Soldados desechables


«Soldados desechables», por Blacksmith Dragonheart.

Cierto día, se decidió que los seres humanos no podrían ser obligados a pelear en una guerra. Esta ley, que se volvió prácticamente mundial, llevó a los gobernantes a replantear sus estrategias bélicas. Cada país empezó a crear laboratorios de cría selectiva utilizando úteros artificiales para producir suficientes ejemplares como para reemplazar a sus soldados humanos con soldados quimera. Un soldado quimera consistía en un ser que tenía, en parte, el mismo genoma humano. Sin embargo, para potenciar ciertas habilidades y sentidos, se utilizó ingeniería genética avanzada para retirar secuencias del ADN humano y cambiarlas por codificación genética de diferentes animales. Esto les otorgó habilidades únicas, dependiendo de la combinación de genes que se utilizara.

Los soldados quimera pelearon muchas guerras en lugar de los ejércitos humanos, que dedicaban cada vez más tiempo y recursos a seguir fabricando úteros artificiales e instalaciones de entrenamiento. Otra característica, muy deseable entre los soldados quimera, era que maduraban el doble de rápido que una persona promedio, por lo que crecían y envejecían más rápido. De esa manera sus entrenamientos demorarían menos, y siempre se tendría un lote preparado para cualquier enfrentamiento contra la milicia.

Los soldados quimera fueron creados para ser sumisos y obedecer a su figura de autoridad. Además, contaban con modificaciones robóticas en sus cuerpos para poder controlarlos de forma remota y matar a los soldados que no obedecieran las órdenes o presentaran cualquier manifestación de pensamiento individual. Llegado el momento, los soldados quimera pelearían la Cuarta Guerra Mundial en lugar de los seres humanos no modificados. Para ese entonces, cada nación en guerra aceleró la producción de soldados quimera para mantener alto el conteo de combatientes y mejorar sus posibilidades de ganar el conflicto junto a sus aliados.

Los soldados quimera resultaron muy eficientes en sus labores y el conflicto terminó luego de muchas sangrientas batallas de las que los humanos sin modificar estaban muy orgullosos, argumentando que habían logrado «civilizar la guerra» para que ninguna persona sufriera por ella. Pese a eso, muchos movimientos sociales empezaron a cuestionar el trato que se le daba a los soldados quimera, que carecían de derechos humanos puesto que sus creadores argumentaban que su genética había sido tan modificada, que el producto terminado no podría considerarse humano, debido a su significativa diferencia de ADN.

Mientras las protestas por los derechos de los soldados quimera continuaban, el mundo posguerra sintió que tenía asuntos más importantes en los cuáles enfocarse. Por lo que decidieron negociar con los protestantes y se llegó al acuerdo de que no se realizaría, como se tenía planeado, la eutanasia de los soldados quimera luego de la Cuarta Guerra Mundial. En su lugar, los soldados serían liberados y adquirirían derechos humanos bajo la definición de que su capacidad de razonar y su conciencia de sí mismos los volvía humanos pese a su diferencia genética.

Pasaron los años y algunos de los soldados quimera lograron establecerse en comunidades humanas y se convirtieron en entes funcionales de la sociedad. Algunos hasta consiguieron pareja y tuvieron hijos. Esto provocó que la humanidad, al mezclar sus genes con los de los soldados quimera, diera origen a una nueva generación de humanos con habilidades únicas, resistencia mejorada y una inteligencia promedio superior. Sin embargo, tomaría años de selección artificial y de campañas de modificación genética prenatal, para eliminar la característica de envejecer aceleradamente. Esto cambió el genoma humano mundial de forma irreversible debido a que, con el paso del tiempo, murieron todos los ejemplares humanos sin modificar.

Pasaron décadas de terapia de refinamiento genético. Cada gobierno del mundo tenía su propio programa para modificar la genética de la población para volverla resistente a ciertas enfermedades y potenciar al máximo las características que ellos consideraban deseables como inteligencia, apariencia y rendimiento físico, etc. Eventualmente, la genética mundial llegó a ser prácticamente igual, salvo pequeñas modificaciones locales que cada gobierno realizaba a sus habitantes con el fin de adaptarlos de forma perfecta al medio ambiente en el que se desenvolverían.

Esta modificación masiva del ADN mundial logró darle un mejor estilo de vida a la población y terminó por convertir a la raza humana en algo que ya no podía considerarse como homo sapiens, sino como homo sapiens superior. Sin embargo, la eugenesia y la poca variedad genética hicieron vulnerable a la humanidad ante la reaparición de antiguos agentes patógenos que eran relativamente manejables con el genoma humano anterior. La humanidad intentaba buscar una solución a las plagas, que empezaron a mermar rápidamente la población de muchos países. Pero era demasiado tarde, las enfermedades avanzaban más rápido que la capacidad del ser humano para modificar genéticamente a su población. Por lo que, luego de casi dos siglos de la creación de los soldados quimera, la humanidad se extinguió a causa de un virus gripal para el cual sus cuerpos no tenían defensas naturales.

