El corazón de las hormigas


Si por un momento y a la vez,
el uno con el otro y los dos,
en algún mundo suburbano
nos viéramos coincidiendo
en este o en aquel espacio
de la más inmensa nada
del gran señor don nadie,
y bandoleando por la sierra
en total alegalidad
con la ley de las sillas,
tuviéramos al tiempo para discutir,
podríamos hablar de todo,
hasta del corazón de las hormigas.

Por eso yo nunca
terminaré escribiendo poesía,
odio la mermelada del vocabulario,
la sociedad que son las letras,
y no entiendo ni quiero entender
la rima a lágrima viva
del pobre alfabeto.

Y ni se acerquen las sílabas
a recordarme un punto
ni el hambre de una coma,
cómo voy a estar predicando poesía
si no sé qué carajo es un sintagma nominal.

Pero he aquí lo magnánimo
de nuestra suerte nunca normal,
los dos somos
tan poderosamente minúsculos
que tú puedes seguir siendo tú,
y yo no podría ser hierba de jardín.

Ni más afortunado ciudadano
en el mundo despistado
de tus dudas en las diéresis.

– Enrique Urbano.

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3 pensamientos en “El corazón de las hormigas

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