Dime dónde se esconde el amor


cuello

Escribí tanto de ti que llegué a sentir que existías.

I

Dime dónde se esconde el amor.

En qué árbol florece,
en qué mar se hace eterno.

Dime si estás aquí
o eres la sombra del sol.

Miro el mar
y olvido todo.
Lo sabes.

II

Le susurro al oído.
«Mar».

Y despierta renacido.
Y vuela con las alas ardientes
de una metamorfosis,
en una estela tutelar
sobre las olas.

III

Quedamos mudos frente al mar,
amor,
esperando que amanezca.

IV

(La poesía vive en algunos bares, en noches de gatos inquietos, entre la lluvia y el mar, en los amantes que se despiden para no verse más).

Aquí, por ejemplo:

1

Tengo el mar en la mirada
y la mirada en el mar.

2

La tristeza de encontrar
en el mar muerto,
una sirena varada.

3

En tu mar
solo fui el invierno
de mi mirada.

4

Vino el silencio.
Luego el olvido.

Y después el mar
se hizo mío.

Infinito.

5

Me llevaré al mar
todo lo escrito en mí.

6

Días en los que huelo a ti,
a mar y furia.

V

Aunque usted me olvide
no llenaré de cándida nostalgia
el rubor de las estrellas
ni arrobaré de saudades
el horizonte precioso del mar.

Mi último recuerdo serás tú.

Mientras cae a pedazos el cielo
o se desparrama el mar
o sucumbe la tierra.

Mi último recuerdo vivo de ti,
serás tú.

VI

Me gusta el mar.
A falta de ti.

VII

Solo soy un hombre enfrentado al mar.

VIII

1

La noche se hace en mis manos.
Y tu cuerpo pálido sonríe como la luna.
Tu piel tibia florece en el mar de mi deseo.
Y tu boca suspira en mí.

2

Si eres el amor de mi vida
escríbeme un mensaje en el mar.
Porque tengo el mar en el alma.

3

Cuando el otoño huele a melancolía,
el mar es un murmullo de la fragilidad.

4

Yo soy la sal de tu mar.

5

La versión de mi alma
habita cerca del mar.

6

Usted y yo
haciendo del mar
una vocación salada.

7

Porque habrías
de decepcionarme, amor,
si conozco tu alma.

Y esa belleza
solo se encuentra
en la noche
que cae
en el mar de primavera.

8

Me abraza el sol en el mar.
Y es como si te abrazara a ti.

9

Sueño con olas.
Y con su mar.

10

Entre usted y el mar,
me he ido salando
como la brisa del amanecer.

11

El mar tiene esa presencia
que se hace sangre
aunque no puedas respirarla.

12

Ven a ser sol conmigo
y que la luna no lo sepa.

Que sea nuestra amanecida,
con el mar de fondo floreciente.

13

Abracé el mar en la oscuridad
y no estaba frío.

14

Después del mar,
el vino es más dulce.

15

Estoy enamorado del mar.

Desde siempre.
No dejo escuchar
el llamado del mar
en mi ventana.

Ni dejo de evocar
tus ojos negros
perdidos
en el horizonte,
como queriendo ser cielo.

16

Después del mar,
el horizonte es nuestro.

17

No morir lejos del mar
sería el epitafio perfecto.

IX

Fui un verso insuficiente en tus labios,
una pálida representación de la luna
durmiendo sobre el mar.

Los ojos del cielo
muertos
y la luna cayendo
en barrena
sobre el mar
abierto y desnudo.

Habría sido el mar nuestro secreto.

X

El mar siempre te acaricia
las vértebras del alma.

El mar.
Así.
Sin más.

Y aquí estoy jugando
a las preguntas
en un mar de ellas
que se ahogan sin respuestas.

Usted y yo
sintiéndonos ese mar en calma
que oculta una tormenta.

XI

De tanto mar,
ya me sabe a sal
nuestro amor.

XII

Unos días lejos del mar
y ya siento el sabor
de la arena
en otras bocas.

XIII

Sé que a usted la perdí en un mar de miradas
y en una marejada de amores.

Mas me tendrá por siempre en las palabras
que escribí en su pecho.

Y no sabría prescindir de mi alma
para ahogarme en el mar de su cuerpo.

Y podría verter mil gotas de vida en usted
y ver cómo crecen sus labios.

