Cansado de esperarla


Ella está detrás de la puerta. Tan callada como siempre. Logro sentir el calor de su aliento. Y esas gotas condensadas sobre la superficie me trastornan. ¿Acaso es el sudor nervioso que se cuela a través de las rendijas de la madera vieja? ¿Lágrimas? No, no la creo capaz de llorar. Mucho menos que se arrepienta después de tanto provocarme. Solo escucho el eco del silencio. Ese que la distingue de las otras. Toco el picaporte enmohecido. Está aún más frio que mis manos arrugadas. Mis dedos bañados de gasolina se resbalan al tratar de abrir la aldaba. Ni una palabra, ni un suspiro. El temblor de mi cuerpo oxidado no deja que prenda el fósforo. Otro intento fallido, seguiré postergando mi suicidio. Mañana cumplo noventa, y esta es la segunda vez que fracaso en menos de dos meses. A la tercera, será la vencida. Quizás pueda abrir la puerta y encontrarme con ella frente a frente.

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