El reencuentro con Ricardo Molina (Reseña por Gema Albornoz)


Nota del editor: Gema Albornoz, autora de Salto al reverso, comparte en este espacio su experiencia como asistente y entrevistadora en el V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA, en Puente Genil, Córdoba, España, en el que se rindió homenaje al poeta Ricardo Molina. 

«El arte es una pausa, un encuentro de sensibilidades», afirmaba el escritor mexicano Doménico Cieri Estrada. Coincidir en el tiempo, y en el espacio, para ser testigo de ellas es tener la posibilidad de ampliar el mundo, el que nos rodea y el que se inicia en nosotros mismos. Durante los días 31 de mayo, 1, 2 y 3 de junio tuvo lugar una interrupción espaciotemporal en Puente Genil, Córdoba, España. Allí se marcó un paréntesis en el homenaje al poeta pontanés, Ricardo Molina, uno de los promotores de Cántico, el grupo poético cordobés en la posguerra española. La convergencia de artistas, flamencos, cineastas, de exposiciones biográficas y fotográficas, de investigadores y sobre todo, poetas y amigos, haciéndose eco en un nombre: Ricardo Molina. (Fig. 1)

Fig. 1: Cartel del V ENCUENTRO en Puente Genil, Córdoba. Diseñado por Adriana Manuela Ruiz Gómez.

 

Antonio Sánchez Molina (Fig. 2) cedió todo un conjunto de objetos personales de su tío abuelo, Ricardo Molina, entre lo que pudimos deleitarnos con el legado epistolario del autor, plumas, tinteros y su colección de revistas Cántico. Coincidir con él allí, en la presentación, donde dibujó un perfil de su tío abuelo desde la perspectiva más íntima, «hablando de su vida con rumor fugitivo»[1] fue poseer una acreditación de testigos únicos del momento.

Fig. 2: De izquierda a derecha: Antonio Roa, organizador del V ENCUENTRO, Antonio Sánchez Molina, sobrino nieto de Ricardo Molina y Esteban Morales, alcalde de Puente Genil. Cedida por: Antonio Sánchez Molina.

Aprovecho, ahora, para compartir mi entrevista con él.

¿Qué magnitud tiene que en este V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA se homenajee a su tío abuelo, Ricardo Molina?

Todos los homenajes son bienvenidos y, en el marco de este año tan especial en el que se celebra el centenario de su nacimiento, es el momento ideal, más aun viniendo de un colectivo de aficionados de la poesía como la Asociación Cultural Poética, lo hace aun más interesante. He asistido a algunos homenajes a mi tío abuelo, desde el que se le hizo en 2007 en Córdoba hasta el organizado en febrero por el ayuntamiento de Puente Genil. Quizá de carácter más académico, así como el que su instituto, el Séneca, le brindó a primeros de año, también muy emotivo por la presencia de profesores y alumnos del lugar donde pasó sus últimos años de docencia. Pero este encuentro lo ha tenido todo… poesía, aspectos académicos, música, baile, cine, exposición… y emoción a raudales. No tengo más que palabras de agradecimiento para todos vosotros, porque se nota que habéis puesto el alma para que todo saliera como ha salido finalmente. Y en especial, agradecimiento infinito a Antonio Roa, por su contagioso entusiasmo sin el cual estoy seguro de que nada de esto hubiera sido posible.

 ¿Considera necesaria la reivindicación de la figura de Ricardo Molina como poeta y flamencólogo en su pueblo natal?

Por supuesto. Aunque me dé vergüenza admitirlo, ya que hice la carrera de Medicina en Córdoba, yo no conocía Puente Genil hasta que fui invitado en febrero por el Ayuntamiento al I Centenario Natalicio, y me llamó poderosamente la atención la cantidad de menciones a mi tío abuelo en su pueblo… una calle, una plaza, un parking, una asociación de vecinos, la plaza Cántico con su árbol, y por supuesto, la biblioteca municipal. No se puede decir que no sea profeta en su tierra. Así que, ¿cómo no va a ser necesaria la reivindicación del poeta Ricardo Molina y del flamencólogo Molina en la tierra del insigne Fosforito? La muerte prematura de tito Lito (que es como le conocíamos en nuestra familia) hace necesarios actos y homenajes para difundir más su obra y hacer «justicia literaria». Espero que éste sea el inicio de una nueva etapa entre Puente Genil y Ricardo Molina. Lo corrobora el hecho de que el Ayuntamiento se haya interesado en la adquisición de su biblioteca personal. Pude visitar, de la mano del Concejal de Cultura, D. Pablo Alfaro, el lugar donde quedaría alojada en las instalaciones de la biblioteca, y no puede haber sitio mejor. Ricardo estaría muy orgulloso.