XIV

Ese beso me recuerda la profundidad del mar.

1

Sin alas ni vuelo,
sin mar ni cielo
la poesía nos nutre
finalmente
de una coraza
para la muerte.

2

Demasiado tiempo en el desierto,
demasiado tiempo en el mar,
nunca será demasiado tiempo.

3

Y llegará el día en el que vendrás a bañarte en este mar del que tanto te he hablado.

4

Como si quisiéramos
escribir infinito
en la orilla del mar.

Y sentarnos a ver
como se va borrando
lo que ello significa.

5

Nunca había abrazado el mar
casi al caer la noche.

Sentado en la oscuridad,
pensé en lo mucho que te quiero.

Me dejé llevar por tu nombre.

6

un verso puede serlo todo

es la esencia del mar
esa potencia desmedida
capaz de procrear tormentas
esa fortaleza ígnea
que tiñe un cielo azul
en el pecho

y está ese viento
que transforma el rocío
en tormenta

y está ese barco
que hunde sus redes
en un mar de sirenas

y está ese olvido
que late

7

Oler el mar.
Oler a mar.
Oler tu mar.

8

Huele a mar.
En la proa de mi alma.

9

Huele a mar.
Rocío salvaje.
Espuma de sal.
Ola de vida.

10

Búscame en el mar.
En caso que no me encuentres
en el cielo.

11

Ella y el mar.
Siempre pensé
que era así.
Como el amor.
Pero ella
no era el mar
o el amor.
Yo siempre
fui el mar.
Mas no el amor
ni su alma.

12

Sol. Así. Sin luna.
Mar. Voraz. Sombra.
Artilugio. Verso. Saeta.

Luna. Así. Sin sol.

13

Esconde la soledad
detrás de una careta de espuma.

14

cuando vengas
tómate todo el tiempo
de respirar el cielo
de nadar en el mar
de posar tus pies en la arena
de caminar las noches del desierto

15

Sentir el mar de tu piel
en mi piel y nadar
en una profunda caricia.

16

encontrar tu mirada
y ver en ella el brillo del mar;
pensar en ti
y en tu beso salado,
en las algas de tu abrazo
que cruzan el tímido oleaje

17

Si eres arena yo podría humedecerte de mar.

18

Si tú eres el mar,
yo no tengo horizonte.

19

Nada transcurre
más allá de la mirada
de tus ojos.

Ningún abrazo
es suficiente
si no estás.

Si un beso
es la profundidad del mar,
lo eres.

20

Me hace sentido
todo aquello que es capaz
de hacer vibrar la arena
o hacer retroceder el mar
o levantar un viento feroz
en el desierto.

21

Debajo del agua,
el mar
es una dimensión desconocida.

22

Lo que percibo
tiene otro sabor,
otra trayectoria de la luz,
otra naturaleza inmensa.

23

Ella desnuda sirena
de un mar embravecido.

Bajo la luna roja
se transforma
en serpiente marina.

Y con su cántico sensual
ahoga incautos.

24

Mientras nadaba
sentía tu abrazo
en mis hombros.

25

Era una cadencia infinita
tu aroma de marea indómita,
la inmensidad de tu ser
hecha mar.

26

Cuando ya no quede el mar
ni la luna surta sus mareas,
estarás dormida en mí
como un tatuaje moribundo.

27

Podría yo escribir aquí
aquello que realmente sangra
en mi corazón
sin otro nombre
más que el del mar.

28

Haber dormido
en un mar de tormentas
y demonios de sal gruesa.

29

De tanto amar,
sabor a mar.

30

Cuando mires al mar,
estaré pensando en ti.

XV

ven a volar conmigo
en un mar de desventajas
con el cielo a ciegas debajo
y un precipicio colgando
en una cuerda
llena de muertos de espanto

XVI

En la oscuridad
del fondo del mar,
se dibujan los rostros
de los que no volverán.

XVII

~

Hoy estuve en tus brazos.
Y no había fondo en el mar.

~

Del mar somos
la sal y la vida.

~

Enhorabuena por aquellos
que vuelan sobre el mar
en un solo verso.

~

Siempre camino
por una playa solitaria;
cuando se repleta de gente,
prefiero zambullirme en el mar
y nadar lejos de todo.

~

Yo fui su dragón
en un mar dormido,
en una época en que el desierto
era mucho más que una ilusión olvidada.

