Cero grados


Foto de Julie Sopetrán

Hay niebla en la clase,

hace frío.

Suda colores la hoja entre la escarcha.

Los pupitres se cubren de nubes.

Los números juegan a las parejas de a tres,

y son uno y seis

de un impar feliz;

y nació niña.

Son cuatro y tres con el uno y el nueve.

Siembran tiempo y se van de paseo.

El seis se quedó en el centro, soltero.

Sale el sol, mediodía a las tres.

El profesor se va a comer,

queda un trío con el uno y el dos.

Suena el reloj:

tres palomas vuelan, cinco gallos cantan,

una gallina escarba la basura en la puerta,

y así, durante el día los números juegan

al esconder cien.

Durante la noche se acuestan a mi lado,

acunan sueños.

Los ceros se quedan solos debajo de la cama

y por más que hacen el amor,

nunca se quedan preñados.

Juegan

a dividir, sumar, restar, protestar.

Sin conseguir el efecto

de la consecuencia.

No encuentran cantidad sin unidad

y se entregan al polvo

y vuelan por la niebla sin valores propios.

Hace frío,

aplauden:

tan solo cuentan grados.

Amanece: el juego hoy es de cero a uno.

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