¿Qué criterio ha seguido para seleccionar los objetos personales para esta muestra expositiva «Ricardo Molina: objetos de la memoria»?

Me asesoré con Olga Rendón en los aspectos más literarios, haciendo ella la selección de las cartas y manuscritos. Los objetos personales los elegí yo mismo. En principio, fui un poco más restrictivo, pero a medida que iba catalogando iba aumentando el contenido, de tal manera que al final ha quedado la exposición más extensa que nunca se ha realizado. La selección de cartas y documentación relativa al flamenco me la recomendó Juan Domínguez Tocino, primo de mi mujer, que ha realizado un gran trabajo de catalogación, e incluso digitalización, de todo lo relativo a sus estudios flamencológicos. Aprovecho la ocasión para agradecerles públicamente su desinteresada ayuda. De todas maneras, lo expuesto es un botón de muestra del extenso archivo personal de Ricardo Molina porque era una persona que lo guardaba todo.

Haciendo un recorrido por la obra de Ricardo Molina, ¿cuál es su poemario favorito?

Sin duda, las Elegías de Sandua. Aunque soy más de ciencias que de letras, y nunca he sido un gran lector de poesía, he de confesar que cada vez que las leo, me enganchan más y más.

En su opinión, ¿qué elementos poseía la obra de Ricardo Molina para seguir en la memoria a pesar del «olvido»?

Una pregunta difícil de responder para mí, profano en la materia, pero cuando he escuchado a eruditos de la literatura y a poetas y lo comparan y ponen a la altura de grandes de la literatura como San Juan de la Cruz o Bécquer, creo que ahí tienes la respuesta. Escuchar estas comparaciones dan un poco de vértigo, y engrandecen la sombra de la injusticia literaria que cierne sobre vuestro ilustre paisano.

La Biblioteca Municipal «Ricardo Molina» era habitáculo para otra exposición (Fig.3) llamada «SERES DUENDE», donde Francisco José Sánchez Montalbán ha sido capaz de capturar mágicamente la esencia de diversos artistas flamencos granadinos.

Fig. 3: Salón de la Biblioteca Municipal «Ricardo Molina» donde se encontraban las dos exposiciones en este homenaje a Ricardo Molina.

 

Tener la posibilidad de visualizar el completísimo documental Cántico (Fig. 4) y poder escuchar, en primera persona, las explicaciones, tras él, de Sigfrid Monleón, su director y Antonio Hens, su productor, además en la compañía de Ginés Liébana, será otro de los momentos que deberemos guardar en el baúl de nuestra memoria.

Fig. 4. Proyección del documental «Cántico» dirigido por Sigfrid Monleón y producido por Antonio Hens.

 

Los momentos compartidos en el V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA tienen una cualidad mágica donde todos los temas que se tocan se transforman en expresión ilustradora y artística.

El buen tono de las veladas hacía posible la charla de sobremesa y el acercamiento a las facetas más fraternales y dignas de elogio de cada uno de los asistentes, incluidos los invitados de honor del evento. Entre ellos, Ginés Liébana (Fig. 5), pintor y escritor perteneciente al Grupo Cántico de Córdoba con el que tuve el inmenso honor de cruzar algunas palabras, anécdotas y la entrevista a continuación.

Fig. 5. Ginés Liébana con la inscripción de su nombre en una placa.

¿Cuáles son sus vínculos con Córdoba? ¿Qué tiene esa belleza tan poética y tan inspiradora, a la vez?

Ya está escrito en los manuales lo que es Córdoba. Yo no soy nadie para decir lo que es Córdoba. Eso está escrito en los panteones grandes de la historia y en los libros. ¡Vaya pregunta!

¿Qué ha conseguido con tantas obras y horas de trabajo?

¿Qué he conseguido? Pues yo no sé lo que he conseguido, pero lo que me sí ocurre es que me gusta, me divierte mucho trabajar.

