Engañada a los 65 años


Ni una gota de leche en sus senos,
ni rastros de lágrimas
en sus pezones ajados,
no hay rocío que moje la esperanza
y se agotan las probabilidades,
todas, una a una,
postergado regreso
a un cupido traicionado.

No hay secreciones eróticas
en su recuerdo, para excitar
un cuerpo resquebrajado
o lamer sus labios secos
ni lluvias que inunden
sus zonas erógenas,
arrugas mitológicas,
transparentes,
dolorosas,
como caminos abandonados,
como un virgen desierto,
es esta interrupción no deseada,
de una añorada pubertad,
huérfana, violada

Ni una gota de saliva para
regar esa vulva sedienta,
que grita,
con múltiples ecos en silencio,
por esta maldita
sequia de sueños…

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11 pensamientos en “Engañada a los 65 años

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