~

Te regalo todos mis caprichos,
pero déjame el mar.

~

No son lágrimas de mar;
el cielo llueve por viejas heridas.

Y solo llueve.

XVIII

La sensación más exacta de la inocencia se encuentra en las llanuras del mar.

Quizás es por eso que todos miran hacia allá.

XIX

Debo confesar que me he encontrado a mí mismo flotando de espaldas en el mar o sentado en la orilla viendo cómo se forman las olas.

No es el tiempo lo que cura las heridas.

De verdad te digo que es el mar.

Va drenando el alma,
escociendo las cicatrices,
salando la furia.

XX

Solo a usted le beso el mar
y el secreto de los sargazos.

XXI

Me recuerdas todo,
a ella,
a mí.

Todo lo que puedo ser
en este instante
se reduce a mirar
la lejanía del mar.

Habré de esperar
el vértigo de volver
a tus brazos dormidos.

Hablar contigo,
de nosotros,
es construir
el mundo de nuevo.

Un poco de mar,
una poca de tierra,
mucho de cielo,
el sol tibio
y la noche.

Dejamos en el mar
esos recuerdos claros y oscuros
que son parte de nuestra alma.

Los miramos alejarse
en el horizonte,
mientras se hunden.

Sembramos sal
en nuestras heridas.

Para que supuren
una cuota de mar.

No me olvido
de las almas negras
y sus calaveradas.

Solo que no importan.

Abajo tengo el mar
y mi corazón bombea impertérrito.

El destino de sus alas
es otro muy distinto;
es volar,
es amar,
es crecer,
es ser mar.

XXII

Solo el mar sabe cuánto te amé.

Y el desierto también.
Y el firmamento.

Hoy el mar distinguirá la arena del cielo,
y en cualquiera podré dibujar tu rostro.

XXIII

Dicen que el mar
es la zozobra de los naufragios.

Amanece.

Y en el mar se esparce
la bruma del ayer
que quiere ser hoy.

XXIV

~

Dicen que extrañar el mar puede ser una enfermedad: la enfermedad de quienes extrañamos el mar, pues allí somos una extensión de sus mareas.

~

Si decides amarme
en cien años más,
deja una muesca
en la orilla del mar.

~

A veces,
el mar te salva la vida.

~

Debería dejar de escribir
en este punto
y desaparecer en el mar.

~

Podría resumir
mis convicciones
en un color: el rojo,
como un amanecer.

Y mis sueños
los pintaría de azul,
como mi deseo insaciable
de mar.

~

Lo mío es mirar el mar.

~

Valientes los que hacen
del mar de invierno,
un día de verano.

~

Sentarme a la sombra del mar
y maldecir no estar en tu orilla.

~

Nosotros
y ese mar que nunca fuimos.

~

Siempre puedo ver el mar
a través de tus ojos.

~

No soy más que
espuma de mar
en tu arena.

XXV

1

Hay gente que se levanta y ve el cielo puro, respiran el aire como propio, pueden oler el mar y la ventisca, sentir el aroma de las flores.

2

A veces me siento
como un simple capitán de arena,
una acuarela deslavada de tanto mar.

3

Me siento en la arena
y me embriago del sonido del mar.

Como si eso fuera todo,
incluso los recuerdos.

Guardo en mi rostro
el rocío del mar
el roce salado del sol.

4

¿Y tus besos
en qué lugar
se quedaron a dormir?

5

Ya no veo el mar,
no hay sol.

6

El mar
y esa cadencia
que acerca
al invierno
que humedece
el desierto.

El mar
y la exactitud
del meridiano solar.

7

Me dices
que el invierno
está a la vuelta
de la esquina,
mas yo solo veo
el mar y las nubes
perderse en el cielo.

8

De vuelta al mar.
Mañanas de mi vida.

9

Los náufragos
primero sufrieron
la deriva y la zozobra.

Luego vino el naufragio.

Después el olvido
se los tragó,
antes que el mar.

10

Mar adentro estabas tú.

11

En el tumulto del mar,
todos somos arena.

12

No dueles.
Solo eres una herida
que supura hiel.

El destino siempre fue otro.
El desierto, el mar.

Los recuerdos vienen
y naufragan solos.

13

Tuve mis momentos contigo.

Volviste a abrazar,
fuiste parte del crepúsculo,
dejaste que el mar volviera a ti.

