Votación extra (locura)


VOTACIÓN TERMINADA

Actualización: La votación ha concluido y la obra seleccionada fue Bloqueo de Mayca Soto (El gris de los colores). ¡Felicidades!

Acabamos de concluir las votaciones de la convocatoria especial para la revista impresa de Salto al reverso. Pero aún nos queda una decisión por tomar.

El propósito de esta votación es llenar una página disponible que aún tenemos en la revista 6 con tema locura. En la convocatoria, solamente recibimos una obra con este tema, así que no existe un segundo lugar con el cuál llenar la página que aún nos queda vacía.

Así que, les pido que me ayuden a decidir de entre las obras enviadas a la convocatoria (y que no fueron seleccionadas), cuál es aquella más acorde con el tema locura:

La votación se cierra el próximo jueves 7 de abril.

VOTEN AQUÍ↓


1

Mi mamá me mimaba – pajuerano
http://cosaswordpresscom.wordpress.com

Me mimaba, me amaba y salaba la masa. Grosso modo hacía esas cosas y así me enseñaron a decirlo en la primaría. Pero yo sentía que hacía algo más, que me resultaba incómodo. ¡No!, no era incestuosa. Peor, consideraba a sus hijos peones de ajedrez.

 

2

Mis fantasmas – Saru H
http://saruhillustration.wordpress.com/

“Si cierro los ojos con mucha fuerza puede que lo olvide, puede que sea como si no hubiera sucedido. Lo negaré todo, diré que fue un sueño. Una pesadilla.

Eso es, sólo fue una pesadilla…”

Es el mantra que resuena en mi mente con insistencia, intentando mentirme, aunque en realidad sepa que no hay forma de destruir los recuerdos. En mi cabeza, las imágenes se alimentan de la oscuridad. Oigo de nuevo sus pasos y contengo el aliento. No quiero que me vean, quiero ganar el juego. O quería. Es cierto que nada es lo que parece, no siempre el que mejor se esconde es el que gana el escondite. Vi su cara, no era quién me buscaba así que me tranquilicé y le hice señas para que no me delatara. No lo hizo. Como tampoco lo delaté yo a él. Empiezo a cantar para mí, esta vez con los ojos aún más apretados. No quiero recordar. Las lágrimas me queman sobre las mejillas, al igual que su tacto. Sólo la idea de verle, de saber que vive tranquilo tras la pared vecina, sin que nadie sospeche que su bondad es sólo fingida, que sus atenciones buscan propina, me repugna, pero lo he aprendido a camuflar con una sonrisa. Así nadie sabrá. Si nadie lo sabe será cómo si nunca hubiera pasado, ¿verdad? Error. Al parecer no es una ley válida para los sueños. Como decía, las imágenes en mi mente viven de la oscuridad, me traicionan y me hacen revivir los peores recuerdos cada noche. Una y otra vez me despierto y me aseguro de contar con protección bajo mi almohada. Nunca más podrán hacerme daño. Hace tiempo que perdí la inocencia y dejé de ser de cristal. Hace tiempo aprendí que lo que guardas para ti puede hacerte más daño que lo que dejas escapar.

 

3

El lobo – Sebastián Galarza
http://microliteraturas.com/

Cada noche me acuesto convencido de que el lobo se tragará la luna. Lo escucho trotar sobre la tierra, romper cráneos en su afán por alcanzarla. Me aterra cuando llega decepcionado a la cima y empieza a aullar furibundo. No necesito mirarlo para imaginar las dimensiones de su hocico. Hoy no, mañana seguramente la atrapará, pienso mientras cierro los ojos con fuerza. Hundo mi cuerpo en la tierra para resistir la noche y sobrevivir a las lamentaciones del lobo. En ocasiones sus babas llegan hasta mi escondite. Debo permanecer en mi sitio a pesar del hedor: es mi resguardo contra otros peligros como los perros. El miedo les ha hecho olvidar que el lobo estuvo entre los suyos hace algún tiempo, cuando lo pusieron a cargo. Las muertes pasaron desapercibidas al principio, el líder supo desviar la atención con pequeñas satisfacciones. Nadie sospechó de sus desapariciones ni de su resurrección como asesino. Los perros más débiles se echaron a sus patas. El lobo los sacudió con un movimiento de su cola. Los más fuertes estaban divididos. Algunos querían ayudarlo, otros, detenerlo. El lobo los mató a todos y rugió dejando bien claro que él no necesitaba ayuda. Luego, cada cierto tiempo se reunían más perros para confrontarlo. Quedaban en el suelo, dispersos, despedazados. Aún se atrevieron a reunirse tres veces más. El lobo parecía volverse cada vez más grande, así que dejaron de intentarlo. Cuando el lobo desapareció, temieron que fuese alguno de sus trucos. Y lo creyeron durante bastante tiempo, hasta que los cachorros encontraron su cadáver.

