Refrigerador vacío


La constante del refrigerador vacío,

la rutina de no encontrarte jamás en casa,

las fotos acostadas,

los libros en el suelo,

mi sentir vuelto ceniza.

Siempre hoy


Inmortalizar las flores, el amor, el papel y las palabras.
Huir del fuego, alabar al juego y jugar contigo
hasta que la última flor se marchite o hasta que muramos quemados.

Porque te quiero siempre, porque siempre es hoy, cuando los adioses llegan mañana por la mañana.

Dibutrauma de tulipán con letras.

Tienda de arte


Cuando María Luisa terminó conmigo, se desplomó gran parte de mi mundo, dejando un vacío que me cambió para siempre. Eso fue hace cinco años y, desde entonces, no volví a ser el de antes. Mis amigos lo notaron primero, mi familia después. Ya no salía, ya no bebía, ya no reía. Me enfrasqué en el trabajo y me concentré en tratar de llenar con dinero y baratijas el pozo sin fondo que era mi alma.

La pasé terriblemente desde ese día, pero ahora otra vez tengo esperanza.

Hace tres meses renuncié a mi trabajo, vendí todos mis muebles, regalé libros y me despedí de mis amigos más cercanos y de esta ciudad. Espero nunca regresar, tengo fe y sé que encontraré en Guanajuato lo que Villahermosa no me dio.

Hoy será la inauguración de mi tienda de artes y manualidades. Tengo pinceles, carboncillos, papeles, taburetes y cientos de cosas más. Las paredes las uso como galería y la iluminación me encanta. Sinceramente, estoy muy orgulloso de mi tienda y sé que será un rotundo éxito, porque estoy en el lugar correcto.

Son las dos de la tarde, faltan tres horas para el corte del listón y el cóctel de bienvenida y, sin embargo, estoy muy nervioso y sudo mucho. Estoy correctamente vestido, he perdido suficientes kilogramos para poder usar una camisa de rayas, tengo la barba poblada y un corte de cabello a la moda. Nada puede salir mal, o sí. Todo se podrá ir al carajo si ella no viene.

Hace seis meses me enteré por Instagram que ella vive aquí, que es maestra de artes en una primaria y que ha expuesto dos o tres veces sus obras; que acostumbra caminar por estas calles, que su cafetería favorita es la de la esquina  y que toma el té con dos cubos de azúcar. Hace cinco años no nos vemos y quizá ella no me reconozca en un primer vistazo, pero cuando sienta mi mirada fija en ella, se acordará de mí y correrá a mis brazos. Espero que sí, tengo fe en que eso pasará porque, si no, si ella vuelve a huir de mí, no sé qué haré.

Principado


Dibutrauma de corazón

Inventé una nación entera,
en la frontera de mi corazón y de mi alma,
con sus montañas, edificios y sellos postales.
Un lugar en el que las sombras no existen
porque nos reflejamos gatos.
Donde besamos tu mano
todos los hombres y sus reflejos-gato,
para rendirte culto,
para obsequiarte flores.
Una nación para tu principado,
donde por siempre seamos gatos,
donde por siempre seas (mi) princesa.

Hamelín


Ocultos del sol y bajo una montaña,
una rata anciana les cuenta a las crías
de la manada que, muchos siglos antes,
cuando el sol era más joven
y la luna reinaba sobre la noche,
en el tiempo en el que las calles eran suyas,
las ratas fueron las primeras ayudantes de Santa.

—Éramos artesanas, ingenieras, filósofas y estadistas. Roíamos madera y pintábamos juguetes con nuestras patas y colas. Usábamos nuestras manitas para envolver regalos y costurábamos sacos de carbón. No había niño alemán que no supiera de nosotras, y no nos temían. Las ratas éramos amigas de los niños buenos y de los malos. Los adultos, buenos y malos, eran enemigos de las ratas.

»En la Navidad de mil doscientos ochenta y tres, llegamos a un pueblo alemán cargadas de juguetes y carbones. Los niños esperaban ansiosos nuestra llegada. Hacía mucho frío, nuestros pequeños suéteres verdes no nos daban el calor suficiente, pero ver a los niños compensaba todo.

