Belleza


Concepto dulce
de lo que ya no tengo,
de lo que ya perdí.
Palabra que guarda,
en tres sílabas y siete letras,
la compleja subjetividad del ser humano.

Belleza que llega y de a poco se aleja.
Término excelso que induce mi mente.
Siete letras que me abruman.
Palabra dulce, que me acalla.

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Azul Atlántico


Tan azul y tan afable,
así es tu imagen práctica y disoluta,
azulada y trasatlántica.

Místico manto de aguas prístinas que conjugan
tranquilidad y hermosura
y que con sus insípidas olas
se muestra más afable y más tranquilo
que el mismísimo Pacífico.

Y, sin embargo, esa es tu historia vivida
entre corrientes submarinas
que arrecian a los navegantes.

Agua prístina y azulada en compacto, con el cielo,
desde América, hasta África y Europa,
nadie se desliga de tu prominencia y compañía:
azul Atlántico.

«Playa de Patamares, Salvador de Bahía (Brasil)», fotografía por Alejandro Bolaños.

Extraño amanecer contigo…


Salvador de Bahía, marzo 16 de 2018

Extraño tanto, hermosa de mi vida, amanecer contigo,
mirar absorto tu aquietante y desmesurada belleza,
palpar la fragilidad y la sagacidad de tu cuerpo desnudo,
tan místico, deslumbrante y audaz, pero tan sereno.

Extraño las caricias que entre dormido me das
cada vez que abro mis ojos y se acelera muy elocuente mi corazón.
Extraño mirar tu rostro y desinhibirme con tu dulce semblante.

Extraño amanecer contigo
y con tu cuerpo entrelazado al mío.

Extraño tanto, amor mío, amanecer contigo…

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«Amanecer en Patamares, Salvador de Bahía (Brasil)», fotografía por Alejandro Bolaños.

Situado


Situado en un punto álgido y extremo del amor
no lo vivo, no lo sufro, pero lo disfruto.
Situado en un lado áspero y sugestivo del instinto sexual
no lo comprendo, no lo aprecio, pero lo gozo.

Situado en la parte íntima de la efímera depresión
no la aborrezco, no la conservo, pero la siento.
Situado en la realidad agobiante de la traición,
no la distingo, no la asqueo, pero la conservo.

Situado en la conclusión flagelante que difiere
mi realidad de la tuya, digo de tu traición y mi dolor,
comprendo que fue repugnante la realidad que me hiciste vivir.

Situado entre el dolor del amor y el dolor de ser amado
y de haber amado, finalmente termino asimilando la situación entre
el placer de amar y de ahí en más avanzar al dolor por amar.

El poeta…


Para el poeta, expresar y escribir sus líneas
es una tristeza, un sufrimiento. Pues, esa triste alegría
y ese dulce sufrimiento, lo goza, lo vive, lo siente
y lo enfrenta en la vida y en el amor, sin poses, tal cual.

Sin miedo a sentirse más solo que el mundo,
con una alegría entre pecho y espalda, algo que asfixia,
algo reprime, algo como una alegría muerta más o menos.

El poeta vive la vida y la muere al instante,
se levanta nostálgico y se acuesta alegre.
Revisa páginas y recuerdos en los que transcurre su vida.

Escribe diáfanas sentencias de amor, versos de rabia,
líneas de dolor y formas escabrosas de maleable pasión.
Conjeturas locas que le da por escribir,
para encomiar y evocar su existencia y la vida misma.

Quiero regocijarme en ti


Sobria y escueta mirada que solo ama,
esbelta presencia que atrae,
belleza innovadora de vida,
cuerpo frágil de mujer.

Estética dulzura que solo gusta,
estática y exquisita hermosura,
deliciosa ternura que me enloquece.

Encuentro en ti inspiración
que solo pide versos de dulzura,
de aquietante y dulce simpatía que me abruma.

Solo quiero regocijarme en ti, mujer,
en tu delicadeza, en tu exquisita y libidinosa pasión.
Solo quiero regocijarme en ti, en tu belleza,
en tu sonrisa exótica, en tu frágil y excitante cuerpo.

Amor, dónde estás…


Dónde estás amor, te siento tan cerca y no te veo.
Vos que siempre me quieres y me requieres,
para darme un golpe rústico y suicida de pasión y desolación
y luego atrincherado, caer rendido
ante tu fatídica conspiración de aquello que llaman felicidad.

Dónde estás amor, por qué huyes de mí.
Me dicen que no te busque, que te espere
porque tú debes venir a mí.
Tal vez estás en tamaño racional, sencillo e irreverente,
de la presencia más dulce o de la figura más escueta de una airada mujer.

Dónde estás amor, tal vez ya pasaste y no te vi y peor aún, no te sentí.
Tal vez me engañas y nunca vienes a mí. Tal vez solo viví una parte de ti.
Pues sí, aquella donde una efímera situación me invade,
donde prevalece la insolente desesperación
de no tenerte aquí, de no sentirte en mí, amor…