The end of the word


Sobres de manila envejecidos por el paso de la historia desapercibida. Añejando memorias escritas, resguardando secretos, mensajes e historias jamás contadas por ausencia de coraje o falta de magia en el tiempo. Allí afuera, en aquellas direcciones que nunca fueron alcanzadas, yacen los selectos espectadores que fueron cuidadosamente elegidos por el destino para recibir un conocimiento único, y convertirse en portadores de la perspectiva secreta de emisores desconocidos.


Una madre escribe una carta a un hombre joven que repite un ciclo de desdicha casi todas las mañanas de sus días: se dice así mismo que el corazón no existe y en su lugar hay un órgano que regula la temperatura, fluidez y color de la sangre; una especie de termostato que se encarga de mantener la presión corporal de todos y cada uno de los elementos que nos mantienen vivos. Esta idea ha crecido en su cabeza y niega alguna conexión con las principales emociones de la vida, ya que todo se encuentra en nuestra mente salvaje, esa que, según, pocos podemos domar siquiera al 20% de su totalidad.

Existe un ámbito extenso de posibilidades inciertas en el que un alto porcentaje indica que el joven nunca leerá las palabras de la mujer, y desconocerá que alguien quiso ayudarlo a ver esa perspectiva ausente en su espectro reflexivo. Las palabras de aliento de una vida hacia otra, vagando entre puntos suspensivos sin una clara incógnita de si continuará o no el proceso de esa comunicación, de una palabra a otra, de un ser humano a otro.

Si un día cesara la necesidad de comunicarnos entre nosotros, seguro se marcaría el inicio del fin. ¿De qué exactamente? No estoy del todo seguro respecto a ello, pero sé de buena fe que la ausencia de palabras marcaría un destino mucho más definitivo que un punto y final al cierre del párrafo más largo (y denso) de todos; ningún par de corchetes sin expectativas de continuación podría igualar las marcas del mismo. Cada mensaje que embarca el viaje a otros oídos llega, así sea el resultado uno distinto.

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