El llanto de Sariel


«Los polvos de Sariel», por Blacksmith Dragonheart

Cuenta la leyenda que Sariel era miembro del Ejército de los Siete Arcángeles. Sus labores eran sagradas y contaba con la gracia de Dios. Sin embargo, un día durante sus misiones, Sariel cometió su primer error. Al igual que otros ángeles, empezó a mirar al mundo humano y quedó deslumbrado por la belleza de las hijas de los hombres. Sin embargo, aún no había cometido pecado alguno.

Pese a ello, Sariel adquirió el hábito de observar el mundo humano cada vez que podía. Pero, a diferencia de sus congéneres, éste no se dedicó exclusivamente a observar a las hijas de los hombres. Pasó siglos humanos observando, poco a poco, los actos de los seres humanos. Contemplando sus avances, sus errores, sus amores, sus odios, sus pasiones, sus guerras, todas las facetas de todas las personas.

Fue entonces como, sin darse cuenta, Sariel empezó a contaminar su corazón hasta el punto en que dejó de ser digno del Ejército de los Siete Arcángeles. Se le impidió el acceso al ejército celestial e incluso llegó a ver la caída de los ángeles expulsados del cielo por mezclarse con las hijas de los hombres.

A Sariel no fue necesario expulsarlo del cielo, él decidió exiliarse en la luna para observar a los seres humanos con más detalle. Al estar más cerca, empezó a ser capaz de leer sus pensamientos, sentimientos y emociones. Allí fue donde Sariel entendió la maldad inherente del ser humano y su corazón se volvió completamente el de un demonio.

El demonio Sariel empezó a odiar a la humanidad por todas aquellas atrocidades que llegó a contemplar. Lo que más trastornaba su mente, que ya no era perfecta, era el hecho de poder leer los pensamientos de las personas mientras cometían los crímenes más execrables. Sariel vio engaños, mentiras, chantajes, sobornos, corrupción, abusos, vejaciones, violaciones, torturas, secuestros, asesinatos, genocidios y una larga lista de etcéteras.

Sariel vio más de lo que pudo soportar. Un día, en su impotencia y desesperación, decidió arrancarse sus hermosos ojos y pulverizarlos. Concentró en aquel polvo todo su dolor y la poca bondad que le quedaba. Soltó el polvo hacia el mundo humano, con la esperanza de que los remanentes de su anterior estado de divinidad ayudaran a la humanidad a corregir su camino. Pero esto no ocurrió, la humanidad había llegado a un punto en que los polvos de Sariel ya no podían surtir efecto alguno.

Para este punto, el demonio exiliado en la luna ya no podía ver los eventos del mundo humano, pero podía seguir oyendo los pensamientos macabros de la humanidad. Retumbaban en su mente los lamentos de una mujer violada, de un niño devastado por la muerte de sus padres en la guerra, las súplicas de secuestrados y prisioneros, los llantos de una madre que pierde a su hijo en un asalto. Esos sonidos lo alteraban, pero aún podía soportarlos.

Aun así, la curiosidad del ciego Sariel no tenía límites y siguió buscando, ahora de forma deliberada, seguir ahondando más en la miseria humana. Agudizó el sentido de oír los pensamientos humanos y se adentró en la maldad profunda que ocurre entre las sombras y que solo es conocida por sus perpetradores y sus víctimas. Fue demasiado para su mente el conocer los crímenes de guerra, los asesinatos y violaciones en vivo expuestos en la Deep Web, el tráfico de órganos y demás aberraciones humanas clandestinas de las que muchos, por suerte, no conocen.

Sariel no tuvo esa suerte, pasó años vigilando aquello, llorando sangre por las cuencas vacías de sus ojos. Hasta que, en un acto completamente premeditado para acabar con su sufrimiento, Sariel cometió un pecado imperdonable tanto para un ángel como para un demonio. Utilizó parte de las plumas de sus alas, que él mismo se arrancó al perder su condición divina, y empezó a construir una daga con ellas. Al ser un demonio, Sariel podía ser dañado por aquella arma. El exiliado, ciego y trastornado Sariel forjaba su arma mientras lloraba sangre sobre ella. La sangre brillaba como fuego hasta que, cuando ya no pudo soportar el sufrimiento que le causaba la vigilancia del mundo humano, se apuñaló a sí mismo en el corazón. Siendo este el único caso registrado del suicidio de un ser divino.

Macetas de invierno


«Flowerpot in the snow», por Haffous (CC0)

“El que intenta entrar
en la rosaleda de los filósofos,
sin la llave,
es como el hombre
que quiere caminar sin pies”.
Epigrama XXVII De Secretis Natura

I
Es un llamado a actuar
contrario a la naturaleza
de mi elemento.

Pero hoy no, hoy no quiero.
Me rehúso a «arreglarlo todo»
mediante la desintegración.

II
Tomaré los tesoros,
pedazos del ayer,
y los sacaré de la tierra.

Cuidaré sus raíces
y los pondré en macetas,
para rescatarlos del invierno.

III
No quiero verlos morir,
solo los quiero mudar
al terreno del ayer.

Salvar lo que se amó
del fuego que consume,
plantarlo en la ro-sa-le-da.

(siempre tendrás la llave)

Los tres fugitivos IV


Para leer las partes anteriores:

«Blood clock», por John Smith (CCO)

Habían pasado ya casi quince años desde que Lucca inició su entrenamiento autodidacta con el amuleto rosacruz. Para ese momento tanto Dimitri como ella habían aumentado, por mucho, sus habilidades en sus respectivas artes. Lucca, por su parte, había realizado con éxito sus experimentos y logró teletransportar primero bacterias, luego seres microscópicos y, eventualmente, llegó hasta insectos y pequeños animales. Todos parecían llegar ilesos desde el interior del Reactor hasta el exterior de la cantimplora prisión de su hermano. El último paso para completar su largo plan consistía en teletransportar animales similares a través de la barrera de la isla.

Ella no lo sabía, pero la barrera solo mataba a los seres humanos que salían de ella. Ese mecanismo era el que permitía a las Tropas de la muerte traficar con órganos desde dentro de la isla a cambio de armas, esclavas y drogas hacia el interior. Sin embargo, dado que estas actividades eran desarrolladas solo por los altos mandos de las tropas, ni Dimitri ni Lucca conocían de dicho detalle.

***

Lucca pidió a su hermano que dejara su nueva piedra filosofal incompleta, conocida como el Acelerador de partículas, cerca de la barrera. De esa forma, podría realizar experimentos sin exponer a su hermano. Estudió de cerca la naturaleza de la barrera y notó ciertas propiedades de la misma. Se dio cuenta que no solo anulaba la sed de sangre sino que, además, eliminaba el aura que ella colocaba alrededor de las partículas de los animales de experimentación. Es decir que, cuando ella los descomponía e intentaba hacerlos pasar a través de la barrera, el aura era deshecha y cada partícula quedaba expuesta en el preciso instante en que la tocara. Eso provocaba que los animales se desintegraran y terminaran muertos a causa del experimento.

Lucca pasó mucho tiempo intentando diferentes métodos para lograr atravesar la barrera de la Isla de Orión, provocando la muerte de cientos de pequeños animales en el proceso. Hasta que, finalmente, tuvo la idea de crear múltiples capas de aura sobre las partículas, de manera que cada una protegiera a la siguiente. De esa forma, la barrera desgastaba el aura capa por capa, permitiendo a las partículas llegar hasta el otro lado. Así fue como logró teletransportar animales hasta el exterior de la Isla de Orión. Sin embargo, la joven alquimista era muy precavida. Por lo que, antes de intentar teletransportarse junto a su hermano, decidió hacer un experimento final.

***

—No sé cómo me convenciste de esto —dijo Dimitri mientras arrastraba un soldado inconsciente cerca de la barrera.

—Es importante, hermano —dijo Lucca—. Es el experimento final antes de aventurarnos nosotros mismos. ¡Pronto conseguiremos nuestra libertad!

Los ojos de Lucca brillaron de un azul intenso y, al ver eso, a Dimitri no le quedaron dudas sobre las capacidades de su hermana.

—Empieza, Lucca —dijo un apurado Dimitri—. ¡No tenemos mucho tiempo!

Lucca sabía que era peligroso atacar y secuestrar a un soldado. Así que se dirigió al interior de el Acelerador de partículas y preparó todo para intentar teletransportar al soldado fuera de la barrera mortal de la isla. Si lo lograba, entonces demostraría de una vez por todas que su teoría era cierta y podría usar esos resultados para lograr su objetivo.

—Estoy lista, hermano —dijo Lucca, adoptando una posición de meditación—. Vigila mientras termino el experimento final.

Lucca salió del Acelerador de partículas y entró en un profundo trance. Usando su piedra filosofal como catalizador, empezó a aplicar su técnica de alquimia sobre el cuerpo del soldado inconsciente. Dimitri vigilaba muy atento por la posible presencia de algún soldado. Si alguno llegaba a ver a su hermana, la capturarían y la enviarían a servir como sirvienta o concubina, y él sería ejecutado por alta traición.

—Hermana, debes regresar ahora —gritó un angustiado Dimitri, mientras sacudía fuertemente el cuerpo de su hermana.

Él sabía que no podía regresarla bruscamente a su cantimplora prisión, porque podía provocar que ella nunca recuperara la conciencia. Pero él ya había sentido la presencia de un capitán, montado en un Ave del terror, acercándose en búsqueda del soldado secuestrado. Dimitri estaba muy consciente que sus superiores eran mucho más viejos y fuertes que él. Viendo que su hermana no volvía, se preparó para pelear. El capitán, a lo lejos, se paró en el lomo de su Ave del terror y dio un enorme salto. En un parpadeo, había dejado atrás a su Ave del terror y apareció frente a Dimitri, que había recargado una potente ráfaga de sed de sangre y la impactó contra su enemigo. El capitán no esperaba tal recibimiento, por lo que quedó aturdido unos segundos. Tiempo que Dimitri aprovechó para conjurar otro ataque.

