Ladrón de corazones


Abre las manos —me dijo.

¿Por qué lo has hecho? —me dijo.

Si querías caramelos los pides —me dijo—,  y yo te los compro.

Pero era difícil explicar

a mi madre

que no los quería, que no me gustaban,

que siempre, al salir de la tienda,

los tiraba a la alcantarilla.

Era difícil de explicar el temblor, el pálpito, el miedo

que se mezclaba con el olor a café y pescadería

del mercado.

El pan el vinagre la melaza la salmuera la carne

y todojunto,

en ese momento,

me hacía morir y vivir hondo;

como eyacular dentro desafiando a la muerte.

Desafiándola… sí  <ja>

como el ruiseñor a la tormenta.

Es difícil explicar el abismo, la oscuridad profunda

que buscas

cuando cierras los ojos y besas,

cuando cierras los ojos y recuerdas

el olor de tu abuela,

el olor de tu tierra.

Dame la mano —me dijo.

Me has robado el corazón —me dijo.

¿En qué piensas? —me dijo.

Nada, en caramelos…

Anuncios

4 pensamientos en “Ladrón de corazones

Somos una comunidad, comenta y responde

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s