En una de sus entrevistas a El País, habló sobre Córdoba afirmando que: «Todo eso está en el aire. Basta que tú tires del hilo». ¿De qué hilos tiró usted para llegar hasta Cántico?

Eso es una metáfora que me recuerda a Córdoba. La imagen de Córdoba, su acústica. Llegué de niño a Córdoba, me llevaban así, lo recuerdo [levanta los brazos hacia arriba, dando la mano a algunos de sus, entonces, mayores]. Lo que yo vi lo vi entonces, de alguien que me llevaba desde muy pequeño. Era muy pequeño. Pasé un tiempo en Córdoba, cinco años o seis años y ya en el 41, finalmente, me fui a Madrid.

Quisiera pedirle, en nombre de todos los lectores, que nos hablara sobre cómo era pertenecer a Cántico, de sus charlas, de su tiempo juntos.

Iba al Liceo de Góngora, en la Plaza de las Tendillas, y allí estaba Pablo García Baena que escribía ya romances. Yo los copiaba y se los mostraba a los demás diciendo: «Mira los romances que ha escrito este joven amigo». Porque Pablo no hacía caso en aquel momento, era «el desdén por el desván», una cosa muy cordobesa y me impresionaba la sobriedad de Córdoba, la manera de hablar, porque hablaban con la boca cerrada.

¿Qué destacaría de Ricardo Molina? ¿Cuáles son sus versos favoritos?

Lo de Ricardo iba más allá de su poesía porque tenía un talento, una memoria y una habilidad para recordar… Sabía todo de memoria. Lo recitaba siempre con ironía y con sentido del humor. Era un estilista. Además, todo con mucha sencillez; no tenía énfasis de nada. Hablaba con Dios como si hablara cualquiera.

 ¿Era un ser único tocado por Dios?

Era algo más, los dioses tenían envidia de él, entonces por eso se lo llevaron. Fue una cosa muy injusta, de verdad. La naturaleza tiene golpes…

En el extenso recorrido de su obra , ¿qué poetas han influido más en usted y sus creaciones?

Primero, Juan Bernier, Pablo [García Baena] y después, Ricardo [Molina], los tres. Bernier, por su grandiosidad mística y a García Baena cuando oí: «ángel mío, demonio, tentación en el aire»[2] y luego un poema que se llama Arca de lágrimas. Es que emplea un lenguaje de tal manera y yo por eso no lo uso nunca porque no me gusta imitarlo. No lo he hecho jamás; procuro huir del ruido natural y del adjetivo.

Usted se ha definido muchas veces con la palabra «activo». Estar en este V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA, ¿qué le ha ofrecido? ¿Qué se llevará de este encuentro — que para vosotros se convertirá más bien en un reencuentro?

He visto el entusiasmo que ha despertado y cómo se ha llevado en el tiempo el estar con gente que ni sospechaba yo que me iba a reencontrar en mi larga vida. Ha sido una cosa muy, muy interesante. Y hemos recordado, sin palabras, a Ricardo. Ha estado muy, muy bien.

 

A lo largo del día 1 de junio descubrimos la relación de Ricardo Molina con su pueblo, Puente Genil, su incursión en el mundo flamenco, así como la trascendencia de sus palabras incluso en el intercambio postal que mantenía con sus amigos y conocidos, a través de la presentación de la investigación, en dos tomos, de Olga Rendón acerca de los Poetas del 27 y el Grupo Cántico de Córdoba, para finalmente, tocar la Galaxia de Cántico de la mano de la magistral sesión expuesta por Luis Antonio de Villena, presentándonos a uno de los grandes poetas de Cántico a otros niveles.

En cambio, el día 2 de junio, tanto los artistas pontanos de Puente Genil, personificados en Cuadro flamenco «Tablas», la joven promesa pontanesa del cante, Álvaro Martín, la bailaora Rocío Moreno y el Grupo flamenco «Zyriab», o Soleá Morente, Curro Albaicín, Isabel Daza, Antonio Arias y David Montañés, mostraron su excelencia artística; siendo partícipes, en primera persona, de engrandecer el nombre de Ricardo Molina con sus reverencias flamencas, en el baile, en el cante, en el toque. Melodías que enaltecieron los versos y la persona poética del pontanés al que se rendía pleitesía en ese V ENCUENTRO.

