Sin más


El otro día escuché a una niña preguntarle a su madre: «Mami, ¿adivina cuánto te quiero?». No escuché más porque iba en coche y pasé de largo; pero me quedé pensando y disfrutando la belleza de ese momento; me gustó tanto que pensé hacerle un poema… Días más tarde fui a mirar unos libros y para mi sorpresa, en el escaparate, vi un libro infantil tipo best-seller que se llamaba Adivina cuánto te quiero. Al principio pensé que esta frase me perseguía (nunca he sido muy listo a bote pronto) pero luego, analizándolo, me di cuenta que esa frase que había escuchado a aquella niña no era más que una petición (seguramente caprichosa y común) de ese libro. Me apenó, no tanto el malentendido, sino porque había visto belleza en algo vulgar por no decir comercial. Y pensé que el problema estaba en mí; que en mi absurda necesidad de buscar belleza me estaba autoengañando. Pero hay ocasiones que sé que no es así; sé que existe belleza más allá de mis ojos y aunque yo no exista, habrá en algún lugar indeterminado dos mariposas blancas jugando. Eso me pasa contigo. Gracias por existir. Sin más.

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