola.  Con hielo.  Fumó pasto.  No se rasuró.

Estaba malditamente embriagado.  De poder.

Al tercer día se levantó temprano.  Escribió.  Tomó café negro sin azúcar.  Escribió.  No tomó vodka con hielo.  Escribió.  No fumó más pasto.  Escribió.  Tomó un baño largo.  Al mediodía partimos de regreso a la ciudad.

Frente a la prensa, el Presidente habló fuerte.  Graciosos.  Carismático.  Aceptó el resultado.  Informó que ese día empezaba nuevamente la campana.

—Después de todo yo gané —dijo.  Soy el Presidente.

 

An Officer Blowing a Trumpet, Anthoine Palamedes, Public domain work of art.

 

2 comentarios sobre “Soy el Presidente

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