La fiesta y Freud. Parte 1


20160613_114755

Era una tarde de jóvenes, y estaban cansados los bebedores de tanto exprimir el cerebro sobre pensamientos acerca del fin de la vida; en aquella fiesta de estudiantes, se dividieron por la casa los diferentes grupos. Según el guión de esta edad de jóvenes y fin de semana, la concurrencia acabó formando parejas. Luis asistió en la cocina a una escena deprimente que provoca el alcohol: una de las chicas norteamericanas de intercambio de estudios en la ciudad intentó beber un zumo de piña para aliviar la sed sin tener que seguir con un whisky más, no consiguiendo más que embadurnarse el jersey y la falda con el zumo. El fútil accidente debió provocar en la chica un agazapado sentimiento de culpa o recordar que algún chico no la había elegido a pesar de que era hermosa en bastantes sentidos, el caso es que comenzó a llorar en bajito como aquel que escucha cantar el gallo por tercera vez y cae en la cuenta de que se había prometido no volver a asistir a una de estas fiestas. Luis se acercó sin demasiadas ganas –hasta el momento solo estaba haciendo tiempo para cansarse y terminar despidiéndose de quien le había invitado– y llegó hasta ella para arreglar algo de aquella cuerda rota en el interior de la chica.

(Foto del autor)
Anuncios

Somos una comunidad, comenta y responde

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s