Habían hecho el amor 19 veces


Muddy slope near Brock University Niagara Escarpment By Brent Gilliard

por Reynaldo R. Alegría

Cuando Isabela decidió volver con Manolo  no lo hizo por sexo.

Manolo era un hombre espectacular.  Inteligente.  Exitoso.  Ateo y asexual.

Ella era una belleza.  Guapa.  Menudita.  Apasionada.  Erótica.

Habían pasado 20 años desde que tuvieron aquella conversación.

—Soy asexual, Isabela.

—¡Manolo, por Dios!

—¡Jajajaja!

—¿No te gusto?

—¡Me fascinas, princesa!  Pero no tengo ese interés.

—¡Llevamos saliendo tres meses y no me has tocado un dedo!  Excepto que seas maricón, tendrás que complacerme el día de mi cumpleaños.

—¡Te lo prometo!  Te lo juro por lo más alto, jajaja.  Así será siempre.

La última vez que hicieron el amor, Isabela decidió terminar con Manolo.  Era insólito para ella andar con un hombre con el que se acostara solamente una vez al año.

Ahora, casi un año después y al acercarse nuevamente el cumpleaños de ella, él la invitaba a un viaje soñado por ambos.  Cruzarían la frontera a Canadá en auto, después de un viaje que iniciaría en el Lago Pontchartrain en Louisiana y que culminaría en la Península del Niágara donde él asistiría a la Conferencia Magistral que dictaría el Dr. Anthony Bogaert en Brock University ubicada en las pendientes del Niágara en Ontario.  Más que la tentación propia del viaje, las ganas que ella tenía de hablar con Manolo en persona, no por teléfono como todos los lunes, y el plan permanente de la seducción, la movieron a aceptar la propuesta.  Quería tanto a Manolo.

—¿Celebrar mi cumple en el Niágara?  ¡Acepto!

Habían hecho el amor 19 veces.  Solamente 19 veces.  Ni una más, ni una menos.  Cada cumpleaños de ella hicieron el amor.  Y siempre fue bueno.  Muy bueno.  Pero ella necesitaba más.  Su cuerpo le pedía la atención de él.  No la de cualquiera.  Y lo había intentado todo.  Vestidos bellos de telas suaves como le gustaban a él, que le definían sus caderas y sus senos.  Prendas y accesorios de colores.  Olores.  Movimientos.  Lo había embriagado con los mejores espíritus, los líquidos y los sólidos.  Con los mejores vinos y los mejores sacrificios preparados por su padrino en la religión.  ¡Iboru Iboya, Ibosheshe!  Amaba a aquél hombre, pero no podía generar en él ese interés erótico que ella necesitaba.

Por eso ella lo dejó.  Escogió entre tener sexo y tener un compañero.  Y era bueno el sexo.  Pero no suficiente.  Y  como no podía estar con dos hombres a la vez, dejó al hombre y regresó con el compañero.  Aunque fuera solo por unos días.  Aunque la promesa de solo un día no se hubiese concretado.  A riesgo de hacer el ridículo con ella misma, como solía decirse frente al espejo.

El día de su cumpleaños, un viernes, acudieron a la conferencia del doctor Bogaert, un experto investigador en la Psicología Social y la personalidad.  Y en el comportamiento interpersonal y la sexualidad humana.  Su libro publicado en 2012, Understanding Asexuality, sostenía que la asexualidad era consideraba por algunos como una cuarta orientación sexual.  Eso le daba gracia a Manolo.  Él era heterosexual, eso para él estaba claro.  Allí, Isabela escuchó de los labios del famoso profesor las conclusiones más alocadas sobre el temita este que tanto le jodía el entendimiento.

—Estimo que el 1% de los británicos son asexuales, dijo el profesor.

—Claro, si son aburridísimos, balbuceó ella.

—En promedio, una persona asexual tiene menos parejas sexuales que una persona que no lo es.

—Jajajajaja… ¡qué diga algo que no sepamos!

—Es más típica la asexualidad entre mujeres, pobres, no blancas y con poca escolaridad.

—¡Quedé bruta!

—Los asexuales, en promedio, asisten más a servicios religiosos que los sexuales.

—¡Igual que tú, Manolo!

—¡Carajos, déjame escuchar!  —dijo Manolo.

Terminada la conferencia, Manolo se acercó al profesor como los feligreses se acercan al sacerdote al terminar la Misa.  Intercambiaron correos electrónicos y se despidieron con gran amabilidad.

—Princesa, es tu cumpleaños.  ¡Hagamos el amor!

Foto: Muddy slope near Brock University on the Niagara Escarpment by Brent Gilliard.

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10 pensamientos en “Habían hecho el amor 19 veces

  1. Mi problema con tus historias es que me consiguen enganchar demasiado, incluso ya sólo con sus títulos. Y siempre me siento un poco timada. ¿De dónde vienen ellos?¿Cómo siguen? ¿Qué les sucede?. Cuando termino de leerlas soy un poco más huérfana y supongo que muy a mi pesar, eso es bueno (muy bueno).

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  2. Pingback: Elige un salto | SALTO AL REVERSO

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