¡Feliz Año 2015!


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por Reynaldo R. Alegría

Cuando apenas faltaban tres días para terminar el año, don Julián sabía que estaba obligado a pasar revista.  Acostumbrado desde niño a tener que rendir cuentas en enero al comienzo del curso escolar, se impuso siempre la tarea de recordar.

Ahora que tenía edad y algo de sabiduría escogía el carácter del aviso que daría a su memoria.  Hacía un tiempo que Sacha, una amante furtiva y bella que tuvo una noche por solamente unas horas, le había retado el recuerdo pidiéndole que le revelara la manera en que podía sentir la intensidad sexual de una mujer.  Con exceso de palabras y poca oportunidad para decantarlas en los 140 caracteres que imponía la modernidad, prefirió hacer una entrada a su diario, un cuaderno de papeles hechos a mano con cubierta en piel, que había comprado en un viaje a New York y que reservaba para contar aquellas cosas que le gustaría que sus hijos leyesen algún día, cuando él faltase y tuviese —desde algún lugar— algo que decirles.  Entonces escribió:

Hay cuatro cosas fundamentales que revelan la intensidad sexual de una mujer, la mirada, el tono de la voz, la boca y las manos; y son tan poderosas y dramáticas que si aprendes a observarlas y decodificarlas podrás advertir a tu amante.  Claro está, siempre a riesgo de que la arrogancia te nuble el entendimiento y seas tú el observado, analizado y decodificado, como tantas veces me ha pasado.

Con el tiempo se aprende a mirar los gestos y obviar los mensajes expresos.  Se descubre que los ojos sonríen, que la voz toca, que la boca mira y que las manos hablan.  Siempre hay gestos importantes, demasiado importantes como para obviarlos, la impaciente mujer que se frota las manos; la chica interesada que no puede evitar inclinar la cabeza hacia adelante, la mujer insegura que se muerde las uñas.  Pero hay más que eso, mucho más.  La mirada fija y que nada esconde brilla cuando una mujer te quiere hacer el amor; la voz que pulula entre el susurro y el grito cuando la amante es apasionada; la boca y los labios que saborean las ganas del sexo rudo y las manos que te dicen cuándo te quieren acariciar.

Entonces repasó.  La mirada de Sacha era brillante, sus ojos oscuros sobre un campo intenso del color de la nieve gritaban lujuria y pasión; las blancas manos de Aliana bailaban al aire y rogaban sexo interminable y sin interrupción; la ronca voz de Mabel exigía carne con carne, piel que estruja piel; y los carnosos labios de Alice que gritaban a los cuatro vientos clamando la más impura, deliciosa y descontrolada de las pasiones.

Meditó.  Estaba listo para despedir el año y para recibir a Sacha.

¡Feliz Año 2015!

Foto por :AmitNamdeo100, http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0

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