¿Para qué odiarme entonces?

El sortilegio de ese beso
se perdió en el desierto,
donde antes fue el mar.

14

Simplemente la olvidé;
fue como si la luna
hubiese eclipsado al sol.

Simplemente despertar
y sentir que el mar
ya no era del todo azul.

15

El mar es una gota salada
en la oscuridad de la noche.

Una lágrima secándose
en el rostro de la melancolía.

Una mujer que recuerdo.

16

Me quedo en verano.
Me gusta su traje.
Me sumerjo en su abrazo.
Me incendio en su mar.
Me someto a su poesía.

17

¿Sabe usted
que le escribo
cuando no me mira?

¿Sabe que cuando no escribo,
me siento a mirar
el mar embravecido
y a pensar en usted?

18

Besos en ti.
El sol en tus hombros.
Desnudos.

Tu mirada
y el mar se hacen uno.

19

Parece que fuésemos
una sombrilla engrapada
a la arena.

20

Amanecer dentro de tu ser,
despertar en la humedad del mar.

21

Hablo del mar
porque me veo reflejado en él;
un abismo negro flotando
sobre mi estómago,
un pozo sin fondo
del que cuelgan mis pies.

Debería encriptarme;
esconderme en un sobre
y tirarme dentro de un saco al mar.

O quizás en una botella
y mecerme eternamente en el olvido.

22

Nadar en el mar
y oler el sabor
de tu espuma.

23

Cien poetas en el fondo del mar,
terminan floreciendo de azul.

24

Escribo mal.
Cada día peor.

Por ejemplo.
Escribo tu nombre
en la arena.
Cada día.
Y el mar lo borra.

25

Olvidarte.

Para eso tengo el mar
de cada mañana.
Tus labios,
salada inspiración
del verbo del mar.

26

Ella
ese silencio
que niega su identidad
de estrella y firmamento
esa complicidad
de haber sido mujer de arena
y nunca haber tocado el mar.

27

¿Qué estás haciendo
disfrazada
de mar y de arena, mujer?

28

Dejaré mi piel en la arena,
secándose a la orilla del mar.

Seré conchilla y huiro,
rumor de las mareas,
caracola carcomida por el viento.

Escribiré en la arena de tu mar:

«Un beso para tu corazón,
un corazón para ese beso».

29

Le escribo al mar
que conozco desde niño,
le escribo a esa cadencia
inocente
que me permitió prometer
que volvería a verlo.

30

¿En qué mar
te hiciste soledad,
mujer de arena?

¿En cuál reloj
dejaste tu huella herida
los pasos invisibles
las cuerdas rotas del violín?

31

Imagino tu cuerpo
como un naufragio
y el deseo de encallar en ti,
nubla el mar.

Me gustaría amarte
con esa profundidad
que tiene el mar;
y con la ternura
de una tormenta.

Dime, amor,
si estarás dispuesta
a dejar atrás,
aquella lejana mirada
del mar interior
que nos separa
en dos hemisferios
en un mismo mundo.

Me gusta sentir
el soy y el mar
sobre la piel;
una expresión hermosa
de la libertad
de abrir los sentidos
a la naturaleza salvaje
que queda.

Flores salitreras,
flores del desierto,
flores que beben la sal del mar.

Comprender su secreta complicidad.

32

Los besos más dulces que te di,
tenían ese sabor
que deja el pasar del mar
por el ojo de una aguja.

La poesía me dio todo lo que necesito:
un cuadernillo lleno de palabras,
el desierto profundo disputándole palmos
al mar y a las estrellas.

XXVI

Acaso le sonríe el mar al desierto
cuando todo se nubla en un espejismo.

Por todo silencio,
invocaré la arena roja que la tarde
se lleva de nuevo hacia el desierto.

XXVII

La noche devora al mar
y se hacen un solo recuerdo.

Escribo en el cielo,
los trazos inconclusos
que van quedando ahogados
en la orilla de un mar incierto.

Los versos esquivos
los escribió
una mujer de arena
que ahora yace dormida
en el mar.

Ha muerto;
y su dolor
va alejándose
con la marea.

XXVIII

En un mar de deseos,
escribo tu nombre.

Pero no es cualquier nombre:
es un nombre que florece
desde las entrañas
de esa tierra
que somos.