Lucca aún estaba ejecutando su técnica. Le pidió a su hermano, telepáticamente, que soportara un poco más, que estaba por terminar el experimento e inmediatamente haría que ambos escaparan hacia afuera de la barrera. Dimitri logró conectar un segundo ataque contra su capitán y, aparentemente, logró matarlo al desintegrar su cabeza. Aprovechando el momento, se acercó hacia su hermana para escapar. Pero, justo antes de que ella completara su técnica, vio con asombro que el cuerpo sin cabeza del capitán se levantaba y conjuraba una lanza. Dimitri, rápidamente, conjuró otra lanza para contraatacar.

La técnica estaba lista y Lucca descompuso el cuerpo del soldado en partículas independientes y cubrió cada una con las capas de aura que había implementado. Para su asombro, logró pasar el cuerpo completo del soldado al otro lado. Estuvo a punto de celebrar su éxito, cuando se dio cuenta de que el soldado estaba muerto. Su técnica había logrado transportar el cuerpo del sujeto experimental, pero no logró eliminar el efecto mortal de la barrera.

Dimitri quedó consternado al ver que su hermana había fallado, pero estaba muy ocupado en la pelea como para acercarse. El capitán, incluso sin cabeza, era tan veloz y preciso que si su oponente se distraía, aunque fuera una fracción de segundo, sería atravesado por la lanza y fulminado por la potente sed de sangre que la envolvía. La pelea estaba muy reñida, aunque parecía que Dimitri tenía el control. Pese a ello, y sin poder aún terminar con la vida de su enemigo, vio como llegaba el Ave del terror que el capitán había dejado atrás. El espectro se acercaba, a gran velocidad, hacia su hermana, que aún no recobraba el control de su cuerpo. Inmediatamente, Dimitri alejó de un golpe a su oponente y lanzó una potente ráfaga de sed de sangre hacia el Ave del terror. Pese a la fuerza del ataque, solo logró aturdir al espectro.

El capitán había regenerado su cabeza, por lo que sus ataques se volvieron aún más rápidos y precisos. Dimitri estaba imposibilitado de acercarse a su hermana. Mientras tanto, el Ave del terror se recuperó del aturdimiento y asestó un golpe crítico en el pecho de Lucca, que quedó malherida y desangrándose en el suelo.

Dimitri, perturbado por la escena y muy furioso, se acercó al ave y la atravesó con su lanza. Logró asesinarla pero, sin darle tiempo a ayudar a su hermana, el capitán atravesó el costado derecho de Dimitri con su arma. Este, pese a la gravedad de la herida, logró desviar la potente sed de sangre que envolvía la punta de la lanza del capitán, evitando ser desintegrado. Con sus últimas energías agarró fuertemente la lanza de su enemigo y la rompió. Con otra ráfaga de sed de sangre mandó al capitán a volar a una distancia considerable. Hizo un gran esfuerzo para correr hacia su hermana mientras se desangraba. Mientras corría, sacó el reloj que hace tiempo logró robarle a sus compañeros de las Tropas de la muerte. El reloj, una vez que Dimitri lo tocó, volvió a mencionarle el pacto que alguna vez le ofreció.

—¿Estás listo para renunciar a tu libertad y seguir la voluntad de los Devotos de Akasha? —dijo el Reloj de Telésforo.

—¿Renunciar a mi libertad? —preguntó un malherido Dimitri—. Mi hermana y yo estamos por morir, la libertad no tiene valor ahora. ¡Si puedes hacer algo, mi vida será tuya!

—¿Poder hacer algo? —respondió el reloj de Telésforo—. Nosotros no podemos hacer nada.

—¿Entonces era falso el poder que decían tener? —reclamó Dimitri—. ¡Usé el reloj como último recurso y no sirve para nada!

—No nos malinterpretes, Dimitri —respondió el reloj—. Nosotros no podemos, pero tú sí. Acepta el pacto y el poder del reloj será tuyo.

—¡Maldita sea, no hay tiempo! —gritó un desesperado Dimitri.

—¿Tiempo? —cuestionó el reloj—. Eso te va a sobrar cuando aceptes.

—¡Acepto! —gritó Dimitri, sintiendo que ya no tenía nada qué perder.

En ese momento, el reloj detuvo el tiempo y habló con Dimitri. Le dijo que, en ese tiempo detenido, ni él ni su hermana morirían por las heridas. Luego, comenzó a transferir conocimiento de los anteriores alquimistas del tiempo directamente hacia la mente de Dimitri. Este, luego de obtener dicho conocimiento, tuvo muy claro que la teoría de su hermana no estaba equivocada, sino incompleta. También entendió la verdadera naturaleza de la barrera y la causa del fracaso del plan de Lucca.

