Lo imposible


ciervo2

A veces

nos obstinamos en

querer cambiar

lo imposible.

No entender la naturaleza

del otro ser;

como si un ciervo

quiere explicarle al lobo

que puede vivir

sin carne.

lobo

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Negativo


negativo

Ventana, puerta, habitación…

quiero decir, el espacio cóncavo del cuenco.

La materia negra entre las estrellas.

Los huecos

que dejan las hojas en el árbol como

una foto en negativo.

Vacío de infinitas posibilidades

del no-existir.

Imagina: una flor así de grande.

Imagina: un universo de síes.

Lugares por donde no pasan caminos

son

caminos a cualquier lugar.

Las no-palabras que no te supe decir.

El amor que por amor dejé pasar

durará siempre.

Etéreo


A paso

lento, muy lento

nadie sabe.

Al lado de los grillos desaparece

—exactamente—

sobre el tilo en flor donde

las ideas se hacen espesas y lisas.

Justo ahí, se abandona, y

casi pertenece

a la máscara en los bosques que tocan

al mar

y lo llevan consigo.

En las montañas habitan pasos.

Los monos abren el aire y el agua

donde lavar su conciencia

(según la ciencia de los mosquitos).

Y así, la gota

se desliza sobre la piel

del animal herido

y se confunde con

lágrimas

que brotan de los ojos de los borrachos

al contemplar tanta belleza

lloran

En seguida, se bajan los cierres de los bares

alcanzados por los bordes de la claridad

a la que sucumben las joyas.

Entonces

da un salto grande demasiado

grande al abismo.

Y

apenas

roza por un  momento

—etéreo—

el olor de la alegría.

La sombra


Han vuelto las golondrinas.

En un vuelo

—casi rasante—

pasan junto al jardinero

que

trabaja con el cortacésped.

Tac tac tac tac

Los insectos saltan huyendo

de la máquina

—en todas las direcciones—.

Luego

sucede una sombra.

Veloz.

Voraz.

Y desaparecen.

Yo he logrado escapar corriendo.

Mis patas tiemblan todavía.

Solo


La noche y la soledad son hermanas.

Y la única luz que espera en casa encendida es

la de un frigorífico vacío o la de un microondas loco

que gira

que gira

dando vueltas a mi cabeza precocinada.

 

El silencio

y la soledad son hermanos.

Y la única voz que me da la bienvenida

es

un televisor con noticias siniestras

o la radio

con canciones que se repiten

una vez

y otra vez

el mismo día, a la misma hora,

miércoles y fines de semana alternos

como un disco rayado por la uña trágica de Ella.

Sí, lo sé, —no digas nada—

todo esto lo hago para no escucharme;

lo hago, para no oír la voz de mis pasos que aún descalzos

gritan:

“Estás solo”

Soy el rumor de una habitación sin cortinas.

Soy la

g

o

t

a que cae al fregadero.

El tic tac

de una noche en vela.

Soy el brazo dormido. Soy

un eco de mí mismo que se apaga.

 

La soledad y yo

somos hermanos —casi amantes—.

Y paso largas horas hablando con Ella

(como una beata pecadora con su rosario) en silencio;

en una letanía que a veces deja escapar

una palabra (en voz alta),

por ejemplo “ azul” o “cerca”;

que suena tan extraña como dicha

por otro,

como la nota que se escapa al aire

y la canción de la fiesta

sigue sonando en la cabeza… (hasta la locura)

Entonces, en esa otredad

—en esa otra casa—

descubro y confundo la realidad

y como un microondas —perdón— como un loco

grito en la oscuridad : “Ella”

Sólo la tienes a Ella.

Sólo a la soledad.

Sólo. Solo.

Retales

Retales


  Vidriera hecha con «retales» de otra vidriera destruida durante la Primera Guerra Mundial, que se encuentra en la sala capitular de la Abadía de Fontfroide, en Narbona, Francia.

Ahora


Ya no sé muchas cosas
pero todavía
sé que tu color preferido es el morado
y tu libro Los Miserables.

que siempre que ponen Willow en la tele
la ves y ya
has perdido la cuenta de cuántas
                                          veces
la has visto;
que andas como un pato, un patito de esos
“de feria” que vendían cuando éramos niños
y te distinguiría por tu forma de andar entre
cien personas o más a un kilómetro;
que tu tío preferido, también era feriante, y te llevaba
en un caja fruta cuando eras niña y tú te imaginabas ser
una lechuga;
que te gustan los animales. Todos. Y muchos
caracoles te deben la vida;
que por culpa de unos petardos
se os perdió una perra y todavía andas
buscándola en sueños.

que llevas, casi siempre, las gafas sucias
y muchos calcetines con tomates y calzas
el número 36 y medio y juntas las manos cuando estás triste y
la felicidad te sabe a judías verdes y duermes
del lado derecho de la cama sobre tu lado derecho hecha
un bicho bola y yo
te abrazo por la espalda como
si fuéramos dos cucharas hasta las doce
o más… Sin prisa.
Pero hoy
ya no recuerdo dónde
he aparcado, ni qué he comido y mañana
 
sólo habitaré en la niebla
 
-como cuando te dejaba mensajes de amor
en el espejo del baño
para cuando salieras de la ducha-
 
Sssshhhhh
                     calla.
                               No digas nada. Ya sé…
Y ahora sonríe.
Sonríe ahora. Vamos a ser felices
ahora,
en este instante, que nos hacen una foto…
CLIC.