Una hoja de chopo lleva el agua


Agua. Fotografía por Julie Sopetrán

Soy un chopo a la orilla de un arroyo perdido.
Voy dejando mis hojas sobre espejos acuáticos
y en silencio me dejo llevar por la corriente.
Descanso entre las piedras, sonrío en los declives,
disfruto tropezando con los musgos del río
y mi amarillo otoño disfruta con los verdes;
así, quedo dormida, bajo el arco del puente.
Despierto en el remanso, transito por los bordes
y juego a ser un barco donde el sueño navega
por el agua estancada…, donde cantan los pájaros.
Allí paso unos días contemplando el paisaje.
Me fascinan las fuentes que voy dejando al paso
manantiales que fluyen del fondo de la tierra
y regalan al río su dulce dimanar.
Alguna mariposa transita por la orilla
voy despacio y deprisa por todas las corrientes
y recuerdo mi chopo que ya no tiene abrigo.
Más tarde, un movimiento me atrapa en su burbuja
y me voy alejando con dirección al mar.



Cero grados


Foto de Julie Sopetrán

Hay niebla en la clase,

hace frío.

Suda colores la hoja entre la escarcha.

Los pupitres se cubren de nubes.

Los números juegan a las parejas de a tres,

y son uno y seis

de un impar feliz;

y nació niña.

Son cuatro y tres con el uno y el nueve.

Siembran tiempo y se van de paseo.

El seis se quedó en el centro, soltero.

Sale el sol, mediodía a las tres.

El profesor se va a comer,

queda un trío con el uno y el dos.

Suena el reloj:

tres palomas vuelan, cinco gallos cantan,

una gallina escarba la basura en la puerta,

y así, durante el día los números juegan

al esconder cien.

Durante la noche se acuestan a mi lado,

acunan sueños.

Los ceros se quedan solos debajo de la cama

y por más que hacen el amor,

nunca se quedan preñados.

Juegan

a dividir, sumar, restar, protestar.

Sin conseguir el efecto

de la consecuencia.

No encuentran cantidad sin unidad

y se entregan al polvo

y vuelan por la niebla sin valores propios.

Hace frío,

aplauden:

tan solo cuentan grados.

Amanece: el juego hoy es de cero a uno.