Esta noche representa
lo que la soledad de mí
viene diciendo:
el firmamento y sus estrellas,
el silencio del desierto
en contraste al mar.

¿A quién le escribo
porque de mí no hablo?

¿Y ese amor que se pudre
en el mar de los sargazos,
acaso no tenía raíces de cielo?

¿Lo sabes?

XXIX

En mi mente
el mar parecía un suceso perdido
en una noche mágica;
acaso un espejismo,
nunca dejé de mirar el horizonte
en busca de sus ojos.

Mientras no pueda gritarlo todo
escupir tanta furia acumulada
será mejor hacerme
silencio y piedra en el desierto
dejar que el mar se calme.

La espuma de mi mirada
es el mar del infierno.

Y si de nosotros
fuera la tierra
el cielo también lo sería
y el mar
y las estrellas.

XXX

1

Soy ese mar que pretendes olvidar.
Lo harás, me olvidarás.
Pero yo seguiré siendo lo que soy.

2

Me gustaría ser el sabor de tu carne,
ese salivar dulzón que mezcla
tu aroma de mar y la aspereza de mi arena
en un crisol elegante y final.

3

Y si jugáramos con arena
y una cubeta
mientras se duerme
la tarde.

No importa el frío
o que el mar esté agitado
o no brillen las estrellas.

4

De tanto caminar desiertos
te hiciste arena
al dejar de ser mar.

De tanto caminar infiernos
te hiciste cenizas
y extraviaste sus huellas.

5

Toda mi controversia
tiene que ver con el viento,
con el fuego, con el cielo,
con el mar y sus marejadas,
con la piel y con la arena.

Prefiero ser arena oxidada
en una playa muerta
y olvidada por el mar,
que no haber vivido
con la intensidad
y la intención destinada.

A veces,
la fiebre se confunde con el desierto,
las lágrimas con el mar.

Vivimos de esa confusión
entre melancolía
y su sublime diferencia.

Puedo ser en ti,
esa lluvia que penetre tierra adentro,
los poros abiertos del mar.
Y si nos fuésemos
a vivir cerca del mar,
en una ciudad lluviosa,
lejos del desierto
y de su destino de tristezas.

6

Ella escribe con esa profundidad
que hace del mar
una bocanada de ahogo,
el puñal que inunda de esquirlas
la tersa constelación de su pecho.

7

Mujer de arena
tu fantasma me recuerda
que el amor no muere en el mar
ni nace en mí,
solo parece flotar
en una marejada de estrellas negras.

8

Despierto
y siento el mar en mi cuerpo;
mis músculos ateridos y cansados,
la piel cobriza hecha porcelana,
el alma salada y en vigilia.

9

Me fui a nadar al mar.

Me traje el sabor de la sal.
Dejé mi alma en la arena,
para volver desnudo
como un suspiro
en las despedidas.

10

¿Dónde se fue la cara de la niñez
esa palidez quemada por el sol
que hoy es una marca azul
vetada en un mar de arrugas
el carácter del alma?

11

Eres mi cándido cielo, amor,
y yo ese mar inmenso
que pretende tocarte.

12

Y serán besos de mar
besos de sabor a espuma
de olas que quieren besar
mis labios.

13

Una vez me enamoré
del cielo rojo
y del color del mar.

Mi único miedo fue no mirar
tus ojos con la debida atención.

A veces de ti,
extraño todo.

14

No te enamores de ese mar
que solo tiene profundidades para sí mismo.

15

Solo soy la sal
de tus caricias de mar.

16

Eres esa tormenta
que nace de un mar de palabras
y que busca el sentido
que yace en tu piel de arena.

Son mis manos
las que escriben allí.

17

Beso tu mar

profundo

mujer de arena.

18

Mis ojos son el mar abierto
de tu mirada.

19

De rimas y sirenas
me gusta hablar a veces,
cuando me pierdo caminando
por esta costa de marejadas
que principian de mar
y sufren de cielo.

20

Siempre he dicho que soy todo desierto.
Y que tengo pies de mar.

Por eso me emociono cuando leo palabras
sobre la lluvia y bosques mojados.

21

No hace falta que despliegues tus alas;
deja de batir la arena,
no quieras sacudir el mar
con el pretérito pretexto de volar
hacia tu cielo.

22

No hay mar,
sin zozobra.

Alguna vez volveremos a ser los mismos,
pero ya no seremos iguales.

Miramos al mar con otros ojos,
el cielo y sus estrellas nos acompañan.

Y lo de nosotros
fue como esa niebla
que se va depositando
sobre la arena
y se confunde
con el eco del mar.

Llega la noche
y se instala
en nuestros corazones,
ese sutil temor
a que vuelva a rugir
el dragón de arena
que duerme en el mar.

Si el mar es un sueño turqués,
siempre volveré a sus aguas.

Y si es pesadilla,
que ese manto negro
sea mi epitafio.

23

El dragón rugió feroz en esta tranquila y fresca noche de desierto y mar. Quizás restaña sus heridas agrietadas en los últimos días.

Cota de mi cuerpo enhiesto
en la supremacía del punto horizontal de tu placer,
punto de referencia inequívoco del mar
y tus profundidades.

24

Sabía que tu fría indiferencia
terminaría por escupirme el rostro
con ese sabor salobre del mar
que quiere volverse tierra.

25

De tanto amar
se me hizo desierto el corazón.

26

No pudo tu mar revivir
esa promesa
que se fue evaporando
en aras del cielo.

27

Yo seré tu marejada de palabras,
el beso que fractura la tierra
desde el mar de tu boca.

28

Una furia de mar no es suficiente para borrar
la insistencia veraz escrita en la arena.

29

Hoy por toda desnudez
me quedo con tu cuerpo impregnado
del sabor de ese mar
que devora mis ansias
de desierto.

30

Yo no soy ese que escribe cosas bellas de ti;
debe ser mi yo de desierto que colinda con el cielo azulado
y el atardecer violeta en el mar.

31

Mi amor será tu boca
Y mi beso

En tus brazos
En ellos me envuelvo
Me cubres de besos
La lluvia te llora mi amor

32

Algún día caminaré por tus pasos,
cuando el aire sea nuestro
y el mar sea el cielo de una nueva tierra.

33

En un barquito de papel
me arriesgo a navegar por el mundo,
no le temo a las aguas,
mi destino siempre fue el mar

34

Tus palabras me llegan
como el relente del mar
sobre mi rostro
en una noche de tormentas,
cuando todo ruge tan fuerte
como mi corazón.

35

Le pregunté al mar si eras real
y me respondió con ese rumor
que desborda en marejadas.

XXXI

El mal hábito de las palabras hermosas
que esconden detrás de las sombras,
la tragedia que anida en la mirada
y se pierde confusa en el mar.
Un abrazo.
Un solo cuerpo.

Un estrecho
un mar de tormentas
un solo cielo
dos nombres
una tierra
un destino
un devenir.

Quizás el mar lo borre,
pero sus letras perdurarán en mí.

XXXII

Te imagino dueña de mi mar.

XXXIII

Todos los suspiros se los lleva el mar;
siempre llega el día del olvido
y tendemos a transitar sin ocupación
en el destino

Es ese mar que susurra
en las costas
de mi silencio,
el que desnuda cada palabra
que vuela libre
entre el cielo y el infierno

El vino tiene esa profundidad
de un mar de corales coloridos.

Después de tanto desierto, no existe mayor consuelo que el abrazo del mar.

XXXIV

Nadar a medianoche en el mar
y amanecer arropado en la arena
de tu cuerpo,
como presagio
de los días que vendrán
cuando te encuentre.

XXXV

El mar me sala, la arena me acaricia, el viento me seca, el sol me tiñe, la costa me envuelve.

XXXVI

Guardo tu aroma entre mis dedos
como una ventisca que nutre
de poesía, sal y perlas,
el aciago destino del mar interior
de mi tristeza.

Déjame ser el páramo silente
que extienda de sombras
tu cuerpo
déjame ser la pértiga alevosa
que devore el sabor
de mar y miel
de tus bocas.

Mi beso te alcance
como un rayo de luna
desnudándose en un mar
de zambullidas.

Entre el mar y el desierto,
eres el cielo azul
de ese último beso.

¿Dónde estás ahora
que parece que el mar se seca
y que la sal de mis costras,
se hace un pergamino
que abraza mi piel,
que se hace muerte?

XXXVII

La fuerza del mar hazla desierto,
un beso prolongado hazlo eterno,
un verso inconcluso hazlo tuyo,
la mascarada hazla un juego irreal.

