Guía para elegir mujeres


Elegir mujeres no es cosa sencilla. Sea uno hombre, mujer, otro o nosabenocontesta, la elección del centro de esta circunferencia no es cosa sencilla.
Uno debe cuidarse siempre de imprevistos, como lo pueden ser un ojo levemente mal ubicado, una voz particularmente aburrida, un poco de fascismo entre las sienes.
Primero, uno debe tener en cuenta la certeza. Por esto nos referimos a, por supuesto, la ecuación de punto pendiente. Una vez usted tenga la certeza en la mente, debe preguntarle algo a la mujer. Lo que sea. Un buen ejemplo sería: “Mujer, ¿qué opina usted sobre la rugosidad que presentan los sapos en la panza?”. Si de la boca de la mujer sale algo que no sea la ecuación punto pendiente, usted deberá, muy a mi pesar, despedirse e irse rengueando. Si, por el contrario, la mujer de manera clara y sin ningún fallo, recita la ecuación punto pendiente, le recomiendo que huya. O se case, que es básicamente lo mismo.

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