Eros


Fotografía by Poetas Nuevos

Mis eros de tierra refulgen oxidadas,
en la no primavera y en el no verano,
sus puntas otrora verdes tienen las mismas raíces de las de mar, extienden sus ansias de vida y delirio mediante el color.

Sus almas vomitan oxígeno transparente, colgadas y no colgadas
son islas de deseo y decepción,
las veo respirar como peces
en esta orilla y a horcajadas vibran el último estertor.

Su impaciencia se parece a un poeta al punto de morir.
Escribe afanoso extensos versos
con toda la sustancia de sus mentiras personales,
entre el follaje del papel real.

Ellas no recitan,
porque eso es así,
abonan la pulcritud del suelo,
en su lenguaje milenario nos enseñan el sacrificio como un amuleto de ejemplo.

Al tomar esta fotografía las perpetuo jóvenes entre las viejas,
virtuosas entre las inútiles,
excelsas con el argot primigenio:
nacer,
crecer,
morir,
trascender y ser alimento.

Tengo en mi mente
hojas de todos los colores
que he inventado o he visto alguna vez,
en una película triple HD
en esos televisores ultraplanos en las megatiendas.

Ustedes también han visualizado
más un millar de imágenes,
donde las hojas son la reseña
triste del otoño y de una melancólica
entrada al invierno del terror,
lo digo solo por el frío.

No las abrazo para evitar
el quiebre estético,
es la escena en mis sueños más recurrente, aunque no las sueño dormido,
más bien las idealizo despierto.

Mis eros de tierra mueren
en un campo de batalla adverso:
la vorágine del ruido,
la ensordecedora tristeza del no tiempo,
los pies minúsculos del crujiente ser humano.

Mis eros de tierra gimen
en sus giros de muerte,
el roce del rival más temible
las excita y lastima a la vez,
caen en una cama verde,
en su orgasmo del tiempo
mueren felices.

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Hojas negras


«Oh, Dios, no sé de pérdidas y por favor jamás querré saberlo».

Llegó el tiempo de las hojas negras,
cuando cruje el corazón
en cada puerta que se abre o se cierra.
Una indiscutible sordera del alma,
ese paso ciego y lento,
nada se escucha dentro, tampoco afuera.

Cierro los ojos y ahí están quemándose,
como si no bastara con tu pérdida,
más encima debemos entenderla.
Remojo unos recuerdos de horas
gastadas por la vida y te diluyes,
pero no quiero nada etéreo.

Hijo, he aquí la vida que nos dejaste,
estas hojas negras eran tu futuro,
mas no entendí por qué se queman.
Amado ser de luz y alegría,
por qué la tinta se borra
con tu pronta partida.

Las avenidas estrechas y húmedas,
qué sabrán de dolores
cuando el eco de tus pasos no llegue.
Algún escritorio triste esperará,
mas no habrá quien ocupe su lugar,
una desafortunada soledad.

Recojo mi alma, aunque el viaje
sin atajos sea una espiral
desenvuelto por tu alma.
La herida expuesta es un puñal
autoimpuesto cuando te nombramos hijo,
serás las palabras sin consuelo.

He de hablar por la boca,
ese corte entre el alma y la cabeza,
articulado por la mecánica del dolor.
He de sonreír alguna vez, algún día,
entre noches de triste melancolía,
hasta el amanecer de un nuevo dolor.

Aún quedan pedazos de ti
regados en mi memoria de vida,
cómo haré para florecer.
Donde la sangre fue alegría
hoy quisiera desterrar
las enseñanzas del amor.

A Neruda


(I)

Yo no tengo mar,
rocas negras de horizonte,
tampoco el sonido
de su andar.

Mis palabras desprendidas
hablan de mujeres
en gloria y majestad.
Yo no las toco
como el mar a sus pies.

Yo no tengo casa,
hablo por la piedra tallada
a imagen y semejanza
de la soledad.

Mis palabras en alegría
sustentan a sus seres
de los que escribe en saciedad.
Yo no las rozo
como el amor en revés.

(II)

Yo no tengo bronce
para repicar en su corazón
de mar y búsqueda,
tampoco la madera
santa de arena su casa.
Acá el refugio
adolece de buena armonía.
El despertador
tiene forma de campana,
pero es solo un zumbido
animado al amanecer

Mis ventanas pequeñas
solo contienen rocío,
hojas de otoño,
arañas de jardín,
aquí la caracola
huye del mar
hacia los audífonos,
su canto cacofónico
ensordece sin paz.

Jamás tendré patio
de roca y arena,
playa de quitapenas
en una garrafa de tiempo.
Beber mirando el cielo
estrellado de mar,
a la salud azul
de noches sin poemas.

Mi casa no es original,
por cuestiones de norte
al sur tiene los pies,
a la altura del mar
una pared de triste ladrillo
evoca su necesidad
de poesía de sal vívida.
Cuando extiendo mis brazos
no puedo tocar la playa
tampoco la cordillera.
En el canto de los pinos,
esa enredadera verde
se pierde el camino.
Del poeta mis palabras
son piedras en alivio,
la mar devuelve
las letras de tierra firme.

