La cooperante (XIII)


La cooperante - Benjamín Recacha García

Si quieres, aquí puedes leer la duodécima entrega de la serie.

Laia notaba la respiración rabiosa del hombre. Sabía que si no la había matado aún era porque su única opción de sobrevivir pasaba por no apretar el gatillo. Robredo le apuntaba a unos cinco metros de distancia. Era un blanco fácil para él, pero en la noche cerrada incluso el francotirador más certero podía desviarse unos centímetros y acertar en la cabeza equivocada.

La tenía apresada con el brazo alrededor del cuello y le hacía daño. Debía odiarla por haber tenido la osadía de reventarle la nariz, y se lo demostraba presionando cada vez con más fuerza con el cañón de la pistola en la sien. Parecía que quisiera agujerearle el cráneo sin necesidad de disparar.

Jadeaba ruidosamente y el aliento le apestaba a perros muertos. “Robredo, por Dios, haz algo ya”, suplicaba Laia en su mente.

—¡Tira el arma y lárgate de aquí! —gritó el matón, en un tono que sonó más asustado que amenazante.

—Debes estar de broma —respondió Robredo, que se tomó su tiempo antes de proseguir. Laia notaba en su cuello la sangre pegajosa, mezclada con un sudor frío, del rostro del mercenario. También le sudaban las manos—. Te diré lo que vamos a hacer. Vas a soltar a la chica, vas a lanzarme la pistola y te vas a alejar muy despacio, sin dejar de mirarme, hasta que ella esté a salvo conmigo. Te prometo que esa es la única opción que tienes de conservar la vida.

El agente del CNI apretó la presa sobre el cuello de la muchacha y la presión de la pistola en la sien. El dolor se estaba volviendo insoportable y no pudo reprimir un grito que surgió ahogado por la dificultad para respirar. Laia empezó a llorar.

—Estás agotando mi paciencia. Tienes diez segundos para acabar de decidirte.

Robredo estaba dispuesto a correr el riesgo de disparar.

—Puta —susurró el matón en el oído de su presa—. Pronto acabaré contigo, muy lentamente… —completó, al tiempo que aflojaba la presa y lanzaba la pistola a los pies del maldito agente Bond. Finalmente, acabó retirándose poco a poco, no sin antes obsequiar a la cooperante con un asqueroso escupitajo sanguinolento en el cuello.

Laia se lanzó a los brazos de su salvador, llorando a moco tendido, liberando así la presión acumulada durante tantos días.

—Ya está, pequeña, ya pasó todo.

Era reconfortante sentir aquel cuerpo aparentemente frágil abrazado a él. Nunca antes había imaginado que el cariño de una persona agradecida podía llegar a ser más satisfactorio que un sobre lleno de billetes. Sólo que esta vez también habría billetes, muchos.

……………………………………………

A aquella hora de la madrugada la policía y la gendarmería francesa estarían a punto de dar con el ministro de Defensa. Era el momento de ofrecer la exclusiva. El mejor estreno posible para el nuevo diario digital ‘Deep Throat’. De momento, poco más que un blog personal, pero Luis muy pronto pondría en marcha los muchos planes que tenía para acabar construyendo un prestigioso medio de referencia.

Cuando cientos de webs, emisoras de radio y televisión se hicieron eco del nuevo bombazo informativo, el ministro del Interior ya se hallaba en Marruecos, besando la cruz del rosario y la estampa de la madre de Dios a la que tanto debía. Su homólogo marroquí lo había preparado todo para que su retiro “espiritual” fuera anónimo y placentero. Un maletín lleno de billetes era siempre un obsequio bien recibido, muestra inequívoca de respeto y amistad profundos.

El presidente por nada del mundo iba a perderse el partido de Champions. El Madrid tenía que remontar el 2 a 0 de la ida para clasificarse, así que pensaba aislarse en su despacho de la Moncloa y desconectarse del mundo. La Moncloa… qué hogar tan fabuloso, qué a gusto estaba, aunque ahora se sentía tan solo… La había llamado, varias veces cada día desde que lo abandonó. Estaba dispuesto a perdonarla. Cuánto la echaba de menos. No entendía por qué tenía el móvil siempre desconectado… Corrían rumores de que tendría que dimitir. “Inshidiash”. Los envidiosos y los oportunistas no dudaban en querer aprovechar el mínimo signo de debilidad, pero él no iba a abandonar, por mucho que el gallinero estuviera revuelto como nunca, y más con la aparición de Pedro, su leal ministro de Defensa. Sentía cierta inquietud por lo que fuera a declarar, pero… ahora tocaba disfrutar de su Madrid.

