Esas piernas


Esas piernas no eran naturales
sino que oprimían las leyes de la física;
esas piernas no tenían límites
puesto que eran cordillera de infinitos;
esas piernas eran salsa de orquídeas
sublimada en el fondo de un matraz.

No sé ni cómo describir
aquellos muslos cimbreantes y tostados,
que tomaban las riendas del concierto
que inició tu sonrisa pizpireta.

Columbré un sendero hacia arriba
—o abajo—
que serpenteaba hacia el origen jurásico
de todos tus misterios.

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4 pensamientos en “Esas piernas

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