Artista erigido


Conocí a Gräfenberg el día de mi debut como trompetista en el Café Dublín junto con una compañera más habitual en esta plaza, que hacía el número del trombón.

No podía dejar de mover mis dedos sobre la barra de mármol del bar y dar coces contra la madera que la sostenía. La música iba acorde con mi pánico escénico. Era la primera vez.

Es curioso que conociera a este hombre el mismo día que enseñaba el arte de mi instrumento a un público que no conocía. Se acercó y me invitó a una negra haciéndole un gesto con la cabeza al camarero. Juro que no sé cómo, pero me la bebí de un sorbo. Al contrario de lo que creí, me puse aún más nervioso. El tipo me miraba con ojos de gato. No pronunció ni una sola palabra. Yo tampoco. La situación era absurda. Al fin, abrió la boca para decir que me relajase, que todo iba a salir bien, que mi trabajo duro daría esta noche sus frutos. Ganaría pasta, reconocimiento, todo lo que deseara. Una buena visión, pensé. Desconfiado, pero sin intuir sus intenciones, sentí como su mano se deslizaba por mi pierna hasta llegar a mi paquete.

—Para que te vayas calentando…, —me dijo.

—Pero, ¡¿qué coño haces?! —le solté apartándolo bruscamente.

—No levantes la voz, capullo, soy tu jefe. Esta noche no me puedes dejar mal, ya sabes… Así que, ¿por qué no empiezas a calentar motores?

Cuando acabó la actuación entre vítores y aplausos y con el jefe contento de cojones, rompí a llorar detrás del telón que ocultaba ya mi desnudez.

Vaya putada de vida, pensé. Vaya putada de vida…

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5 pensamientos en “Artista erigido

    • La libertad solo existe en nuestra imaginación, como la felicidad. Creamos algo que nunca alcanzaremos. Solo en determinadas circunstancias y/o situaciones podremos experimentar lo que se supone que significan esas dos palabras.
      ¿Soy libre porque tengo un trabajo? Pero, ¿qué trabajo? ¿Soy feliz? ¿Con quién, para quién?
      La masa se come al individuo que, como individuo, conforma la masa. Nos hemos montado la película de forma que nos tragamos nuestras propias mentiras, a sabiendas de que son mentiras, tan solo por experimentar de vez en cuando algo utópico, al fin y al cabo.
      Esto dá para hablar años.
      Mucho gusto.
      Saludos

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  1. Pingback: Artista erigido – Por el hueco de la escalera

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