A tiempo


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Siempre camina hacia adelante,
nadie nunca detiene,
a veces nos llena de posibilidades,
otras de recuerdos.

Un instante se vuelve eterno,
un momento memorable,
un segundo lo cambia todo,
un soplo en vida irrenunciable.

Te empuja apenas amanece
o se lanza como cazador,
tus minutos y horas mueren
hechos presas de sus dientes.

Una vez que entiendes la mecánica
te vuelves sabio y miras
relojes recién nacidos
desperdiciando segundos importantes.

Luego ríes, porque sin darte cuenta
te hace perder
el mismísimo señor tiempo,
lo único valioso.

A puro pan, a puro té…


Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona.

Nicanor Parra


Nos repartíamos el pan
de las estadísticas,
pero el hambre
no era imaginaria.

Del mendrugo
comíamos las sombras,
en sus bolsillos
guardaba las miguitas.

Sólo alcanzaba
para dos cosas el hambre,
una era para soñar,
olvidé la segunda.

Pan y té.
Amargo el pan,
amargo el té,
sin mantequilla el pan,
sin azúcar el té.

Aisla miento


Cuatro paredes y un cielo (falso)
entre tazas de café sucias,
saldos de almuerzo,
cajetillas de cigarros
por todos lados.
Cuatro paredes y una esperanza (¿real?),
los papeles escritos
con manchas de comida,
granos de azúcar bajo mis pies,
hilos de café cortado.

Las ventanas no cuentan,
con esas logro escribir, concierto
de palabras en hacinamiento,
su sonido estático crea
burbujas de ideas (sueltas).
Las ventanas no cuentan
historias al pasar, asomo
mis ojos y así apreciar
el vuelo de otros y
sus propios pensamientos.

El cielo he pintado con poemas
en donde un película ejecuta
las mil cosas vividas
entre mi mente y mis sueños.
Aclaro cada tanto para no oscurecer.
El cielo cae a pedazos, de pastel
en todos sus colores,
el peso de mis alucinaciones
no caben en mi cama solamente.
Acabo con palabras que no sepa hablar.

Vida


Un pedazo de corazón
incrustado
entre las agujas
de mis ojos.

Beber
tranquilo
un par de miradas
honestas.

La herida
de por si es recuerdo,
el dolor,
su escuela.

Volar
sobre trapecios,
sin tropiezos
es un sueño
para todo lo demás,
la vida.

Pez


Beber peces
con hambre
de mar y vida.

Tomar
sin las manos
en los sentidos.

Quién pretende
atrapar sus peces
con cuerpo de mujer.

Al final vive
el ahogo imprudente
porque dije peces
y no pez.

Blanca


Fotografía por Poetas Nuevos.

Sus pétalos gritaban desde un rincón
y sus súplicas llegaron a todo color.
Primero esa mirada embelesada
y luego el poema más blanco aguardaba.
El enfoque de lo minúsculo,
un mundo pequeño
hace grande al observador
(O sea, a ustedes).
Desde lejos es un montón más,
un arbitrario acontecimiento,
tiradas en la acera
esperando por agua de ojos.

Las miré con dulzura de espuma
y una carrera de clics silenciosos,
el tiempo tomó palco,
puso sus relojes patas pa’ arriba,
en esa libertad del segundo grande.
La cosmopolita fragancia del color
me reconoció dueño de todo,
desde su raíz
hasta su centro denso de azul,
ahí viajaba mi mente tras la lente.
El modelaje estático
fue su mejor pose.

El banco puede esperar,
los depósitos urgentes,
el cambio o sencillo
de diario consumo.

Los pasos pueden esperar,
el número mil y la letra
A, B, D o C,
el guardia y su mirada inútil
sin arma, sin chaleco antipalabras.

El hedor de las monedas
debe esperar por sus manchas
de olores y exceso de peso,
la multitud cobradora de cheques.

La seguidilla de gitanos
en su lengua natal nos dejan fuera
del cotilleo (España),
del copuchenteo (Chile).

Yo me quedé en un ramillete
de blancas flores con nombre propio
y vida a la orilla de mis ojos,
en el borde del poema
que pensé breve como una hora
de admiración.
Mi tiempo único alabó la belleza
de la naturaleza arraigada
a la tierra, al rocío y al viento,
desde su fe silvestre
hasta el tiempo de mis pasos.

Winston 101


Siempre despierto en una habitación fría
da lo mismo el día o el mes,
hasta las estaciones se detienen antes de entrar.

No sé si es amor, dolor, contradicción
pues cuando abro la ventana
y la luz descansa en mis espaldas
aparecen las lomas verdes
y los árboles de Einar Wegener.

No sé si el sacrificio me llevará
pues al tomar las piezas del ajedrez
los ratones quieren comerse el caballo
porque yo no quiero decir cinco.

Sé que es cuatro y mi mente no,
mis manos también pero callan,
el partido sabe que no es cinco
pero necesitan creer que tengo su fe por dominio y sepulcro.

La guerra ha comenzado,
la guerra nunca terminó,
la guerra terminó,
la guerra nunca ha empezado.

El amor es una excusa para los valientes,
los valientes quieren ser héroes,
no todos mueren en batalla,
algunos sobreviven siendo cobardes.

Ella disparó un te quiero y se fue,
quedé con los ojos quebrados, los ventanales
a punto de estallar en mi cara,
ratas de hambre, de carne y de sangre.

Antes del grito la soprano nos encanta,
los disparos,
la voz sutil,
el nombre infame,
piedra dorada, piedra dorada,
somos energúmenos
aunque las noticias pasan
por nuestros ojos e incrustan
las verdades del hambre y la derrota ficticia.

Recuerdo los brazos arriba y cruzados,
asemejaban martillos andantes
ante la multitud temerosa
del golpe fatal,
del paso feroz,
del olvido después de la muerte.

Siempre creí en la verdad de los periódicos
en la religiosidad de sus editores,
en la neutralidad de sus palabras,
en el acento final del lector
y la suspicacia del hambre.

Después fui el ladrillo roto que escribía la historia de los días, la importancia de la rutina quebrada antes de la noche y vuelta a armar antes de la gran neopantalla.

La vi partir
como el tiempo inevitable,
ese ajado azar random
nos quiebra de nuevo,
por amor al dolor
del cual nunca hemos sido curados,
sólo pusimos una capa
azul del overall
una cinta roja ella
un tablero de ajedrez yo
y el gin gentileza de la casa.

Las despedidas
tienen ese transparente
sabor amargo,
escuece dos veces
cuando pasa por la sangre
y gira por el corazón,
pero las despedidas sin adioses
duelen más,
pues jamás dos exconocidos
se habían tardado tanto
en partir cada uno por su lado,
ella de cinto rojo
y él con su caballo
comiéndose un cinco
que jamás salió de la 101.