Deleitarse con las actuaciones de la noche era fácil, por la calidad de los artistas que llenaron el Teatro Circo de efusivos aplausos y por compartir mis comentarios con otra de las invitadas de honor, María Victoria Atencia, (Fig.5) asombrosa poeta con la que pude intercambiar unas preguntas durante el almuerzo, al día siguiente.

Fig.6. Un grupo de asistentes a la presentación del número SIE7E de La Galla Ciencia, entre los que se encuentran Maria Victoria Atencia, Concha García y Javier Lostalé.

 

En un artículo de diario Córdoba, que trataba las jornadas literarias sobre Ricardo Molina, se recoge que en una mesa redonda usted recordó sus inicios y su influencia —cito palabras textuales—: «Para mí, Elegías de Sandua fue mi libro de cabecera cuando empecé a escribir». Haciéndome eco de esa cita, ¿cómo fue esa primera lectura de los versos de Ricardo Molina y qué provocaron en usted?

Pues es como si hubiera estado en un sitio muy hermoso, pero un poco cerrado y de pronto, se hubiera abierto una ventana enorme por donde me entraba la luz, el aire. Eso fue las Elegías de Sandua para mí, lo que me produjo. Fue la naturaleza que me entró a respirar.

Usted, junto a Pablo García Baena, Rafael León y Bernabé Fernández-Canivell, en la recopilación de Obra poética completa de Ricardo Molina, editada por la Diputación de Córdoba, ¿cómo se pusieron de acuerdo y qué resultó más difícil a la hora de seleccionar su obra?

Realmente no hicimos una selección, lo tenía hecho ya. Eran algunos que estaban en trozos sueltos, que no eran poemas. En él no se tocó nada. En lo que se mostró todos estábamos de acuerdo.

Menciono algunos de sus símbolos como son el faro y la paloma o un verso que me encanta como es: «Entre el suelo y el vuelo», además de su obra El hueco. ¿Cómo definiría su poesía? ¿Algún hecho que marcase la madurez en sus versos?

Lo que yo he escrito, lo que he sentido… en aquel momento dije aquellas palabras. Pero no podría explicar, ahora, aquellos sentimientos porque eran algo muy profundo. La poesía es inenarrable. Algunas veces, se dicen cosas que no entiendes y cuando pasa el tiempo logras entender.

Parece que la poesía va por delante.

Claro, muchas veces va por delante. Precisamente yo, hace unos días, he comentado con unas amigas que me preguntaron acerca de un poema muy bonito, que está grabado en el cementerio inglés de Málaga con un poema llamado Epitafio para una muchacha.  Ese epitafio lo viví, lo sentí y lo escribí cuando podía tener veinticinco años o así. Para mí fue impresionante y lo di. Con esas mismas palabras, pasan veinte o treinta años y muere una joven, para mí muy querida, hija de un amigo mío, y cuando me dijeron que había muerto vi el poema. Lo volví a ver. El poema y la muerte se habían avanzado veinte años en mi vida. ¿Cómo puedes explicarlo?

Me crucé con una frase de Pablo García Baena: para él, «María Victoria es la maestra de la palabra exacta» ¿Quién es para usted Pablo García Baena?

Si como poeta es grande, como persona querida y como amigo ya veis lo grande que es. ¿Un amigo en letras mayúsculas? La palabra amigo con letras muy mayúsculas. Él ha sido para mí, para mi marido y mis hijos, algo muy grande. Porque él es grande en todo, en la voluntad, en la amistad, en la poesía, en tanto y en todo.

He leído en su biografía que fue piloto de aviación. ¿Qué supuso este hecho para usted? ¿Con cuál de ellas ha volado más alto: con la poesía o pilotando?

Son cosas distintas. Una cosa la haces con el cuerpo, con la máquina, con la habilidad. Lo otro, es una cosa completamente distinta. Es el sentimiento, el corazón, la intuición, el desvelo, tantas cosas que luego se hace poesía, la poesía es inexplicable, como decía Juan Ramón.

