Perder una amante


Si no respiras a través de la escritura, si no gritas por escrito

 o cantas por escrito, entonces no escribas.

Anaïs Nin

 

Hope, abrumada por los insistentes mensajes de Juan Machín, terminó por animarse a preguntarle:

—¿Por qué, Juan? Dime, ¿por qué insistes en seducirme? Tienes muchas amantes. Hemos sido amantes en otras ocasiones y, en cada ocasión, me dejas por alguna más.

En efecto, Hope y Machín habían sido amantes por temporadas. La primera vez, al poco tiempo de conocerse, después de que Hope le pidiera a Machín una dedicatoria en su libro de cuentos El amor, la muerte y el caos, diciéndole que adoraba su forma de escribir. Duró poco su aventura porque Juan contrajo matrimonio, pero, desde entonces, Hope era siempre la primera en recibir cada nuevo cuento que Machín escribía. Al cabo de unos años, Juan, recién divorciado, la invitó a salir a tomar una copa y después de regalarle su nuevo libro de cuentos, Juliana, te amaré por siempre y otros cuentos, la llevó nuevamente a su cama por unos meses. Cuando publicó Pili, fábrica de sueños, y otros cuentos fue la tercera ocasión en que se hicieron amantes. Antes de que se imprimiera Annus MMXX, Juan le escribió a Hope en numerosas ocasiones para que se reunieran, a pesar de la cuarentena por la pandemia del COVID-19. Ante la intensa y reiterada embestida de mensajes, Hope finalmente le soltó, directa, la pregunta a Machín: «¿Por qué, Juan, insistes en seducirme?».

—Está bien, te lo diré. Te confieso que puedo perder una amante sin problema. Incluso una amiga… pero una buena lectora, ¡nunca!