A la casa de mis padres


Hoy es domingo y visitaré a mis padres. A mamá le gusta que me ponga bonita, así es que me pondré el traje amarillo y los zapatos blancos que compré el otro día para la fiesta de la universidad. Eso sí. No usaré mucho maquillaje porque a ella no le gusta. Dice que parezco una máscara de carnaval. Ya estoy lista. Caminaré un poco hasta la parada de autobuses a esperar el que me lleva al barrio. Hoy siento una gran alegría de saber que voy a verlos a pesar de que los vi el domingo pasado. Este autobús está todo sucio, espero no ensuciarme el traje. ¡Qué manía de la gente de poner los zapatos sucios en los asientos! Bueno, este está mejor. ¿Cómo estará papá? La última vez no se sentía muy bien. Espero que hoy se sienta mejor. Estoy llegando. Le diré al conductor.

Está tan bonita la casa de mis padres pintada de blanco y de rosado. Papá la construyó de madera de roble para que durara muchos años. Y así ha sido. Mamá cuida sus rosales con tanto esmero y papá siempre tiene el jardín cortadito y sin matojos. Las canastas colgando siempre están florecidas de azucenas que embriagan con su olor toda la casa. Me gusta mirarla desde el frente. Sin cruzar la calle. Me gusta mirar el balcón que la rodea y en el que corrí tanto con mis hermanas peleando por las muñecas. Ahora todas están casadas y yo me fui a la universidad. Papá y mamá se quedaron solos. Cruzo la calle y subo las escaleras del balcón. Abro suavemente la puerta.

—¡Mamá! —digo alegremente. Y ella me abraza con cariño.

Me ofrece enseguida una sopa de pollo de esas ricas que solo ella sabe hacer. Yo le digo que por supuesto la quiero. ¿Qué otra cosa más pudiera desear yo en el mundo más que esas sopas de pollo? Miré hacia el sofá y allí estaba mi padre sentadito y como siempre en silencio esperando su turno para mis mimos. Yo me acerqué y me arrodillé frente a él y le pedí la bendición.

—Padre, ¡qué mucho te he extrañado! —le dije. Él sonrió y puso sus manos sobre mi cabeza y la acarició como cuando yo era niña. ¡Qué sensación de seguridad me da mi padre! Así pasé un rato con mi cabeza sobre sus piernas disfrutando de la paz de estar en la casa de mis padres.

—Amina… ven conmigo —alguien me agarra del brazo y me saca de la casa de mis padres—. Otra vez te escapaste… Rosa, gracias por llamar.

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5 pensamientos en “A la casa de mis padres

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