#SALTOALAISLAMIENTO

Pensamientos de aislamiento – Klelia Guerrero García

  • Pensamientos de aislamiento

    Por Klelia Guerrero

    Desde niños aprendemos
    a otorgar significados
    a colores y enunciados,
    lo que oímos, lo que vemos,
    y a partir de eso «creemos».

    El negro entre los colores
    se asocia con sinsabores,
    con lo obscuro, con lo oculto,
    con lo ajeno, con lo inculto,
    ¡y hasta con muchos temores!

    Como eso, muchas cosas,
    por otros prediseñadas,
    nos han sido inculcadas
    como horrendas o grandiosas,
    ¡y de formas engañosas!

    Este #SaltoAlAislamiento
    del que ahora somos parte
    es espacio para el arte
    de crear un pensamiento
    que sea propio, no de cuento.


Amor en tiempos de aislamiento – Jonathan Díaz

  • Amor en tiempos de aislamiento

    Por Jonathan Díaz

    Presuroso, asomo a mi ventana, sintiendo esa distancia que nos separa, esa que nuestro amor ampara.

    Observo la lluvia, hablo con la brisa del agua misma que contesta:
    «Ya volverán las horas que aún restan».

    La distancia es inmensa, la veo lejana, pero… en este aislamiento solo el amor gana.

    Al caer la noche, cierro los ojos,
    escucho tu voz amorosa y encantadora,
    misma que me regala la primavera.

    Te extraño, y siento tu ausencia,
    añoro tu presencia.

    Entrelazáremos nuestras manos y daremos juntos un #SaltoAlAislamiento.

    ¡¡Urge que termine la pandemia!!


El anciano que miraba a la nada – Guillermo Orthiz

  • El anciano que miraba a la nada

    Por Guillermo Orthiz

    Antes de la pandemia, en uno de los incontables callejones de mi pueblo, solía encontrarme con una escena que me conmovía e intrigaba a partes iguales; veía a un hombre mayor sentado en una banqueta alta de hierro, al lado de una puerta de cochera verde, y frente a una casa de fachada de cal blanca. Se miraba las manos ajadas y temblorosas, como si estuviera esperando algo que tardaba en llegar. El callejón era tan estrecho que, si pasaba un coche, el hombre tendría que bajarse y retirar el asiento desde el que gobernaba el asfalto que lo rodeaba, pero eso no sucedía nunca. Me gustaría saber por qué estaba ahí, qué era lo que esperaba con tanta paciencia, y si realmente merecía la pena desperdiciar un tiempo tan preciado en sus últimos años de vida. Había veces en las que lo veía tallando un perro de madera. ¿Para un nieto, quizá? ¿O era aficionado a la talla de figuras? Durante la cuarentena no supe nada de él, y el día que nos dejaron por fin salir a la calle a dar un paseo, pasé por su calle, como de costumbre, pensando que estaría ahí, y que nada habría cambiado. Para mi sorpresa no me lo encontré. Pensé que era normal, que con su edad era más prudente quedarse en casa, y que sus familiares le habrían calentado la cabeza para que no saliera. Día tras día he pasado por esa calle, esperando encontrarme su cuerpo enjuto, atezado y delgado sentado frente a su casa, observándola. Sin embargo, una realidad cruenta y descarnada parecía haberlo engullido para siempre. ¿Y si…? No quise planteármelo. Dejé que pasara el tiempo, e incluso llegué a olvidarme de él.

    Ayer por la tarde iba por mi ruta habitual. Cuando llegué al cruce del callejón, al que ya me había acostumbrado a ver vacío, me encontré al hombre sentado en su banqueta, mirándose las manos. Sin saber muy bien por qué, me quedé parado, mirándolo, y el hombre, guiado por esa sensación de incómoda vigilancia, se giró y me miró también. Sus ojos llorosos me lanzaban unas claves que yo, por mi corta edad, no supe descifrar al instante. Acto seguido le aparté la mirada, intimidado, y me largué de allí. Llevo toda la mañana dándole vueltas a su mirada, a esa premisa desoladora que la encarcelaba, y he decidido no pasar nunca más por ese callejón; que el hombre permanezca inmortal en mi memoria, siempre sentado en su banqueta, esperando junto a la puerta de su casa lo que solo él sabía.


En libertad – Anauj Zerep

  • En libertad

    Por Anauj Zerep

    La luna presagia soledad infinita, es mudo testigo del ave que llora.
    Las zarzas maduran sus frutos y espinas.
    La noche silente acompaña el río y su murmullo, rompiendo el embrujo del ave que canta llorando su pena.
    Ave nocturna, has nacido libre y tus alas en pleno la luna cubrían.
    De tus noctámbulos ojos néctar amargo derramas.
    Has caído en los brazos que te acarician, sin imaginar el #SaltoAlAislamiento que tu alma daba.
    De sus besos y caricias cautiva ya vives, te has vuelto diurna.
    La jaula abierta está y, sin embargo, no puedes volar.
    Así pasarán los minutos, las horas, hasta los años.
    Seguirás deseando por las noches volar, de tus ojos una lágrima rodará al recordar.
    Seguirás cautiva en libertad, el amor no te dejará escapar.


Mirada salvavidas – ZarZas

  • Mirada salvavidas

    Por ZarZas

    Técnica: Acuarela (2020).


Mi deseo – Anauj Zerep

  • Mi deseo

    Por Anauj Zerep

    Es la una y quince de la tarde. El sol brilla en todo su esplendor; sus rayos dorados y cálidos acarician las hojas del árbol frente a mi ventana.

