Confesión


Ayer perdí la respiración por unos minutos. Creí que era un ataque cardiaco. No me atreví a llamar a nadie. Salí desorientado al balcón. Miré al cielo. La noche se había tragado la luna y las estrellas. Pensé que moriría sin tener la oportunidad de pedirte perdón. Perdón, sí,  como lo oyes, por no atrever a decirte lo mucho que te amo. Y ahora todo está oscuro, en silencio. Extraño el ruido de tus besos, tu olor, las cosquillas de tu barba en las mañanas. Estas lágrimas no son suficientes para sanar mi dolor. Fui un ingrato. La prisa, los fantasmas, los miedos y mi obstinada hombría no me dejaron disfrutar tu dulzura, tu sensibilidad.

Sé que muy pronto nos reencontraremos. Espero que me des la oportunidad de mirarte, de tocarte, de sentirte de nuevo. No tengo idea si hoy es el día de mi muerte. Pero de serlo, en el cielo, mi querido padre, nos volveremos a tocar los corazones. Pues también me criaste como tú, un ser humano digno… bueno.

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13 pensamientos en “Confesión

  1. Encantador y mágico, Edwin.
    Se siente tal y como lo (des)cribiste, aunque tales circunstancias emocionales podrían ser, en muchas ocasiones, adaptables a otras pérdidas…
    Un saludo y un abrazo 🙂

    Le gusta a 1 persona

  2. Pingback: Elige un salto | SALTO AL REVERSO

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