Y fue así como conocí al principito


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Transiciones


Perdida en palabras


Noté que me faltaba algo.

Eran tus lágrimas,

maravillosas

gotitas de rocío

sobre mis pies

descalzos,

helados

de penas hambrientas.

Estoy estancada.

Flexiono mis piernas,

quedo a ras de suelo.

Impotente.

Decido escribir.

¡Pues escribo!

Qué mente más jodida a veces.

Qué cuento de mierda

el que me cuentan mis sueños.

Reto a la realidad a darme un empujón,

¡fuerte!,

para lanzarme a no sé dónde.

Qué más dará.

Respira, respira…


Dejo caer todo:

mi cabeza,

mis hombros,

mi pecho.

Entrelazo mis dedos

y acaricio el cielo.

No abro los ojos.

Nunca abro los ojos.

Me dejo caer…

Me entierro en el suelo.

Soy una muñeca de trapo.

Me pesa todo.

No abro los ojos.

Nunca los abro.

Siempre duermo.

Y me mandan,

me sugieren,

que mis párpados se abran;

y salgo

con las lágrimas quemándome en el alma.

Y ando como si me hubiese quitado de encima

la parte de muñeco de trapo

que creo que era lo mejor de mí,

la mejor parte de mí,

al menos,

para el resto.

Raíces


La casa del azul naciente


Disparo certero