    Puedo escuchar en la lejanía el sonido de una melodía, o acaso es mi mente perturbada por el confinamiento al cual estoy sometido desde hace ya unos días, y que ha hecho estragos en mí.

    Entresalto las cortinas y persianas, puedo escuchar a mis hermanos decir en voz baja:

    —No es conveniente que Ricardo escuche cuándo llamemos a los paramédicos, Su condición ya es muy crítica, quizás pueda empeorar.

    No sé sí mi mente me está jugando una mala pasada o si es real.

    Lo cierto es que a ratos siento ahogarme; ahora mismo me siento confundido, no sé si sueño o si realmente veo el sol acariciar mi ventana, provocando este calor que me hace sudar.

    Hay algo dentro de mí, destruyéndome.

    Hace unos días yo era libre… y de repente mi vida dio un #SaltoAlAislamiento.

    Quizás algunos dirán que eso es lo peor que puede pasar.

    ¡No, no es lo peor!

    Lo peor es que mantiene confinados los abrazos y los besos. Es también estar mentalmente aislado entre los delirios febriles y la lucha por vivir; es extremadamente agotador.

    Mi mayor deseo es sentir la tibieza de un abrazo y la paz que brinda. Diecisiete días han pasado y pareciera que son siglos; tanto que mi alma solo anhela su preciada libertad, aunque tenga que morir.


Bambolean esas caderas – Jeanette Soria (Juanita Atoj)

  • Bambolean esas caderas

    Por Jeanette Soria (Juanita Atoj)

    Vuelve otra vez la cadera avispera, la reina del panal, que se mueve en círculos de pordiosera acostumbrándose a orillas cuadradas de las cajas estas de concreto.

    Allí postrada sobre el colchón, piso acolchonado, experimenta con las espirales que se suscitan en el centro de su tazón. Va de un lado al otro queriendo volcar el agua que circula entre tejidos, en lo profundo de su gravedad reposada que ha estado días como queriendo agarrar impulso.

    Ya se le ha olvidado qué es el peso al caminar de lado a lado. El mecanismo que ahora implementa con la gravedad que le afecta al costado es virarse desde la entrepierna y que sea así la concatenación la que le voltee por efecto, que sea más bien el tobillo que al darse la vuelta le provoque las cosquillas que le hagan ladear su frente y ver por fin a otro horizonte.

    Estaría igual desalineado. Y aún así desalineado, le haría soñar en mundos de lado donde el saltar se pudiera hacer acostado y el aislamiento fuera espaciado.

    La cabeza responde solo si la vibración le llega desde el centro. Intenta pues el temible miramiento, alejándose ya del control del movimiento.

    Confiando.

    Confía en que el repunte de sus extremos manifieste con seguridad, con la intención pertinente, a los demás soldados, como tantos grupos de obreros, que obedezcan a sus capataces, acaten la orden y viren mordaces. Prueba de nuevo el salto, el #SaltoAlAislamiento.


#SaltoAlAislamiento – Gema Albornoz


Fantasmas – Dramágico

  • Fantasmas

    En un #SaltoAlAislamiento se encerró en el ático de su hogar. Su mujer recién había muerto por un virus y su futuro hijo ya no iba a nacer. También le habían despedido del trabajo y el perro había muerto dos meses atrás. Como si fuera poca la desgracia, la cuenta del banco estaba en ceros y faltaba poco para perder la casa. Estaba cerca de que le cortaran la luz y ya no tenía agua.

    A excepción del ático, toda la casa le recordaba a ella. Para él, el ático era un lugar tenebroso y oscuro lleno de demonios y fantasmas. El ático era el peor lugar para estar, pero era el único en el que no estaría solo.

    Los demonios no se hicieron esperar. Copiando la voz de su amada, le pedían directamente al oído que la alcanzara. Le pedían que fuera listo y que se reuniera con ella. Le chantajeaban y le prometían amor en la otra vida.

    Cinco días aguantó sin comer y sin beber ningún líquido. Cinco días de martirio autoinfligido. Cinco días de escucharle decir a su difunta esposa que le extrañaba. Cinco días de responderle que él también.

    Siete meses después, cuando la normalidad llegó a las calles, y siempre después de las dos de la mañana, se les podía ver por la ventana del ático bailando charlestón. Se veían alegres y felices. Enamorados. Cada noche con ropa distinta, pero siempre la misma canción.

    Nunca vivió en paz. La muerte le reconfortó. Él fue desdichado hasta la muerte, y feliz hasta siempre.


Eternamente – Empar Boix

  • Eternamente

    Por Empar Boix

    Técnica: Acrílico sobre lienzo e intervención digital.


Sin aliento – Melanie Flores Bernholz

  • Sin aliento

    Por Melanie Flores Bernholz

    Y ya no sopla el viento
    bajo el blanco de los cielos
    que arrase del arte el cimiento.

    Y ya no hay descubrimiento
    sobre el oleaje de los mares
    que conlleve al arrepentimiento.

    Y aunque así sea,
    ¡sálvese quien pueda!
    Que el que dé un #SaltoAlAislamiento
    sin aliento se queda.


Salto del delfín – Fabio Descalzi


Olvidando el aislamiento – melbag123


Nuevos astronautas – Verónica


Creencia – Dramágico

  • Creencia


Imagen de fondo: Pink flower, por Natalia Y en Unsplash (CC0).