»Esa Navidad habría que ir a más poblados y llegamos temprano. Ese fue el error de esa noche. El primer chillido lo escuché en la casa de al lado. Max, la rata más bondadosa del mundo, acababa de ser partida en dos por un leñador. Después, unos metros más lejos, Trix salía corriendo y tropezando de una casa, ensangrentada y sin una pata. Chillaba y chillaba, y a ella se le sumaron muchas más. Algunas ratas intentamos decir a los humanos adultos que éramos sus amigas, que veníamos a dejar carbones y juguetes a sus hijos, que hablaran con ellos, que ellos les dirían, pero no escucharon. Los niños buenos lloraban y los niños malos se reían de nosotras. Los malos nos aventaban piedras, cuchillos y carbones. Los adultos, buenos y malos, nos perseguían y nos asesinaban.

»Santa, quien siempre había vestido con múltiples colores, tiñó de sangre de rata sus ropajes y no le dio importancia. Al contrario, sacó su flauta mágica y, con lágrimas en los ojos, tocó la más hermosa de las melodías que jamás habíamos escuchado, una melodía que nos invitaba a volver con él, para que juntos regresáramos a casa. Esa fatídica noche, perdimos a la mitad de nuestras hermanas y Santa juró venganza.

»Ciento ochenta y cuatro días después, un día de junio de mil doscientos ochenta y cuatro, Santa llegó a Hamelín para llevarse a los niños. Buenos y malos, tontos e inteligentes, gordos y flacos. Todos los niños del pueblo dejaron atrás sus obligaciones y afectos, abandonaron a sus padres y siguieron la melodía que de la flauta mágica de Santa sonaba.

»Días después de lo sucedido en Hamelín, en la puerta principal del taller del Polo Norte, Santa se presentó con sus ciento treinta niños esclavos, que solo comen carbón y nunca juegan los juguetes que arman.

»Desde ese año, Santa premia con juguetes a las ratas buenas y convierte en niños esclavos comecarbón a las ratas malas.

Ana María


El primer pozo de los deseos del que se tiene un registro data del año 087 de nuestra era. El pozo se ubica en la colina de Tara y está resguardado por duendes y animales.

Lamentablemente, para muchos humanos es imposible siquiera verlo desde lejos. Ni siquiera los drones ni las radiografías logran detectar el pozo cuando el pozo no quiere ser visto. Afortunadamente, se sabe de dos formas de encontrar el pozo. La primera: un duende debe tomar tu mano y llevarte. La segunda: con una moneda mágica que solo se consigue en el mundo de los sueños.


Hace días, tuve un sueño. Soñé que estaba con Ana María en un parque. Yo leía una revista de Salto al reverso y ella leía Cortázar.

Hacía tiempo que no la veía con sombrero y me tenía fascinado. Ella era la joya de la corona y yo no tenía ningún título nobiliario, pero estaba conmigo.

Fui solo por café, mientras ella me esperaba sentada en la banca. En el camino, tropecé con una rama y caí a un pequeño lago artificial. Los brillantes peces del estanque jugueteaban conmigo, se metían entre mis brazos y piernas y sentí que no querían que saliera. Y me hubiera quedado, pero esperabas un café.

Todo mojado, pedí dos americanos sin azúcar y un cruasán salado. La cuenta de ochenta pesos no pude pagarla, porque no llevaba más dinero que una moneda extraña que no me aceptaron en el quiosco.


Esa mañana, cuando desperté, desperté mojado. En mi mano izquierda no traía nada, pero la derecha apretaba la moneda extraña del sueño.

Agua, como conductor universal; moneda, como figura onírica que trasciende realidades.

Agua, sueños, moneda, pozo, moneda, sueños, agua.


Hace poco descubrí que tengo en mi poder una moneda que me permitirá pedir cualquier deseo, en un pozo que está al otro lado del mundo. Irónicamente, no tengo dinero para un boleto a Irlanda ni deseo nada del mundo, porque mi mundo está completo cuando, en la realidad y en los sueños, puedo sentarme en una banca a leer con Ana María.

Ayer hace un día


Ayer hace un día, en el #ReversoDelTiempo, cuando los minuteros se detuvieron y la lógica se desmayó, bebimos un café en una terraza francesa, mientras 64 girasoles nos cantaban canciones en donde vos eras mi princesa.