 

4

Miedo escénico – Víctor González
@libresdelectura

El rumor del agua llenaba los oídos de las personas que caminaban esa mañana fría por aquel puente que cruzaba el río. Unos pensamientos, fundidos con el viento, revoloteaban por encima de aquella construcción que conectaba un pedazo de tierra con otro. Aquellos pensamientos eran los de una joven que había dejado su pueblo para marcharse a la ciudad. «Por un futuro mejor». Pero solo ella sabía que en realidad se había marchado para evitar ese silencio que tienen los pueblos. Necesitaba taparlo con coches, con humo, con quejas de personas que se manchan los zapatos mañana y tarde. Pero nadie le dijo que en esas ciudades vería su pueblo a través de los ojos de los niños atados a las manos de sus padres, que vería su pueblo a través de los ojos de los perros atados a las manos de sus amos. Nadie le contó todo eso y por eso luchaba minuto a minuto, día a día, noche a noche, por no estar sola. Y quedaba con gente que odiaba, hablaba mucho sin querer hacerlo, bebía sin tener sed, y comía poco, porque aquello no le ayudaba a olvidarse del silencio. Ella quería ser ajena a eso. Ella quería ruido. Y la ciudad, en un principio, parecía dárselo. Pero en la ciudad también crecen tallos, y eso le fastidiaba el día. Nunca dormía sola aunque eso le hiciera ganar cierta fama en el vecindario. La televisión sonaba a lo largo de toda la noche, igual que lo hacía el tintineo de la bombilla de una lámpara de pie encendida hasta el amanecer.

De todo eso se dio cuenta al poco tiempo de estar en la ciudad. Por eso, volviendo una Navidad a su pueblo con los bolsillos del abrigo cargados de somníferos, pequeñas botellas de muestra y condones, no pudo evitar, al estar cruzando un puente, dejar su abrigo bien colgado de una de las mantícoras que decoraban la estructura, y saltar. Saltó, cayó al río rompiendo la capa de hielo superficial y se fundió con el agua. Con el rumor del agua, donde no habita el miedo.

 

5

Alarma – Gema Albornoz
http://emocionesencadenadas.com/

Era un sinsentido.
Un manojo de intenciones
Se agolpaban
en el estómago.
Ya me quedaba el eco
que resonaba como un espectro.
Que se hacía más rápido.
Que se hacía más oscuro.
Que se hacía más grande.
Que se hacía más eco.
Más negro.
Más yo.
Negro.
Miedo.

 

6

Fear factory – Santiago Aguaded Landero
http://vocesdelextremopoesia.blogspot.com.es/

SUEÑO que estoy perdida en un laberinto de libros.
Espero frente a una puerta abierta. Al frente tengo filas de cadáveres. Tengo miedo de que Teseo encuentre el paraíso. Acaso no somos las mujeres incomprendidas por nuestros esposos y ellos no lo son por hetairas y meretrices. De mi pecho pende un ovillo estéril. Me miro al espejo y todos los terrores del mundo nombran mi frente. El arquetipo del espanto es la imagen de una oruga verde (1).
Yo soy la mujer que llora SAL, la que imagina lanzas inversas. A mis pies dos tigres vigilan el nivel de androstenol (2) del Hombre. Mi aliento es mejor insecticida que la fragancia de Antíope: que ella te recuerde mi aroma de morfolina y vuelvas volando, como un arco-iris, hasta mi delta. Y yo ya no te recuerde.

SAL

(1) La esfinge del aligustre (Sphinx ligustri) es una mariposa que vive en los linderos de los bosques y setos, en parques y jardines.

(2) El androstenol ha sido aislado en el testículo del cerdo y en humanos. Este alcohol esteroide posee un olor a almizcle, lo que sugiere un papel como feromona humana. La hormona morfolina parece implicada en el reconocimiento de ciertos peces migrantes de sus lugares de origen.

 

7

Vigilia – Rodrigo Corrales-Mejías
http://sonetosenfuga.wordpress.com/

Y si volviéramos a encontrarnos,
¿de qué hablaríamos después de tantos años?
¿Qué verías en mi rostro desgastado?
No sé siquiera si es lo que deseas,
pero yo te sigo buscando
sobre todo en las noches
aún cuando sé que ya nada tiene caso,
sigo acariciando tu rostro en la brisa
te apareces sin aviso a besar mis labios
a hacerme creer en lo que no existe,
pero que habita en las ansias de tenerte.

Eres cómplice de mis crímenes internos
alimentas la rabia deshecha por la gente
esa que me dice que eres feliz,
todo un ejemplo a seguir,
que viva lo que me queda de vida
y que deje vivir
porque al tiempo nada lo regresa.