Cuando supo todo eso, le preguntó al reloj si podía hacer algo por ella.

—Tu hermana está en el punto exacto entre la vida y la muerte —dijo el reloj—. Si el tiempo se reanuda, ella morirá.

—¿Entonces nada puede hacerse? —dijo Dimitri, con lágrimas en los ojos.

—No nos malinterpretes —respondió el reloj—. Puedes sanar su cuerpo y darle un poco de tu energía vital. De esa forma, aumentarás levemente su estancia en este mundo.

—¡Bien! —respondió Dimitri—. ¡Transfieran ese conocimiento ahora!

El Reloj de Telésforo transfirió ese conocimiento de forma instantánea. En cuanto Dimitri lo recibió, entendió claramente que su hermana debía vivir dentro del reloj. De esa forma, la energía que él le diera a su hermana, que alcanzaba para alrededor de un año de vida humana, no se gastaría. Su vida solo se consumiría en el exterior.

Dimitri, triste por condenar a su hermana de nuevo al encierro, ejecutó su técnica. Lucca sanó y fue trasladada al interior del reloj. Inmediatamente, el reloj transfirió más conocimiento a la mente de Dimitri. Este aprendió que existe una disciplina diferente a la alquimia y al vudú, conocida como Artes demoníacas. Esta era la razón por la que la barrera no podía ser afectada por las técnicas de los hermanos, porque los efectos de las Artes demoníacas solo pueden contrarrestarse con ese mismo tipo de técnica. Sabiendo eso, Dimitri completó la teoría de su hermana.

Con la teoría completa, usó Artes demoníacas para teletransportarse, junto al Reloj de Telésforo, hacia afuera de la barrera. Una vez libre de la opresión de la isla, Dimitri sacó a su hermana del reloj. Ambos se miraron directo a los ojos, se abrazaron con fuerza y lloraron desconsoladamente uno en el hombro del otro. Su sueño se había convertido en pesadilla. Se habían convertido en los únicos, aparte del Dueño del mundo, en escapar de ese terrible lugar. Pero el precio que pagaron fue muy alto.

What remains?


«Cuando la guerra termine,
¿qué será de los caballos lisiados,
de los carros rotos
y de los soldados muertos?».
Cleopatra, la alquimista

I

¿Acaso puedes recordar
cuando luchamos
por recuperar nuestra salud?

¿Acaso puedes recordar
cuando anhelamos recuperar
nuestra juventud mal invertida?

¿Acaso puedes recordar
lo que queda de ti,
o qué queda de mi?

II

No puedes,
te es imposible.
Los muertos no recuerdan.

Solo los vivos
estamos condenados
al suplicio de recordar.

Solo los vivos
sangran de los pies
por caminar sobre sueños rotos.

III

Solo los vivos
son erosionados
por el paso del tiempo.

El tiempo es un enemigo implacable
que ya me ha derrotado.
Y que me derrota día tras día.

El tiempo fue cruel contigo.
Te obligó a hacer el nudo de la soga
con la que te mataría.

Los tres fugitivos II


«Unborn baby cave» por Daveysudan (CC0)

En La isla de Orión existía un soldado de las Tropas de la muerte que gustaba mucho de una sirvienta. Luego de cierto suceso, en el que la protegió del ataque de un par de soldados que pretendían abusar de ella, el soldado logró captar la atención de la mujer y enamorarla. Con el tiempo, la sirvienta quedó embarazada del soldado. Ningún miembro de las tropas tenía permitido ejercer la paternidad, solo los hombres del campo. Lo único que pudo hacer por la sirvienta, antes de abandonarla, fue usar un poderoso ritual sobre ella. El ritual provocaba que su útero saliera de su cuerpo para quedar oculto en una pequeña cueva. El útero quedaba conectado a ella por un ingenioso mecanismo de mahou, donde el intercambio sanguíneo entre madre e hijo ocurría con normalidad; como si la sangre fluyera a distancia a través de hilos invisibles.

Haciendo eso, logró parir a su primer hijo, al que puso por nombre Dimitri. Inmediatamente la sirvienta, usando mahou, dirigió al niño al centro de crianza más cercano. Allí fue educado hasta los trece años y se le obligó a construir su talismán de la muerte. Luego de la creación de su talismán, Dimitri quedó en coma durante unos meses. En cuanto despertó, de inmediato se lo reincorporó al programa de crianza para la etapa final. Allí le realizaron pruebas que definieron su destino dentro de la Isla de Orión. Fue considerado apto para participar en el entrenamiento inicial de las Tropas de la muerte.

