El hilo rojo II


 

Comienzo a tirar del hilo

y lo hago muy suavemente.

No quiero que se me parta

cuando lo tenga en mi frente.

El hilo se va oscureciendo

cambia de color y forma.

Parece que al final estaré de suerte.

¡Parece que se me acerca!

La bota no está tan vieja.

“Me acercaré a mi emparejada”, ­ dice.

“Encuentro a mi pareja desparejada”, dice la otra.

Toda la tarde estuve esperando

para no salir a pata coja

corriendo y saltando.

Toda la tarde medio descalza

y mirando el hilo desde allí.

Toda la tarde en el sofá

con algo de fiebre y delirando

montando escenas de película soñando

que yo era la protagonista

y las dos botas entre arrumacos.

 

 

 

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