Solo necesito el sabor agrio
de ese último beso,
el amargo cáliz de tu boca,
haciéndose agua salada
como la promesa de tu mar
en mi vida.

Sueño con tu voz que me dice
llegará el tiempo de los besos,
el instante en que el mar bese al desierto.

Ella fue mi prisión,
mi exilio en el desierto,
la renuncia al mar,
la ausencia de mis palabras.

Ella era el mar,
yo era el desierto,
y nuestro destino,
era el de la sal.

Se ahoga en un mar de dudas,
aquel que espera certezas
en cada marejada.

Sea tu voz
el candil de color
que ilumine el cantar
de quienes
deben transitar
por el infierno
antes de besar
el mar

soñé contigo.

XXXVIII

Al escribir asocio ciertas emociones con el mundo que observo. Decir, por ejemplo, la tristeza se funde en el mar agrietando de sal mi rostro.

La certeza de tus ojos, la poesía de tu mirada, la escribí sobre la arena, como ofrenda al mar.

Vivo en una ciudad cuyo desierto es una excusa para amar el mar.

La tierra convertida en arena, el mar y el cielo evaporados, el fuego quemando almas, los cuerpos muertos, secos, en una gran fosa común.

XXXIX

Ella es cordillera lejana
y yo mar de otro nombre.

No busco razones en la poesía.

Solo busco el viento.
O el desierto.
Y el mar.
O tu mirada.
Y la mía reflejada
en tu sonrisa.

La poesía solo es desierto
para el poeta
que camina buscando el mar.

Ella habló esa noche.
La escuché en silencio.
El ruido del mar pareció acallarse
mientras fluía su historia.
Su historia que era de ella.

XL

No solo poetas y marineros caminan por estas calles de madera, arena, sangre y salitre. El mar pinta marejadas azules y un cielo encapotado.

Y el mar embravecido me dice que tengo la fortaleza incólume de un desierto que florece para sorpresa de los escépticos.

Las grietas de mi piel se pierden en el laberinto salvaje, en la calma del mar que me seduce, todo, irreal, de ti.

XLI

Encordado.
Cuerda.
Garfio.
Destino de sal y mar.
Vida de bote y ola.
Pesca y sextante.
Oxido de tierra
y esmeralda.

XLII

Se siente un llamado del mar, azul y verde, cargado de pescados y mariscos estilando agua, sal y especias.

Aquí el mar mutó en desierto y el cielo se hizo infierno. Aquí, en esta tierra de muertos.

Cada vez que me afeito la cara, arrojo espuma de mar por los poros.

El embrujo del mar subyace en los rumores alojados en una caracola, cuyo susurro seduce al oído cual canto de sirenas.

El verso recoge lo que el mar nos oculta.

En el mar, las sirenas. En tierra, las sirenas. Sus cánticos estremecen la marea y la orilla.

Mi careta es un mascarón de proa que visto al seducir el altar de una doncella de tormenta, mar y guerra.

Días en los que soy superado por la partitura escrita en el rumor del mar que siembra de estruendo mi rostro.

Mientras el rocío del mar se seca en mi rostro, me dejo el recuerdo profundo de tu aroma de madera y de manzana en mi boca.

Miro el mar esta mañana y creo entrever que allí están todas las respuestas.

XLIII

Dime dónde se esconde el amor.

Pequeña metamorfosis de sal que traza tatuajes en el océano de mi alma.

Como si fueses un mar desbocado en el canto de mi sonrisa.

Eres esa historia que nunca terminará
de escribir versos en mi alma.

Y mi alma fue la historia más bella escrita
en las letras de tu cuerpo.

El amor se esconde allí
cuando cierras tus ojos.

En el mar de tu mirada.

____________________

Alejandro Cifuentes-Lucic © Texto original para Salto al Reverso / 2016.

Fotografía: «Detalle de cuello» cortesía de la autora vía @DulceDualidad.

@CifuentesLucic

@saltoalreverso

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5 pensamientos en “Dime dónde se esconde el amor

  1. Pingback: Dime dónde se esconde el amor — SALTO AL REVERSO. | Catalejo

  2. Veo que compartimos la pasión por el mar, pero la tuya supera la mía y por mucho. Resulta difícil elegir un verso por sobre otro en esta antología tan bella. Gracias por compartirla en Salto al reverso, Alejandro. Es un gusto tenerte de vuelta. Un abrazo.

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