Votación 3: Relato (tema miedos)


VOTACIÓN CONCLUIDA

 

1

Mis fantasmas – Saru H
http://saruhillustration.wordpress.com/

“Si cierro los ojos con mucha fuerza puede que lo olvide, puede que sea como si no hubiera sucedido. Lo negaré todo, diré que fue un sueño. Una pesadilla.

Eso es, sólo fue una pesadilla…”

Es el mantra que resuena en mi mente con insistencia, intentando mentirme, aunque en realidad sepa que no hay forma de destruir los recuerdos. En mi cabeza, las imágenes se alimentan de la oscuridad. Oigo de nuevo sus pasos y contengo el aliento. No quiero que me vean, quiero ganar el juego. O quería. Es cierto que nada es lo que parece, no siempre el que mejor se esconde es el que gana el escondite. Vi su cara, no era quién me buscaba así que me tranquilicé y le hice señas para que no me delatara. No lo hizo. Como tampoco lo delaté yo a él. Empiezo a cantar para mí, esta vez con los ojos aún más apretados. No quiero recordar. Las lágrimas me queman sobre las mejillas, al igual que su tacto. Sólo la idea de verle, de saber que vive tranquilo tras la pared vecina, sin que nadie sospeche que su bondad es sólo fingida, que sus atenciones buscan propina, me repugna, pero lo he aprendido a camuflar con una sonrisa. Así nadie sabrá. Si nadie lo sabe será cómo si nunca hubiera pasado, ¿verdad? Error. Al parecer no es una ley válida para los sueños. Como decía, las imágenes en mi mente viven de la oscuridad, me traicionan y me hacen revivir los peores recuerdos cada noche. Una y otra vez me despierto y me aseguro de contar con protección bajo mi almohada. Nunca más podrán hacerme daño. Hace tiempo que perdí la inocencia y dejé de ser de cristal. Hace tiempo aprendí que lo que guardas para ti puede hacerte más daño que lo que dejas escapar.

2

Miedo premonitorio – melbag123
http://melbag123.wordpress.com/

El niño caminaba por la calle, entrando al portal de varias casas. No entraba a ninguna. Calle arriba, calle abajo, yo lo miraba en su ir y venir, intrigada.

Lo perdí de vista. Busqué en los portales y con mis llaves traté de abrir la puerta de mi casa en vano.

Sentí miedo. Un miedo irracional. Sin fundamento.

Corrí y hablé con una amiga, quien me acompañó cuando le conté lo sucedido. Entramos a un negocio que quedaba en la misma calle. Caminé hasta el fondo, mientras mi amiga hablaba con la mujer que lo administraba. En un tablón de anuncios, la fotografía de un joven capturó mi atención. Tenía el pelo largo, castaño, peinado al medio. Parecía que trabajaba cuando le retrataron, pues llevaba un delantal puesto. Su mirada era limpia. Sonreía.

Me quedé un rato observando la imagen. Sus ojos parecían querer decirme algo. Él también tenía miedo. Un miedo aterrador.

Entonces escuché a la mujer que hablaba con mi amiga decir, que el niño que habíamos visto buscaba su casa.

Me volteé. Fui hacia ellas. Una estaba sentada al frente de la otra. Me arrodillé en medio de las dos y grité:

“¡No! ¡Él debe ir hacia la luz! ¡Maldita guerra!”.

Después lloré, sabiendo que no podía detener los eventos que ya se habían desencadenado.

3

El lobo – Sebastián Galarza
http://microliteraturas.com/

Cada noche me acuesto convencido de que el lobo se tragará la luna. Lo escucho trotar sobre la tierra, romper cráneos en su afán por alcanzarla. Me aterra cuando llega decepcionado a la cima y empieza a aullar furibundo. No necesito mirarlo para imaginar las dimensiones de su hocico. Hoy no, mañana seguramente la atrapará, pienso mientras cierro los ojos con fuerza. Hundo mi cuerpo en la tierra para resistir la noche y sobrevivir a las lamentaciones del lobo. En ocasiones sus babas llegan hasta mi escondite. Debo permanecer en mi sitio a pesar del hedor: es mi resguardo contra otros peligros como los perros. El miedo les ha hecho olvidar que el lobo estuvo entre los suyos hace algún tiempo, cuando lo pusieron a cargo. Las muertes pasaron desapercibidas al principio, el líder supo desviar la atención con pequeñas satisfacciones. Nadie sospechó de sus desapariciones ni de su resurrección como asesino. Los perros más débiles se echaron a sus patas. El lobo los sacudió con un movimiento de su cola. Los más fuertes estaban divididos. Algunos querían ayudarlo, otros, detenerlo. El lobo los mató a todos y rugió dejando bien claro que él no necesitaba ayuda. Luego, cada cierto tiempo se reunían más perros para confrontarlo. Quedaban en el suelo, dispersos, despedazados. Aún se atrevieron a reunirse tres veces más. El lobo parecía volverse cada vez más grande, así que dejaron de intentarlo. Cuando el lobo desapareció, temieron que fuese alguno de sus trucos. Y lo creyeron durante bastante tiempo, hasta que los cachorros encontraron su cadáver.

4

Miedo escénico – Víctor González
@libresdelectura

El rumor del agua llenaba los oídos de las personas que caminaban esa mañana fría por aquel puente que cruzaba el río. Unos pensamientos, fundidos con el viento, revoloteaban por encima de aquella construcción que conectaba un pedazo de tierra con otro. Aquellos pensamientos eran los de una joven que había dejado su pueblo para marcharse a la ciudad. «Por un futuro mejor». Pero solo ella sabía que en realidad se había marchado para evitar ese silencio que tienen los pueblos. Necesitaba taparlo con coches, con humo, con quejas de personas que se manchan los zapatos mañana y tarde. Pero nadie le dijo que en esas ciudades vería su pueblo a través de los ojos de los niños atados a las manos de sus padres, que vería su pueblo a través de los ojos de los perros atados a las manos de sus amos. Nadie le contó todo eso y por eso luchaba minuto a minuto, día a día, noche a noche, por no estar sola. Y quedaba con gente que odiaba, hablaba mucho sin querer hacerlo, bebía sin tener sed, y comía poco, porque aquello no le ayudaba a olvidarse del silencio. Ella quería ser ajena a eso. Ella quería ruido. Y la ciudad, en un principio, parecía dárselo. Pero en la ciudad también crecen tallos, y eso le fastidiaba el día. Nunca dormía sola aunque eso le hiciera ganar cierta fama en el vecindario. La televisión sonaba a lo largo de toda la noche, igual que lo hacía el tintineo de la bombilla de una lámpara de pie encendida hasta el amanecer.

De todo eso se dio cuenta al poco tiempo de estar en la ciudad. Por eso, volviendo una Navidad a su pueblo con los bolsillos del abrigo cargados de somníferos, pequeñas botellas de muestra y condones, no pudo evitar, al estar cruzando un puente, dejar su abrigo bien colgado de una de las mantícoras que decoraban la estructura, y saltar. Saltó, cayó al río rompiendo la capa de hielo superficial y se fundió con el agua. Con el rumor del agua, donde no habita el miedo.

*Solo habrá un ganador en esta votación.

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2 pensamientos en “Votación 3: Relato (tema miedos)

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