Precisamente, Ricardo Molina en las Elegías de Sandua me enseñó a ver la naturaleza, a ver el paisaje, yo lo llevaba dentro de mí, pero al leerlo salió. La aviación me ayudó a ver los paisajes. Aquellos paisajes que había visto en pequeño; verlo desde arriba. Ver mi ciudad, ver los alrededores, los campos. Además mi ciudad tiene la cualidad de que hay mucho movimiento, igual en el mar que en lo alto de una montaña, el Torcal, Ronda o dentro del mar, donde he estado desde que nací.

Imagina que solamente he dejado de nadar hace dos años cuando cumplí ochenta y tres, porque ya pensé que no podía debido a las circunstancias.

A lo largo de los años se ha ido cruzando con distintas personalidades y estilos de poesía. ¿Qué ingredientes, según usted, debe poseer un poeta y cuáles debe mostrar en su poesía?

Mira, eso es algo que tienes tú que ver, vosotros sois los que tenéis que descubrirlo y decírmelo a mí. Sale de mí, son mis vivencias y lo que he arrastrado de todos esos poetas maravillosos que he leído. Como digo, algunas cosas no son ni mías, son cosas que vengo arrastrando de ellos.

¿Cuáles son sus sensaciones en este V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA? ¿Qué significado puede tener para Puente Genil y para la provincia de Córdoba, en general?

Las sensaciones son muy buenas, extraordinarias. Muy bonito. Está muy bien llevado por Antonio Roa. Y luego, sobre todo, el poder estar con amigos, poder charlar y tener contacto con quienes me ven ahora como una persona mayor, con humanistas, es algo que gusta mucho.

La mañana del 3 de junio, volvimos a reunirnos en la Biblioteca Municipal «Ricardo Molina», donde acudimos a la presentación del número SIE7E de La Galla Ciencia, la revista dedicada a la poesía que aglutina voces nuevas, y de renombre, a lo largo de su trayectoria de publicación.

Al salir de la Biblioteca tropezamos con las diversas placas, en el suelo, con el nombre de los componentes del Grupo Cántico al completo.

Por la tarde, nada más llegar, concluí mis entrevistas con broche de oro, al poder conversar con el exquisito poeta Pablo García Baena, cofundador del Grupo Cántico.

Fig.7. Pablo García Baena y Ginés Liébana conversando.

¿Qué temas de conversación eran los más frecuentes en sus reuniones con Ricardo Molina?

Cualquier tema menos la poesía.

Perdone mi atrevimiento, ¿cuándo conoció a Ricardo Molina y qué impresión tuvo de ese primer encuentro?

A mí me lo presentó Juan Bernier, a quien yo conocí antes. Y con él, un día nos encontramos con Ricardo. Fue una presentación totalmente casual. Luego fuimos intimando y llegamos a ser muy queridos amigos. Pero la presentación fue muy momentánea.

¿Qué matices esenciales os animó a formar Cántico y cómo se ganó el grupo el aprecio poético a lo largo de los años — porque ya conocemos que durante un tiempo es cierto que estuvieron manteniendo sus ideales dentro un contexto que no les favorecía?

La culpa no es nuestra. Es algo que pasó así.

[En ese momento, Don Ginés Liébana se acerca hasta nosotros y saluda a Don Pablo García Baena, presentándose como el «Conde Alberto» y unas carcajadas. Me quedo embelesada, mientras ellos sonríen y charlan, siendo testigo de este emotivo reencuentro. (Fig.7)].

Luis Cárdenas fue su seudónimo inicial con el que publicar artículos en la prensa local ¿Qué objetivo cumplía al publicar y por qué lo hacía con un nombre diferente al suyo?

Con ese nombre escribía artículos que era una manera de que te dieran un poco de dinero, por colaborar en periódicos. Todos grandes periódicos de Madrid como El español, La revista fantasía, es decir, no eran diarios de provincia. Pero quería separar la poesía de la prosa, entonces se me ocurrió poner el seudónimo.

¿Qué supone este homenaje a Ricardo Molina?

Estoy desde el año pasado, desde el dieciséis, que es exactamente cuando nace Ricardo. No nace en el diecisiete, sino en el dieciséis. Desde el principio del dieciséis, estoy dando la lata con el centenario de Ricardo. Aunque la verdad, es que se me ha oído poco, porque lo que he visto hasta ahora… lo mismo en Córdoba que aquí. Cuando lo hizo aquí el Ayuntamiento, en febrero, tenía un catarro grande y no pude venir. Pero no veo yo que haya mucho entusiasmo ricardista, podemos decir.

