Finales de agosto


Los días han caído
sobre los balcones.
Los gorriones pican
las últimas migajas
de agosto. Los edificios
tapan su rostro a contraluz.
Y no queda ninguna ventana
cerrada. No queda ninguna,
que no anuncie sus intimidades.

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Desajar maravillas


Toco mi cuerpo como esponja.

Pasan mis manos maculadas
limpiando piel en cada abrazo.

Cada abrazo es promesa fecunda,
de las que vale la pena cumplir
para efectuar el milagro.

Pasan mis dedos
sobre la fina capa de hielo
que cubre mis labios.

Labios que me aseguran
que no decir nada es golpear
la puerta tres veces.

Cuando el impulso escrito indica
hender ese túnel y encontrar
maravillas al otro lado.

El vuelco


Escucharás el ataque del vuelvo.

Se abalanzará
y la avalancha caerá
como ola nevada de amor
sobre ti.

Él trepará todo
sobre la superficie.
No quedará más opción
que la profundidad.
Y con ella el enfado y la risa;
lo dulce y lo salado.

No habrá más que la hondura.

Escucharás el ataque del vuelco
y serás la única que sepa
aquello que lo remueve
repentina e inesperadamente.

Verificación en seis pasos de la primera fase del sueño


Pero cuando adormeces sin lágrimas, paces.
Sin embargo, no fluyen aisladas las perlas cristalinas.
Aunque el cohorte esté alerta a todo tipo de estímulos.
No obstante, cabeza y extremidades reposan a la inquietud muscular.
Pero continúa la vigilia.
Ahora bien, desconectarse del entorno es la entrada

a la siguiente fase.

.

La noche se va


A mi madre

Que mira, que mira,
que mira cómo vengo.
Oliendo mariposas
siguiendo flores bordadas de tu pañuelo.

Que mira, que mira,
que mira cómo vengo,
dando alas a los charcos.
Nubes que has pisao de mi firmamento.

Que mira, que mira,
que mira cómo vengo.
Cantándote sin la pluma de la gallina,
ni la tinta del calamar.
Sino dándole un nuevo día
a la noche que ya se va.

Derecho a vivir una vida patética


Vive una vida patética.

Toma mucho tiempo
llegar a la certeza
del fracaso, de los descalabros
de los sueños y las frustraciones
por aquellas cosas que no intentaste;
adelantándote al revés.

Vive tu patetismo.

Cuánto te costaron armar
todas las excusas o cómo
el tiempo te acorrala cada día.

Vive una vida corriente,
por muy patética que sea.

Bernarda octogenaria


Duerme apaciblemente sosteniendo
el alba en sus respiraciones: uno-dos,
uno-dos, uno-dos, uno-dos, uno-dos.
La noche la acurrucó entre la luna y la
corola de una dama de noche. Sobre ella
dormía como una amiga en el cuarto de
invitados. Bombea de forma asistida un
pulmón artificial enchufado a la corriente.
Insufla el aire a su nariz e inyecta la presión
necesaria. Sobreviene la viveza que pesa en
los cuerpos desgastados. La cama algodonada
cruje a su movimiento. Bernarda habrá cumplido
más de la ochentena de años cuando haya perdido
el luto, los prejuicios y el miedo al opresor.