Otro día será


—Entonces —me preguntó—, ¿a dónde va el día cuando se acaba? Si es tan grande para iluminar todo el mundo, ¿cómo hace para desaparecer tan rápido?

No —le respondo—. No desaparece, solo cambia de atuendo. De noche se viste con un manto oscuro, pero al amanecer se engalana con la claridad del cielo, del sol o las nubes.

—¿Significa entonces que siempre es el mismo?

—Pues sí y no.

Me quedé con la respuesta a medias, porque no sabía cómo continuar con mi relato. Era verdad. Un día era un recurso para medir el tiempo, y éramos nosotros, los seres vivos, quienes transitábamos por él, movidos por la rotación del planeta. Muchas veces en mi vida me he detenido a reflexionar en esta misma idea. Así que me quedé meditando el final de la respuesta.

Observé, además, que me miraba con incertidumbre, pues no estaba del todo convencido de mi fugaz explicación.

—¿Y por qué…?

«Agárrate, porque esta pregunta tiene pinta de ser más audaz aún», me dije a mí misma.

—¿… por qué, si el día siempre es el mismo, celebramos los días pasados, como el día de nuestro cumpleaños?

Mis argumentos se derrumbaron con semejante razonamiento.

—Verás. El día es como nosotros. Somos los mismos, pero diferentes. Entonces el día en que naciste, o el día en que nací yo, fueron momentos especiales del día, tan especiales, como cuando tú y yo estamos de buen humor.

Y así, eludiendo mi definición nada científica del día, vencido por el cansancio, me ha dicho que le gustaría quedarse despierto para ver cómo cambiaba de atuendo el día. Me dio un beso de buenas noches y cerró sus ojitos para dormir.

—Sí, otro día será —le dije despacio, mientras salía de puntitas de su habitación.

Si no despertamos


Si no despertamos más

que sea después del éxtasis

en medio de un sueño

unidos los dos cuerpos

hasta desintegrarnos.

Si no despertamos

que sea después

de atrevernos a hacer

o deshacer quimeras

y aferrarnos a lo posible

de lo imposible.

Si no despertamos

que por lo menos

hayamos regalado

una sonrisa

y dos o tres abrazos

desquiciados.

Si no despertamos

que sea después

de una buena noticia

antes nunca.

Calle de la soledad


 

A destiempo


Cuando era niña

no entendía qué era un magnicidio

ni sabía lo que representaba una guerrilla

en pleno siglo XX.

Tampoco existía en mi imaginario

la balanza comercial de un país

y los tratados comerciales.

 

Cuando era niña,

en el anverso y el #reversodeltiempo

la memoria lo cambia todo;

antiguamente los médicos pensaban

que las sangrías lo curaban todo

después de años y años de sangrías

—en absoluto terapéuticas—

espero que México se cure pronto,

muy pronto.

 

Como de la familia


Crujen las ventanas, crujen los muros. Cruje la casa. Se contrae y se dilata como Alicia, pero no es un cuento. Cruje tan fuerte, como si se rompiera algo. ¿El silencio? Nicolai lo percibe en sueños y se despierta. Sus ojos me preguntan “mami, ¿qué ha sido eso?”. Yo pienso que lo que se rompe es la realidad. Un vistazo a través de la ventana me revela lo contrario. No, la realidad no se quiebra. Al menos, todavía no.

Es posible que la grieta que está en el salón sea producto de semejantes altibajos en el estado de ánimo de esta casa. Cualquier día de estos, la grieta también se ensanchará y nos abrirá otra dimensión. Si es lo suficientemente grande, tal vez pueda explorar en su interior, con suerte hasta encuentre algún tesoro oculto.

Me pregunto si crujirán igual las casas de la gente que vive en climas glaciares, cuando el hielo comienza a derretirse, con ese ruido que te hace pensar que algo va a reventarse.

Cuando hace esos ruidos, imagino a la casa desde fuera, contorsionándose conforme va aumentando o disminuyendo la temperatura, como un gigante que se estira después de despertar de un largo sueño.

Al principio, cuando la casa crujía, se generaba cierta tensión en el ambiente, como esa especie de temor a lo impredecible. Pero nos hemos ido familiarizando con esos estrépitos repentinos. Ahora forman parte de este ecosistema que consideramos nuestro hogar. A veces intentamos interpretar, según la intensidad del crujido, lo que nos quiere decir la casa: si está eufórica, si tiene frío, hambre, si está aburrida e incluso si está enfadada. Sin embargo, poco podemos hacer para satisfacer sus ímpetus, excepto escucharla. Aunque por esta sencilla razón, es una afortunada, no cualquiera presta tanta atención a su casa, como si fuese una más de la familia.

Dudas existenciales


Enriquito me preguntó

dónde se guarda el sueño

le explico que en la panza

por eso cuando entra la comida

sale el sueño.

O en la cabeza

pues a menudo la gente dice

que le pesa la cabeza de sueño

tal vez porque se expande

durante la noche

y se contrae durante el día

para dejar paso a los pensamientos

como hace el universo.

Quizás en la boca

por eso de vez en cuando

deja escapar un bostezo.

Realmente yo creo

que el sueño se guarda en el sueño

así que me voy a dormir.

Todo el amor del mundo


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Foto: ahuanda

Tan pronto asoma tu cuerpecito

vienes a mi

con todo el amor del mundo

tu pequeñez me inunda

y aquella inmensidad se resume en tu mirada:

Somos todo.

Todo el amor del mundo

destila de tus grandes ojos

en una botella de sueños.

Todo el amor del mundo

lo moldean tus manos pequeñas

tu primer descubrimiento

entre tantos futuros.

Todo el amor del mundo

lo acapara tu sonrisa

franca e infinita.

Así

como si todo el amor del mundo

bastara para definirte.

Y aunque transcurran décadas

todo el amor del mundo

fue y será de nosotros.

Porque de una energía vital tu vienes

de la alegría, las risas y los abrazos

vienes

de la dulzura, la nobleza y el calor

vienes

de las noches de luna y estrellas

vienes

de la lluvia y la tormenta

vienes.

Todo el amor del mundo

porque tu sabes tanto de él

como de la vida.