***

Luego de años de entrenamiento en lucha cuerpo a cuerpo, habilidades vudú y mahou, Dimitri logró pasar las pruebas finales que lo calificaban como un miembro oficial de las Tropas de la muerte. Se le asignó una cantimplora prisión y un Ave del terror. Ejerció sus labores como soldado durante años con total normalidad, hasta que tuvo un extraño sueño. Un sueño recurrente.

—Dimitri, no me conoces —decía una voz femenina llorando—. Soy tu madre y necesito tu ayuda.

Dimitri se despertaba sudando frío cada vez que tenía esa pesadilla. Sin embargo, un día decidió realizar un ritual de vudú que le permitía acceder a sus sueños. Todo esto con el objetivo de confrontar la voz que lo atormentaba.

—Dimitri, no me conoces —decía la misma voz femenina llorando—. Soy tu madre y necesito tu ayuda.

—¿Cómo puedo ayudarte, mujer? —respondió Dimitri, dentro de su propio sueño.

—¿Puedes oírme? —la mujer dejó de llorar debido a la sorpresa, luego sonrió.

—¿De verdad eres mi madre? —preguntó un escéptico Dimitri.

—Llevo años intentando hallarte con un ritual de ubicación, hasta que logré contactarte en tus sueños —dijo una preocupada mujer—. Te explicaré todo con detalle.

La mujer envió una serie de visiones que le explicaron a Dimitri que, como sirvienta que era, no podía salir de la base central de las Tropas de la muerte y que necesitaba su ayuda. Le mostró la localización de la cueva que contenía su útero y le pidió que sacara a su medio hermana de allí.

—Dimitri, como varón que eres, podrías trabajar en los campos o ser soldado —dijo su madre—. Pero ella, siendo hembra, solo puede ser sirvienta o concubina.

—¿Y qué puedo hacer por ella? —respondió Dimitri, intentando brindar un genuino favor a su recién conocida madre.

—¡Sálvala del abuso! ¡Ocúltala, por favor! —gritó en ruego la atribulada madre—. Estoy muy vieja para parir. Luego del parto, de seguro moriré. ¡Ayúdame, hijo!

Dimitri quedó abrumado ante tal petición. Pero, sabiendo que a su madre le debió costar mucho tiempo y esfuerzo localizarlo para mantener esa única conversación telepática, aceptó ayudarla. Después de todo, siempre tuvo el deseo de conocer a su madre y se sentía en deuda con ella por no haberse deshecho de él antes de nacer.

Llegó a la cueva donde estaba el útero de su madre y, tal como ella le indicó en las visiones, usó un cuchillo para sacar a la niña de allí y guardarla dentro de su cantimplora prisión para esconderla del sistema opresivo de la Constelación de Orión. También le dejó instrucciones para usar un ritual que convertiría los restos de su útero en una pequeña habitación dentro de la cantimplora, con el fin de ocultar la presencia de la niña y de protegerla de los efectos dañinos de la cantimplora prisión.

***

Dimitri tenía por costumbre robar a los demás soldados cualquier cosa que pudiera serle de utilidad, así fue como logró robar un reloj de inmenso valor. Cierto día, escuchó a unos soldados hablando sobre algo que enterraron en cierto lugar. Usando sus poderes de telepatía logró obtener información directamente de sus mentes, pudiendo llegar de manera muy sencilla a la ubicación de un supuesto tesoro.

Al llegar al punto en cuestión se dio cuenta de que los soldados no exageraban, efectivamente habían enterrado algo de mucho valor. Usando su poder de psicometría, llegó a la conclusión de que se trataba de un genuino amuleto alquímico que perteneció a algún desafortunado Caballero Rosacruz que intentó entrar a la Isla de Orión desde arriba. La barrera anuló el manto de aura que le permitía volar, provocando que su cuerpo se impactara contra el suelo y muriera. Como parte de su uniforme, los Caballeros rosacruces tenían un amuleto con el símbolo de su orden. Este amuleto especial contenía mucha información acumulada, a la que los alquimistas podían acceder para mejorar sus conocimientos tanto del mundo como de la alquimia.

Al ser un practicante de vudú y al tener su núcleo del alma separado de su cuerpo dentro de su talismán de la muerte, era imposible para Dimitri practicar la alquimia. Sin embargo, enseguida pensó que su hermana, al no haber sido obligada a crear un talismán de la muerte, podría aprender al menos las bases de la alquimia con los conocimientos teóricos que Dimitri adquirió en la milicia con respecto al núcleo del alma. Pero en lugar de entrenar a su hermana, Lucca, para separar el núcleo de su alma y encerrarlo en un objeto; este se centraría en ayudarla a descubrir por sí misma cómo sacar provecho de ese núcleo y generar, al menos, un mínimo de aura que permitiera activar el amuleto alquímico y así poder entrenar adecuadamente con la información contenida en él.

