Cadenas y suspiro


Amanece y el rostro incoloro

se cubre de dudas por este nuevo día;

desteñida la tez

y la piel destruida,

buscan abrigo en la oscuridad hambrienta.

 

La vida que acontece en castigo

sin piedad le mantiene en una ruina,

la luz solar no le alcanza

apenas la carne acaricia,

y la mantiene en supervivencia errante.

 

Cómo se prolonga el sufrimiento

la voz derrapa en los ecos del sonido,

el cansancio ya no tiene algún concepto;

el mismo hombre sabe que no hay remedio.

 

Panacea universal

auxilia una vida para que pueda brillar;

el futuro perverso se apodera

de un cuerpo humano que no ríe;

no siente,

no goza,

no llora.

 

En l’interieur yace la lúgubre verdad de un vacío,

un clavado embocado no es el ideal destino.

 

Ama’de Darïku


¡Corre! Huye a prisa del fuego danzante, la multitud moribunda conspira por tu muerte condenada sobre la llama ¿Contra qué símbolo de la verdad mundana arremetiste ahora? Debes aprender que con el pueblo conservador has de comportarte con cuidado, hasta el más sencillo argumento o acción puede despertar en ellos una revolución defensiva con extremismos y fervor agresivo.

Las montañas oscuras donde los peligros abundan, hacia allá te diriges en búsqueda de resguardo; un lugar seguro en medio del misterio… los árboles turbios danzan entre sí, susurran secretos que a tu oído ponen tenso y a tu cuerpo lo hacen sentir denso. Pero no te dejas ceder al miedo, aguantas el frío y miras con lujuria el tesoro que has hurtado.

El pueblo te busca, te has robado su más sagrado artefacto. Los materiales con que está hecha tal reliquia son de origen divino, recursos no renovables que solo se ven una vez cada milenio; forjados por algún súbdito de la realeza desconocida, de la más alta sangre y con aros de luminiscencia sobre sus cabezas. Cabeza, lo que la gente reclama de tu errante humanidad, la audiencia quiere justicia, sangre y pedazos de carne para a sus propios demonios calmar.

¿A dónde te has llevado las Sauditas del altar?

Dicen en el pueblo de Badusa que el dios DerPa’h descendió desde lo alto de la montaña hace 200 lunas atrás, traía consigo el fuego original, aquel que nace justo en las profundidades rocosas del mar; en una mano lo sostenía sin sutileza como si el mismo brotara de su interior; en la otra mano cargaba el agua fosilizada del espacio, la energía más pura que cualquier mortal haya visto antes en su vida mortal y espiritual.

Ambos recursos de alta potencia era tan poderosos como delicados, así que, como siguiendo un plan trazado por alguna entidad superior, DerPa’h los depositó juntos en el gran florero Agros, ese monumento natural tallado en piedra y recubierto con plata, que honraba a los vivos que habían pasado al mundo intermedio. El dios mezcló los ingredientes con la tierra, y decretó que la energía brotaría de una nueva fuente de vida.

Así fue, durante muchos ciclos terrestres. Y así continuará siendo. Todo está en tus manos, Ama’de Darïku. El pueblo habla desde su furia pero no entiende tu propósito y todo lo que arriesgas.

Te conocerán como el ladrón de flores, pero en realidad eres el portador del fuego vital. La real energía que, junto al néctar del agua fosilizada, lograrán crear un nuevo mundo, alejado de la química destructiva a la que se dirige el humano rebelde, que no tiene causa y por eso se rebela, atentando contra sí mismo, sin fin aparente.

Que arda la tierra antigua, y un nuevo mundo pueda surgir…

Ama’de Darïku.

 

La brújula


El péndulo de la bondad,

guarda la guía segura hacia el pasaje secreto;

aquél que yace invisible ante el ego,

y se presenta sincero frente a los corazones nobles,

los que con su fuego interno ya se vuelven de acero.

Mientras la tierra continúe girando sobre sí misma,

y los imanes mantengan un ritmo seguro y cambiante,

las razones para quedarme de pie,

esperando que la gravedad me haga libre…

serán cada vez más escasas.

El eco de tus palabras interfiere con las vibraciones,

la dirección de tu brújula ha cesado de marcar el norte;

ahora vas al oeste donde las nutrias vuelan,

las ballenas caminan,

y la tierra gira en dirección contraria,

pero aun así es la correcta.

 

 

Dragón azul


Esencial.

Tu esfera,

que brilla fuerte sobra la acera,

los alrededores le restan a tus colores,

y encandecen de furia a tus emociones interiores.

