Tarde


Dieciocho en punto.

El tren se fue con ella,

yo llegué tarde.

Historia rosa en septiembre


Juan murió en abril, un día cuatro a las cinco de la mañana, minutos antes del amanecer.

De haber vivido quince minutos más, Juan podría haberse ido con el sol.

La madrugada en que él falleció, el tiempo se detuvo para mí.

Vivo en un eterno sábado sin luz. Sin fiestas. Sin alegrías. La primavera nunca terminó y, aunque eso podría encantar a cualquiera, yo ya no veo encanto en ningún lado. La tierra se sigue moviendo y, sin embargo, yo sigo en el mismo sitio.

Los noticieros dicen que ya es septiembre, que la primavera acabó, que ganamos la guerra (¿cuál guerra?), que el virus no cesa y que la economía está enferma. Pero yo sigo en abril.

Desde que Juan se fue, no volvieron los amaneceres. Todo es noche y oscuridad. La familia y los amigos se preocupan por mí. Dicen que moriré si no me alimento bien. Yo no tengo hambre. Nada me tiene sabor. No se dan cuenta de que ya no estoy viva, ¡morí de tristeza y soledad hace casi medio año!, aunque todavía me vean aquí, aunque me sigan leyendo, aunque me escuchen respirar.

Hipotálamo


Carpa de circo (o filtro de café usado).

Hace pocos días, encontré a una pequeña hipopótama disléxica, que usaba bombín y se presentaba como «La minihipotálamo Muequita». A mí me hizo mucha gracia su presentación porque, aparte de estar lejos de ser una hipotálamo, no comprendí si su nombre de pila era realmente «Muequita» o si ella lo había cambiado también.

Quizá es una minihipopótamo llamada Muñequita. No lo sé.

Lo que sí sé es que ese día llovía y su bombín poco la cubría. Lloraba y lloraba y sus lágrimas se mezclaban con la lluvia; sus palabras, con los truenos y los dos nos espantamos.

Cogí un filtro usado y lo amasé. Lo hice bolita y lo acomodé de tal forma que, al ojo ingenuo, una carpa de circo parecía.

Muequita o Muñequita no volvió a sufrir frío esa noche, pero continuó revolviendo las palabras.

Tautograma S


Siete siglos Sputnik surcó superficies siderales.

Sufrió soledades sobre sí, solamente suplicios sintió.

Sputnik se sorprendió, Skadi sonrió, SATURNO SALUDÓ:

«Say sayonara».

SATURNO SE SUICIDÓ.

SATURNO SANGRÓ.

Su sangre salpicó sobre su sien.

Sputnik se sonrojó.

Sputnik sedujo. Skadi saltó sobre Sputnik:

Sexo sideral.

Sensualidad satelital.

 

 

Inmortal


Tengo el defecto o la fortuna de morir cuando nadie me ve. Si hay público, no muero. Pero, estando solo, lo he hecho muchas veces.

La mayoría de las ocasiones en las que suceden mis muertes han sido sobre mi cama. Mayormente, en torno a las tres de la mañana; cuando todos duermen. Y siempre revivo puntualmente a las cinco cuarenta y cinco, cuando suena la alarma.

Una vez morí al leer la carta de amor de una mujer que quise mucho. Tenía una taza de café en la mano derecha y un infarto en mi corazón. Reviví en el posdata cuando, con mi último aliento, alcancé a leer su «para siempre te quiero».

Dos veces llantos


Me casé con Flor María en nuestra clausura del jardín de niños. Ese mismo día la besé. La maestra y mis compañeros aplaudieron y Flor María lloró. Las lagrimas de Flor María cubrieron todos los pupitres del salón. Nos empapó. Sus llantos fueron tan fuertes que rompieron cristales, también se escucharon hasta la casa de la bruja vendeesquites. Ese día Flor María me odió y rompió mi corazón.

Después del jardín no supe más de ella. Hasta el día de hoy en que, nuevamente entre llantos y lagrimas, Flor María dice odiarme y hace ademanes de querer matarme, mientras carga el cuerpo inerte de su esposa, quien hoy fue atropellada por mí.

 

AGOSTO2020 ANA SEMEJANTE

Dibujo de Ana Gabz Ferral (Instagram: @semejante_ ).

¿Quién se queda el Starbucks?


Quédate el gato, que nunca lo quise,

me llevo a mis tías que no te quisieron,

toma las copas de nuestro quinto aniversario,

yo me quedaré la almohada que dice «Tquiero».

Quédate con la misa de domingos,

yo iré por las tardes de los sábados.

Para ti, los cines en miércoles,

para mí, los bares de lunes.

Aprópiate las noches de juegos de jueves,

y haz lo que quieras los martes y viernes.

Ve a misa los sábados o bebe los lunes,

pero no te presentes en Starbucks jamás.

Toma en tus manos la ciudad,

quédate todos los cuartos de hotel,

rompe el cronograma,

mata la rutina que nos mató,

quédate todo lo que vos querás.

pero deja para mí el Starbucks por favor.

No te acerques nunca jamás,

es mío, por Dios, solo mío ese lugar.

no llegues a pedir ni para llevar,

que Starbucks es mío por derecho de antiguedad.