Mi primera visita: Emilio


Un. Dos. Tres. Cuatro. Un. Dos. Tres. Cuatro. Un. Dos…

No. Tengo el pie cambiado. He empezado mal. Tercer paso con el derecho. Tengo entendido que este momento tiene que ser ceremonial.

Los cuervos se agrupan, picotean juntos el suelo, y salen a volar en distintas direcciones. Pero saben más que yo, y se están empezando a poner impacientes. Lanzan los primeros reclamos. Tengo que acelerar el paso. 

Y un, dos, tres, cuatro. Un, dos, tres…

Me detengo. No me ven. Me relajo. Uno de los cuervos se separa del resto y me atraviesa con su mirada mientras cruzo el puente. Me acaba de dar la señal de salida. Ahora me toca a mí, así que avanzo hacia Emilio, que sigue semirrecostado en el parque, agarrado a su cartón como último cordón umbilical con la Tierra. 5:43 horas de la madrugada.

La neblina que se veía desde el otro lado del puente, densa y amenazante, ahora es tan solo aire vaporizado. La llovizna helada empieza a caer, como un limpiaparabrisas de la realidad.

—Ya estoy aquí —le digo a Emilio.

Me acerco a él, que ya no se molesta en fruncir el ceño, porque lleva un buen rato rendido al sueño inconsciente. No ha sido tan difícil como pensaba.

—Hasta esta tarde. —Oigo por detrás de mí, con un gorjeo herrumbroso.

Somos una comunidad, comenta y responde

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .