Ignacio y el sexto sentido


English Ouija Board por Mijail0711

por Reynaldo R. Alegría

Cuando Ignacio cruzó a recoger su correspondencia en el Correo General de Hato Rey toda la calle estaba limpia.

Había repasado miles de veces el incidente y siempre los hechos y los detalles particulares eran los mismos.  La corta calle entre el Cuartel General de la Policía y el Correo era de unos 15 metros.  La calle estaba vacía.  No había gente ni autos cerca.  A su izquierda, a unos 250 metros divisó un auto que le pareció negro o gris oscuro y pequeño.  Entonces… en segundos… sin verlo, sin tocarlo, sin oírlo, sin olerlo y sin probarlo, tuvo la imagen en su mente de que un auto lo embestía mientras cruzaba la calle.  Detuvo urgente su paso y de repente, de la nada, en menos de 2 segundos, sintió cómo un auto le pasó por el frente a gran velocidad y cierto vaporizo rozó su rodilla izquierda.

—¡Cuidado! —gritó una mujer a la que escuchó pero no recuerda haberla visto.

Con el corazón en la garganta llegó hasta la estación de correos y a su mente vino la imagen de Lourdes, una mujer con la que había estudiado en la universidad hacía 20 años.  Justo al entrar a la oficina un fuerte olor a sándalo se apropió de él y se encontró con ella de frente.

—¡Carajos!

—¿Tan fea estoy?

—¡No, chica!  Es que me emocionó verte —dijo para no admitir que la tenía justo en su mente en ese momento.

Aturdido y angustiado por lo que ocurría regresó de vuelta a su oficina tratando de entender y decodificar los eventos ocurridos.  En realidad no era la primera vez que Ignacio advertía las cosas antes que ocurrieran, algunas las imaginaba, las veía estando despierto; otras las soñaba y otras, las más que lo embrujaban, las olía y las saboreaba y hasta lo tocaban.

Con su formación académica, a él le parecía insólito el asunto este de las visiones o premoniciones y de los olores y los sabores que solamente él percibía; o de una mano que a veces lo tocaba.  Hurgó en lecturas esotéricas, místicas y de parasicología, para convencerse —si es que ello era posible— de que la suya era una experiencia de naturaleza espiritual que trascendía lo físico y material.  El problema, más allá de su ateísmo, es que era algo que no podía controlar y él necesitaba controlarlo todo.  ¿Por qué las visiones eran en blanco y negro?  ¿Por qué no podía diferenciar una visión real de una que era una mera imaginación?  ¿Por qué no podía advertir cuándo era una buena visión y una mala?  ¿Qué significaba sentir un sabor dulce en su boca estando en ayuna?  ¿O ese horrible olor a orina cuando entraba a cierta área de su cocina?  ¿Esas campanadas que escuchaba de madrugada?  ¿La mano que se posaba sobre su cabeza?  ¿Cómo era posible ver, oler, saborear, ser tocado, escuchar, sin que nada fuera real?

Había un sexto sentido en la mente.  Eso era lo más que se atrevía a aceptar, lo que obviamente era un asunto grave de fe: aceptar como real lo que cualquiera calificaría de imaginario.

—Usted tiene que trabajar la obra —le dijo una clienta que le regaló una gran piedra de cuarzo.

—¿La obra?  ¿De qué me habla doña Ana?

—Busque y hallará.

Fue por eso que Ignacio inició contacto conmigo.  Desde hace un tiempo me cuenta sus cosas.  Hemos hecho tal amistad, que ya sobran las palabras entre nosotros para comunicarnos.  Esta mañana me contó que anoche su padre fue a visitarlo de nuevo mientras dormía.  Según me explica, desde que su padre murió hace 18 años ocasionalmente lo visita mientras duerme.  Usualmente llega sin abrir la puerta, él lo sabe porque siente su presencia.  Entonces el padre se echa en la cama a su lado.  Nunca le habla, solamente lo acompaña.  Solamente una vez lo tocó; le puso las manos sobre la cabeza.  La presencia de su padre lo ayuda a tomar decisiones, a entender las cosas y a relajarse.

Yo le creo.  Yo sé que Ignacio dice la verdad, pues su padre me lo confirmó anoche.

Foto: English Ouija Board por Mijail0711.

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