El gatillo. Ese que oculta su existencia bajo la oscuridad de tus fosas nasales,

en ellas vive el fuego,

intenso y mortero.

Un cúmulo de azufre en tus pulmones

hace que tu respirar duela,

la sangre arde más que las escamas de tu piel poderosa,

causas miedo…

porque ya no respiras ni exhalas pasión, eres solo furia encadenada en la frialdad de los ojos dorados que porta tu azul pigmentación.

Bríndame calor,

elimina todo rastro de mí, dragón.

Permítame, se lo suplico,

el último honor de arder azulado.

Sable


Hoy encontré pedacitos de papel regados por tu habitación del tren.

Ha pasado día y medio, pero aún no llegamos al destino propuesto.

Parece un sueño y algo me dice que no todo anda bien…


La espera


Vivo por la ilusión de que algún día termine la mentira voladora y caiga el filo de la realidad sobre mis pies.

Cortando la soga que me mantiene a flote, y las cargas de vida que me obligan a ponerme de pie.

Un yunque de papel orbita sobre mi cabeza. Son responsabilidades, los exámenes y tareas que dejé a la mitad por asuntos de pereza.

La guerra contra mi enemigo no aparenta solución venidera…

El sable de la imaginación me cortará por distraído, y la canción que me guía dejará un silencio entristecido.

Aferrado a los libros, las historias sin inhibidos… me despido.

Realidad o fantasía, no estoy apto al desafío.

 

Obelisco


Desde las olas del mar hasta el borde del precipicio en la punta de la montaña, así pesa el escalofrío de una presencia no identificada precipitándose con una velocidad incalculable al portal del hogar que te pertenece.

La falta de seguridad resplandece con ánimos de socorro, las llamaradas de bengala no atraen ni a los carroñeros más curiosos y el temor se apropia deliberadamente del momento.

Sollozos con marca de desesperación empiezan a brotar de tu íntegro y valiente ser, dejan el orgullo atrás y descienden hasta un nivel de inocencia que no te deja pensar, solucionar. —¿Qué prefieres hacer ahora?, te pregunta silenciosamente tu consciencia. La criatura que te espera detrás de la puerta que te “protege” no es más que otra tarea que tú puedes vencer, parece imposible… Lo sé. Pero ¿acaso no has logrado combatir con 10 males comunes al mismo tiempo, que superan esta calamidad desconocida? —Yo, sencillamente no puedo. ¿Qué es eso que está gritando afuera? No tengo ni idea, no poseo espada ni luz de escudo para defenderme, solo deseo huir, ¿o acaso no lo entiendes?

—Las soluciones no son despachadas, la adrenalina sube al borde de tu armadura de carne pero no la aprovechas, se disuelve como la estrella que pestañea frente a ti antes de morir. Si decides quedarte al borde del precipicio o luchar entre las olas del océano en plena tormenta, solo te pido que no desfallezcas. Tú puedes sobrevivir un poco más, está en tu fuerza.

La habitación del elefante


*Sube y baja* Muriel y Cristal juegan en un barandal sin pensar en las altas posibilidades de una caída premeditada, Carlitos Leal salta enérgicamente sobre el trampolín del jardín que tiene agujeros en todo el centro; la señora Marvina se quita la ropa antes de bañarse en la piscina inflable que está en la terraza de su casa. Y yo, inmerso en una obesidad casi irremediable, con un fiel y asfixiante escudo de grasa que me protege de todo mal, a diferencia de la debilidad que a todos parece representar, al menos en términos de fisiología… yo te aplasto si no me das comida. Sencillo, ¿verdad? Pues no es así de verdad.

Soy un elefante, no un mórbido rinoceronte babeante. Es algo ofensivo lo que digo, pero el desalmado me ha amenazado con quitarme la habitación que por derecho me he ganado. A la defensiva no me la paso pero a veces hay que lanzar el colmillo para mantener el espacio personal despejado, es que hoy en día a los elefantes no respetan muy seguido, siempre acusados de generar incomodidad cuando finalmente a otra habitación pasamos pero luego no podemos salirnos con facilidad.

¿Qué es lo que ves cuando yo estoy presente?

¿Qué vista te obstruyo cuando solo quiero ser parte de los regentes?

¿A qué le tienes miedo?

¿Qué todos vean lo grande de tus mentiras pero lo pequeño que en realidad eres?

Yo solo soy un ejemplo, un punto de referencia que ocupa espacio y aparentemente, tiempo.

La memoria de un paquidermo nunca olvida, pero tengo suficiente inteligencia emocional para darle cero importancia a tu desdicha personal. No la tomes mal conmigo, estar consciente del elefante en la habitación es bueno, significa que aún no estás perdido.