Pero entonces,
¿por qué esta noche se hace eterna?
Recurrente y necia
siempre vuelve de dónde sea que venga
a atormentarme con tu presencia
a traerme tu calor de vuelta
para dejarme tirado a mi suerte
sin ser dueño de la razón incierta.

Si volviéramos a encontrarnos
verías fácilmente la indigencia de un amor resiliente
que se niega a morir
aunque yo mismo le condene
porque así es la pena de no saberse,
de lo contrario
podría entender la raíz de amar inconscientemente
sobre todo de noche
cuando ya no soy tan inocente.

 

8

Bloqueo (La Noche) – El gris de los colores. Mayca Soto
http://elgrisdeloscolores.wordpress.com/

Escribí vuestros nombres;
rojo y
verde
en mi piel.
Rojo de amor,
verde, de amar.
No esperábamos el negro.

Nadie protege a la luz de la intemperie,
ni le evita la noche
que funde todos los colores al negro
hasta el amanecer.

Negro,
antes luz.
Negro de atar;
negro de estar sin estar;
negro en una mueca
de media sonrisa,
negro ausente;
sin mí.

Negro de jaulas con ventanas cerradas,
con vistas.
Negro solo,
en silencio,
o en gritos;
enmurallado,
enemistado,
como una torre,
¿de Babel?,
en ruinas.

Demasiadas pérdidas.
Demasiadas listas de la compra.
No quise heredar la humedad
de vuestras lágrimas;
ahora cuelgan, como hojas impávidas,
en el árbol del recuerdo.

Y no, no quiero cinco minutos esporádicos de gloria.
De nada me sirven ahora estos cinco minutos para el café,
también negro.

Negro de tanto vaciarse,
negro vértigo,
que llora,
suicida;
como una huida sin pies.

Negro de no mirarme,
negro de tanto amor
sin verme.

Así no,
así no.

Dicen que no hay oscuridad sin luz,
ni día sin noche;
Y digo: «el negro solo contamina los colores
hasta el amanecer».

Rojo de amor,
verde de amar.

¿Reescribiendo,
alrevés es:
odneibircseeR?

#Ambivalencias.

 

9

Déjà Vu – Amalia Pedemonte
http://aquileana.wordpress.com/

Mil noches se condensan en este cuarto
Con sus divisiones, precisas, infinitesimales.
Todo mar conduce a este faro,
sus fatalidades y conjuros.

Visiones de una ciudad ajena,
acaso ancestralmente sumergida,
Pálidas luces repican en la ventana.
Sombras se proyectan, fugaces e inasibles.

El viento del Este conecta todo con nada.
Trae ecos del pasado,
Implacable reloj de arena
-El presentimiento es también una certeza-.

Las horas flotantes, navegan lentamente.
Sobre espejos sincrónicos,
las cóncavas naves repiten
el paso persuasivo del tiempo y su cantar de sirenas.

Una ola de aire marítimo, hiel salada,
se derrama entre jardines azules,
Filtrándose como erosión en la piedra.
Va y vuelve, eterna como el cielo

El silencio contiene la forma de lo ilimitado.
El significado no es por eso menos esquivo.
El recuerdo perdido, apenas vivo,
con insistencia persiste,
renace, llega de nuevo…

 

10

La noche – Rosa María Lorenzo
http://rosarum.wordpress.com/

(Décimas al modo de Loys Le Caron)

La noche cubre la albura
con premura;
¡nos engaña tenazmente!
Simplemente,
a través de las estrellas,
permite intuir sus huellas;
la sazón
de su oblonga melodía,
la razón
de su perversa entropía.

La noche, oscura parcela.
Entretela
del sentimiento salvaje;
homenaje
a su insufrible fervor.
¡Ese insólito atanor!
calcinando
la médula de mi ser;
horadando
la bondad de mi querer.

 

11

La negra oquedad de la noche – clarafreire12
http://clarafreire12.wordpress.com/

Noche larga sin sueño.
Irrealidad de la fantasía.

Noche eterna sin día.
Día sin fe.

Larga noche.
Noche del alma oscura.
Noche sin esperanza.

Noche que no acaba.
Noche que no llega.
Noche sin amanecer.

Sol sin luz.
Día sin claridad.

No amanece sin fe
aunque el sol alumbre.

 

12

Aquella era mi noche – Gema Albornoz
http://emocionesencadenadas.com/

Aquella era mi noche.
Mi afán no era otro
que aferrarme a ella.
La verdad se escondería
bajo las sábanas
y allí se quedaría
sobre la almohada.
No quería que se acabase la magia.
No era justo que la chispa
llegase a su fin con la luz.
Al hacerse el día.

 

13

Hasta la muerte – Cristina Cobos López

AMORES_ENFERMIZOS_Hasta_la_muerte

Fotografía: detalle de la tumba de Abelardo y Eloísa, en el Cementerio de Père Lachaise.
París, julio 2011.

Solo habrá un ganador en esta votación.

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