En este momento, ¿la poesía está sana?

La poesía es saludable… si se toma, como un medicamento, a sus horas y en su momento. No a mansalva. Verdaderamente, siempre hay en el día unos momentos para la poesía, como el que se echa unas gotas en los ojos. La poesía es, indiscutiblemente, un bien para cualquier humano que lo sienta y que pueda abrirle caminos nuevos, que seguramente él no espera encontrar en otras artes y sí, puede ser, que lo encuentre en la poesía.

Todas las intervenciones de la noche tenían un papel fundamental en este sentido homenaje al poeta pontanés, Ricardo Molina.

Comenzando en su pueblo, donde Ernesto Cáceres y el propio Antonio Roa, organizador del V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA, recitaron sus versos acompañados de Schola Cantorum, la Asociación Manantera de Puente Genil, que llenó el escenario de majestuosidad. Pasando por las presentaciones, de cada uno, de los participantes, en la voz del poeta murciano, Ángel Manuel Gómez Espada. Lecturas de afamados poetas como Diego Sánchez Aguilar, Javier Lostalé, Juana Castro y Concha García concurrían con diversas actuaciones,  intervenciones de Nameless, el pianista David Montañés y la soprano Ana María Benítez. Finalizando, magistralmente, con los más cercanos de Ricardo Molina: Maria Victoria Atencia, Ginés Liébana, Juan Antonio Bernier, sobrino nieto de Juan Bernier y Pablo García Baena, quienes intervinieron de forma estremecedoramente absorbente en el nombre de su amigo y compañero de Cántico.

Durante este V ENCUENTRO, la organización pudo reunir a un grupo de cineastas, fotógrafos, académicos, artistas, poetas, familiares y amigos de Ricardo Molina con un único objetivo: recuperar el nombre de Ricardo Molina y colocarlo en el lugar que le corresponde por méritos propios. Recordándolo en todas, y cada una, de las áreas de su persona, de su obra y de su vida. Quien asistiese a las actividades programadas por la Asociación Cultural Poética de Puente Genil, ahora conocerá a Ricardo Molina más íntimamente. Aquellos días no se volverán a repetir con el mismo encanto, ni ese mismo aroma de ramillete de rosas recién cortado, en palabras de Ricardo Molina:

 

«Muerta la flor, la flor que ama el amante,

muerto el amante, amado de la luna,

la luna queda -soledad colmada-,

flor, amante, recuerdo… »[3]

 

Después de ser admiradores de cada flor germinada durante las noches del V ENCUENTRO, nos hicimos amantes de la poesía de Ricardo Molina y ahora, nos quedará el recuerdo.

Comenzaba diciendo las palabras del escritor mexicano Doménico Cieri Estrada: «El arte es una pausa, un encuentro de sensibilidades». ¿Cuántas sensibilidades no confluyeron aquí? Una pausa subsistió, con nosotros, durante los días 31 de mayo al 3 de junio, y seguirá viviendo en el reencuentro con Ricardo Molina.

[1]«Ámame sólo como amarías al viento…»

[2] Verso del poema «Tentación en el aire»

[3] «Astro», Ricardo Molina.

 

Mi más profundo y sincero agradecimiento a los organizadores del V ENCUENTRO, así como a cada uno de los autores entrevistados.

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7 pensamientos en “El reencuentro con Ricardo Molina (Reseña por Gema Albornoz)

  1. Pingback: El reencuentro con Ricardo Molina (Reseña por Gema Albornoz) — SALTO AL REVERSO – Emociones encadenadas

  2. Increíble, Gema. Muchas gracias por la información, por las entrevistas y las fotografías y sobre todo por compartir esto en Salto al reverso. Me alegra que hayas tenido esta experiencia enriquecedora y la compartas con nosotros. ¡Un abrazo!

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    • Gracias a Salto al reverso, y en especial, gracias a ti, Carla, que como editora me has facilitado y ayudado a publicarlo. Cuando vi la programación del V ENCUENTRO, sabía que si conseguía estas entrevistas las publicaría aquí.
      Los sucesos narrados en la breve reseña de estos encuentros no sólo son alentadores para mí, es algo que todos deberían conocer y Salto el mejor lugar para hacerlo.
      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

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