Blancas o negras


Foto por grstocks en Unsplash (CCO)

El tablero de ajedrez sobre la mesa, un juego sin empezar, y dos copas vacías.

—Hace tantos años que no hacía una partida con alguien.

—¿Y cuál era el motivo?

—Simplemente nadie aceptaba una invitación tan inusual. Cuando le decía a alguien que viniera a casa a jugar una partida de ajedrez, parecía que le estuviera proponiendo un acto de tortura.

—¿Blancas o negras?

—Lo echamos a suerte, como se suele hacer.

—Para mi es igual, como si no lo supieras. Me tocan las blancas.

—¿Más vino?

—Gracias.

—Pues como te decía, desde que estoy de baja médica, me he vuelto un experto en el ajedrez.

—¿Depresión?

—¿Cómo lo has sabido?

—Lo veo en tu mirada. Te toca.

—Pero yo nunca lloro.

—La gente piensa que la depresión se relaciona con el llanto constante, pero no. Bueno, no es solo eso. A veces llorar alivia más de lo que creemos.

—Hablas como un experto.

—Bueno, todos hemos tenido malas rachas. Jaque.

—Me han dado una medicación que me quita el sueño. Por eso juego tanto.

—Lo sé, a mi me pasa igual.

—Sé de muchos que se drogan, otros que se abandonan al alcohol, mientras otros, como yo, juegan hasta el cansancio.

—Digamos que en cierta medida, has tenido suerte. El ajedrez no es un juego en el que te puedas dejar la hipoteca, la pensión, o tu herencia.

—¡Ja, ja, ja!, y que lo digas. Ahora muevo yo, jaque.

—En el pasado eras un tipo divertido, sociable. ¿Qué ha ocurrido?

—Hablas como si me conocieras de toda la vida.

—Las fotografías que tienes en el salón me han revelado tu secreto. Y están a la vista de todos.

—Ah, bueno, sí, las fotos.

—¿Pensaste que te estaba leyendo el pensamiento o algo por el estilo?

—Eres una persona muy observadora. ¿Qué más has podido deducir de mis fotos?

—La nostalgia… Oh, perdona ¿tienes más vino?

—Sí, claro ya sabes dónde están las botellas… Decías algo de la nostalgia. Es fácil deducir eso, cuando alguien atesora con tanto empeño sus mejores recuerdos en imágenes.

—Y ese libro que tienes empezado en el sofá, La ridícula idea de no volver a verte, no ayuda mucho a la recuperación.

—Depende desde qué punto de vista lo leas. Tiene una parte histórica que me resulta fascinante. Además, la literatura es lo que tiene, si no te sumerges en el mundo de las letras, te disuelves en el hastío de la realidad.

—¡Vaya, lo dices como si caminaras al borde de un precipicio!

—Es cierto. Dime si a ti no te ocurre lo mismo. Muchas veces cuando lees un libro, o cuando eliges un libro, generas una expectativa sobre lo que te gustaría que ocurriera, porque pensamos que somos dueños de otras realidades, más que de la nuestra propia.

—Jaque. Ahí te doy la razón. ¿Otra copa?

—Por supuesto. Además, somos tan perezosos, que eludimos cambiar el curso de nuestras vidas, y preferimos imaginar que somos tal o cual personaje de nuestras novelas favoritas. Pereza, eso es lo que nos define. Nada más enfermizo.

—Si lo tienes tan claro, qué haces aquí jugando a solas. Jaque mate.

—Tanto hablar, me desconcentra. Lo más lógico es que gane contra mi mismo, no que pierda. En fin. ¿Qué me dices si echamos otra partida?

—Bueno, parece que tendremos noche larga, otra vez. ¿Otra copita?

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