El Conseguidor actualizaba la página de banca on line de forma compulsiva, esperando ver aparecer reflejada la transferencia de los sesenta millones. Crecía su impaciencia al mismo ritmo que lo hacía el deseo de pulsar el botón que haría despegar el misil que apuntaba a Madrid. Demasiada gente le estaba faltando al respeto y ya era hora de dar un escarmiento que dejara claro quién tenía la sartén por el mango. Apretó F5 una vez más y… ahí estaba. El misil esperaría.

Ruipérez estaba asustado, pero también aliviado. El agente Robredo le había garantizado que nadie iría a por él una vez le entregara los códigos. El presidente acabaría entre rejas y el ministro de Defensa, que tardó dos segundos en revelar los suyos cuando el Conseguidor le metió el cañón de un Magnum 44 en la boca, le acompañaría. “Llegué a apreciarte —le aseguró Robredo durante la conversación telefónica. Era el mejor, no cabía duda. Ningún otro habría logrado localizarlo tan pronto, en aquel cuchitril de mala muerte de Manila—, por eso te voy a dejar una pequeña propina para que vayas tirando”. Doscientos mil dólares, desde luego, le ayudarían a borrar la memoria para empezar de nuevo.

……………………………………………

—¿Adónde me llevas? —Laia esperaba en la sala de embarque hojeando una revista como quien pasa las páginas de una guía telefónica. Junto a ella, Robredo, que no le dejaba levantarse para ver las pantallas donde anunciaban los vuelos, leía con aparente atención la novela que había comprado unos minutos antes.

—Tú relájate y no te preocupes por nada. Te prometo que te va a gustar —respondió sin apartar la mirada, oculta tras unas curiosas gafas redondas, del libro.

Laia dejó la revista y se centró en su nuevo aspecto. Se sentía limpia con aquella ropa nueva, una falda larga floreada y una blusa blanca de tirantes. Le encantaba aquel blanco reluciente, llevaba tanto tiempo vistiendo harapos sucios y malolientes… Le costaría más acostumbrarse al nuevo corte de pelo. Robredo le insistió en la urgencia de cambiar de look, deshacerse de aquella melena morena que la delataba. Aunque estuvieran en Francia, no tenía dudas de que seguían buscándolos. Además, no se fiaba lo más mínimo del Conseguidor. Así que allí estaba Laia, rememorando una y otra vez la imagen de aquella chica de pelo cortísimo, teñido de blanco, que le devolvía el espejo de la peluquería parisina donde había experimentado la metamorfosis. Se fijó entonces en su acompañante y no pudo reprimir una risita burlona.

—¿De qué te ríes? —El ex agente Bond ahora sí que apartó la vista del libro.

—Perdona, es que estás muy gracioso con esas gafas y el gorrito.

—¿Y qué te parece la perilla? No me dirás que no paso por uno de esos bohemios modernos, de vuelta de todo. Eso sí, con los bolsillos bien llenos.

—Desde luego. —Laia seguía repasándolo de arriba abajo, divertida. Lo mejor de todo era el chaleco—. Estás hasta mono.

—Todavía no me conoces. Te advierto de que tengo mucho tirón entre las mujeres.

—Seguro que sí… Pero ¿me vas a decir de una vez adónde vamos?

Robredo sonrió. Hacía mucho tiempo que no sentía el placer de estar dirigiendo su vida.

—Enseguida lo sabrás.

Continuará…

Faltan dos capítulos para completar La cooperante, pero si no puedes esperar sólo tienes que suscribirte a la lista de correo de ‘la recacha’, mi blog, y podrás descargar la historia completa.

Anuncios

2 pensamientos en “La cooperante (XIII)

  1. Pingback: La cooperante (XIV) | SALTO AL REVERSO

Somos una comunidad, comenta y responde

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s