La hora de las puertas


Te veo en la imponencia salvaje
que son los domingos sin plan
mientras pasas por delante
con ese ropaje cavernario de pijama laxo,
que en el descolgado sutil del tobillo,
aspira eléctrico cualquier mota, brizna
o ceniza estática y camaleónica
que disfrutase de la paz nerviosa
que infunden los gigantes
en el mundo de las baldosas.

Y es terrorismo poético ante tal estampa,
hablarles de los pomos de las puertas.

Pero no esos que parecen
planetas de plastilina,
sino aquellos otros
que son una ele mayúscula descansando,
y que con la edad, como los hombres,
van rindiéndose a la leve
falta de verticalidad que termina
es la distensión ligera y artrítica
de la sujeción que los mantiene con vida.

Esos pomos se atreven con lo de nadie,
el intento en hacer de un santiamén
un brevísimo instante largo,
para que no pases tan rápido,
la puertas también quieren quitarte el jersey.

– Enrique Urbano. 

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