***

Eventualmente, Lucca consiguió usar las nociones que Dimitri le enseñó y, con mucho esfuerzo y dedicación, usó años de su encierro obligado para entrenar hasta el punto en que logró volverse consciente del núcleo de su alma. Como premio por sus logros, Dimitri tenía la costumbre de sacarla a pasear con mucha precaución muy cerca de la barrera. Siempre vigilando que ningún soldado la viera. Dado que, si era descubierta, sería abusada por las Tropas de la muerte y obligada a vivir como sirvienta o concubina sin que Dimitri pudiera hacer nada al respecto.

Luego de mucho entrenamiento, la brillante muchacha logró activar el amuleto usando un pulso de aura. Dimitri la llevó a celebrar cerca de la barrera y Lucca aprovechó para hablar con él.

—Hermano, ¿no quisieras dejar de ser soldado? —preguntó Lucca.

—Sabes que en esta maldita isla es imposible dejar la profesión que te asignan. Tú, que eres la más libre aquí, vives encerrada en una cantimplora —protestó Dimitri—. ¡Ya deja de soñar y termina de estirar las piernas!

—¿Sabes? Quisiera poder ver el sol más seguido —dijo Lucca mirando al cielo—. Y quiero que sonrías, que seamos libres y tengamos una larga vida.

—¡Tú solo dices disparates! —refunfuñó un amargado Dimitri.

—¡Escapemos! —sugirió Lucca.

Dimitri respiró y se armó de paciencia con su hermana. Recargó algo de sed de sangre en su mano y disparó una bola de energía oscura a la barrera. Esta anuló por completo el disparo y lo deshizo.

— ¿Ves? ¡Es imposible! —gritó Dimitri—. La barrera anula todo intento por impactarla . Y si la tocas, ¡mueres instantáneamente!

—¿Es que no lo ves? —respondió Lucca, con una seriedad que no era propia de ella—. Estoy aprendiendo alquimia.

— ¡Explícate! —exigió un intrigado Dimitri.

—En cuanto logré abrir el amuleto, vi que los alquimistas tienen muchas técnicas interesantes —dijo Lucca, con los ojos iluminados por una genuina pasión por el conocimiento—. La técnica de teletransportación podría ayudarnos a traspasar la barrera sin siquiera tocarla.

— ¿De qué demonios hablas? ¡Eso es imposible! —protestó Dimitri—. Pasar por una pared, sin siquiera tocarla, es algo absurdo.

—La alquimia es muy diferente al vudú, hermano. Funciona con principios totalmente diferentes —dijo Lucca mirando a su hermano fijamente—. Los alquimistas lo llaman física cuántica, quiero aprender todo sobre ella para que podamos escapar.

Dimitri jamás había visto unos ojos así, con un brillo azul intenso que lo convenció de que Lucca hablaba en serio y que realmente ella podría estar en lo correcto. Que tal vez sí existía la posibilidad de escapar de la Isla de Orión.

Los tres fugitivos I


«Skull of the terror bird Paraphysornis brasiliensis», CC0.

La isla de Orión, donde residen los tres Señores de la guerra que sobrevivieron a la Noche de las piedras blancas, es un lugar anacrónico que recrea fielmente la opresión y abusos a los que estuvo sometido el mundo entero hasta que los Caballeros rosacruces casi erradicaron la práctica del vudú. Aquella isla quedó prácticamente separada del mundo debido a que muchos Señores de la guerra, que se oponían a La constelación de Orión, se inmolaron en un ritual suicida que colocaría una barrera perenne de mahou, que repelía violentamente tanto el aura como la sed de sangre, junto a una poderosa maldición que provocaba que ningún ser humano pudiera salir con vida de la isla. Irónicamente, la barrera también impidió que el ejército de alquimistas pudiera acabar con los practicantes de vudú que allí quedaban.

La constelación de orión, la organización que gobernaba la isla, estaba dividida en tres grados jerárquicos. Los brazos y piernas eran los cuatro generales que comandaban a las Tropas de la muerte. El cinturón de orión eran los tres guardias reales. Y los Tres reyes eran los últimos Señores de la guerra.

Los miembros de La constelación de Orión descubrieron una forma de mantener su juventud durante casi un siglo utilizando rituales cuyos ingredientes eran los habitantes de la isla que estaban brutalmente sometidos por las Tropas de la muerte. Éstas recorren toda la isla montando espectros de batalla conocidos como las Aves del terror, que tienen un gran poder físico y escasa inteligencia. A causa de dichos espectros, creados por Los brazos y piernas, la población quedó a merced de la ley de los Tres reyes.

Los habitantes eran obligados a construir sus talismanes de la muerte a los trece años de edad, provocando deliberadamente que todos en la Isla de Orión practicaran el vudú. Los varones más fuertes eran obligados a unirse a las tropas y los demás eran enviados como esclavos a los campos agropecuarios. Las mujeres, en cambio, eran obligadas a trabajar como sirvientas o concubinas de los miembros de las Tropas de la muerte. Las concubinas eran obligadas a concebir para mantener el suministro constante y numeroso de sacrificios humanos requeridos para el ritual que mantenía la vida y juventud de La constelación de Orión. La población era oprimida por las tropas que saqueaban, violaban y asesinaban a su antojo y de forma impune. Esto era permitido por Los tres reyes en un intento por «limpiar con sangre» la isla para, eventualmente, tener alguna oportunidad de deshacer tanto la barrera como la maldición que los mantenía aislados del resto del mundo.

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Dentro de la isla nació un niño de salud muy delicada que, al crecer, no fue considerado apto para servir en las tropas y fue enviado a los campos agropecuarios como esclavo. Un día, cuando iba al campo de trabajo, vio como un soldado usaba su Ave del terror para asesinar al padre que el sistema de crianza le había asignado. El muchacho, fortalecido con la sed de sangre otorgada por la ira, se subió a un árbol cercano y se escondió con un cuchillo. Cuando el soldado pasó debajo de él, le saltó encima y logró apuñalarlo en la nuca. El Ave del terror murió asfixiada por un rápido conjuro lanzado por el furioso muchacho, que remató a su enemigo y le robó lo que pudo. Para evitar represalias de las Tropas de la muerte, huyó y se escondió en una red de cuevas. Allí se dedicó a experimentar con el cadáver del soldado y el de su Ave del terror.

Luego de mucho entrenamiento, logró la fuerza y habilidad para someter a sus víctimas sin matarlas. Gracias a esto logró hacer experimentos humanos que le permitieron aumentar aún más su poder y comprensión de las artes del vudú. Además, era muy cauteloso. Todos sus ataques estaban orquestados de forma sistemática, dejando pasar unos cuantos años entre ellos para no levantar sospechas. De esa forma, logró pasar desapercibido durante décadas en las que realizó innumerables experimentos con los cadáveres y los cuerpos con vida de los soldados que mantenía secuestrados. Gracias a sus estudios, desarrolló un ritual de vudú muy poderoso con el que modificó el interior de su cuerpo.

Usando este ritual, logró suicidarse y colocar varios de sus órganos en la red de tráfico de la isla. Esta actividad le permitía a las tropas tener cierto contacto con el mundo exterior y se lograba gracias a las reglas de la maldición que cercaba la isla. Dado que nadie vivo podía salir de la isla, los órganos eran colocados en contenedores que rodaban hacia afuera. Debido a que se trataba de simples contenedores, podían pasar a través de la maldición y la barrera sin recibir daño alguno. Además, dado que las restricciones de la maldición aplicaban solo para lo que sale de la isla, se podía ingresar todo tipo de contrabando. Los traficantes del exterior, como pago por los órganos que recibían, entregaban esclavos y drogas a Las tropas de la muerte.

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El poderoso ritual le permitía a su ejecutor mantener su esencia dentro de sus órganos, para luego infestar con sus células el cuerpo de quien recibiera el trasplante hasta convertirlo en un clon suyo. Eventualmente, varios de sus órganos fueron trasplantados a otras personas. Los órganos modificados lograron invadir, dominar y alterar los cuerpos de sus víctimas. Hasta que, finalmente, llegaron a convertirse en una red de clones conectados telepáticamente. Haciendo esto, aquel practicante de vudú se convirtió en el primero en escapar de la Isla de Orión.

Repitiendo el proceso de suicidarse y traficar sus órganos, este practicante logró añadir una gran cantidad de clones a su red. Luego, los envió a recorrer el mundo para infiltrarse en las actividades de la mafia hasta que, eventualmente se apoderó de todas ellas. Así llegó a ser conocido como el Dueño del mundo, aquel que llegó a controlar los hilos de toda actividad delictiva en el planeta.

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Con el tiempo, llegó a enterarse que su status como Dueño del mundo le permitía contactar con ciertas entidades para acceder a un antiguo ritual conocido como Sumisión por codicia. Este ritual consistía en la entrega voluntaria de todos los habitantes del planeta por parte del ser más influyente del mismo. Luego, se coloca un mecanismo dentro del alma de los afectados, lo que permite interconectarlos en una red que drena parte de la energía de sus núcleos y la redirige hacia un objeto de vital importancia para la raza de seres interdimensionales conocida como Los limitantes. Estos entregan al dueño de cada mundo que se somete, un conjunto de 666 semillas de la codicia. Para lograrlo, el Dueño del mundo implementó un sistema conocido como Los juegos de las semillas, donde las repartió al azar alrededor del mundo. Luego, organizó a los practicantes de vudú que aún quedaban y los colocó en puestos de alta importancia dentro de la mafia mundial.

Con el tiempo, organizó clanes conocidos como Familias. Que tenían la misión de entregarle jóvenes practicantes de vudú para participar en los juegos y matarse por las semillas, manchándolas de sangre en el proceso. El acto de manchar de sangre una semilla de la codicia es lo que le permite activar su poder amplificador del vudú. El plan del dueño del mundo es apoderarse de todas las semillas activadas para así alargar la vida y resistencia de cada uno de sus 666 cuerpos.