(III)

Yo no tengo mascarón de proa
para ensalzarme con amigos
mas tengo una mujer real
la cual guía mi destino.
No está bañada en oro
tampoco se queda quieta,
sin embargo da paz como tesoro
a sabiendas que soy poeta.
Yo no le canto a todas
cual poeta de roca negra,
a ella mi voz embelesa
cuando todo nos queda.

Su cabellera viaja por siete mares,
descansa por las noches
bajo el alero de mi cielo,
de mis ojos estrellados
entre su sonrisa de mar,
su canto de caracola
mi cuerpo revoluciona.
Sus ojos de verde mar
más bien son de campo,
llegaron a través del río
entre las piedras de la vida
hasta brillar en la mía.

Su cuerpo de sirena navega
a favor del amor,
el rocío de sus besos
hace surcos en mis labios,
mas la ola que moja mis pies
viene con ella dentro,
me acerco a la orilla,
a la comisura de la vida,
al borde de todo el deseo,
ella me salva, solo ella,
se lanza conmigo
como único destino
el mar del amor.

De qué estoy hecho


Ellos leyeron a los romanos
y lloraron con el teatro
griego, por las rendijas de
un laberinto alguien contaba
historias tenebrosas sobre
la luz cegadora allá afuera…

De qué estoy hecho
(PDF de descarga gratuita).

Mi padre astronauta II


Dime, ¿qué historia ves?


Más allá de las nubes, están escondidas historias de mi padre astronauta; él construía campamentos para sus experimentos científicos.

Día uno

Hemos llegado al lado oscuro de la luna y el descenso ha sido impecable, al igual que en las misiones de los setenta nos ubicamos en una extensa planicie, parecida al mar de la tranquilidad. Procederemos a desempacar nuestra estación, gracias a los avances en cuanto a aleaciones nuevas, usamos estructuras livianas y resistentes, que serán la base para nuevas expediciones. El sistema canasta invertida similar a un iglú facilitará la instalación de nuestro campamento, zonas de descanso, zonas de invernadero, bodegas, víveres y el cuarto de baterías. Además debemos conectar un cableado suministrador de energía solar a los paneles, llevan tiempo inactivo a la espera de su funcionamiento y estos son los grandes pasos para la humanidad. Para eso debemos dirigirnos a la base Motor, verificar sistemas y actualizar datos, corregir la potencia de los paneles y sus baterías de reservas, sin embargo eso será mañana cuando la luz del sol esté en buena posición y no hagan sombras los cráteres y elevaciones, lo cual nos puede alejar del camino

El día o sea la noche, ha sido una experiencia distinta a otras misiones, antes solo debíamos reconocer lugares para futuros campamentos, volver a la tierra y esperar ser elegidos para la misión importante, ahora estamos sobre la primera piedra, todo evento o ejercicio es una fascinante novedad, hemos trabajado arduamente y es hora del descanso

Nuestros cálculos físicos, matemáticos y de telemetría coincidieron con expediciones anteriores sobre una ubicación privilegiada a mantener excelente comunicación con la tierra. Pienso en eso mientras miro la delgada oscuridad que nos envuelve y estalla el intenso azul estrellado con una gran franja de la vía láctea, el silencio está escrito en todas direcciones y con mayúsculas

Mientras tanto en la Tierra

Las ballenas cantan en una noche donde nadie quiere cerrar los ojos y por un momento buscar entre tantas luces en el cielo, una, sólo una que nos acoja como hijos necesitados de ese tibio y lumínico amor. El mar es una orquesta dormida en la profundidad y molto allegro en la superficie. Azules, más azules lucen estas noches de brillante cielo. La tranquilidad sobrevive porque algunos duermen y los demás sueñan, sueña intensamente en lo que no pueden ver, pero sienten y persisten en esa sensación del alma llena de propósitos. Un eco escucha el sueño desde la casa del astronauta y sueña en el futuro, repitiendo la frase en su mente, “mi papá ahora debe estar presto a efectuar sus experimentos gravedad cero, ojalá lea mi libro luego y me cuente esas historias mezcladas con matemática, física cuántica y química cuántica”.

Los satélites alrededor del planeta parecen abejas rondando el panal antes de enviar la información, antes de entregar la miel y continuar su labor obrera. Sonidos y muchos beep viajan hasta las antenas captadoras y repiten el sueño de las estrellas con las últimas buenas noches de los primeros hombres en el lado oscuro de la Luna.

Las nubes cubren grandes zonas de la tierra y del mar descansan esta noche larga, larga como segundos cansados o en gravedad cero, se despeina y viste de azules prodigiosos, agujerean el cielo con su blanca humedad. El viento las empuja, luego las persigue y así todo el planeta descansa sin hacerlo, los relojes duermen y sueñan con el tic-tac.

Todo está en paz y es esa sensación la que hace girar el planeta rápido, fuerte, con un zumbido y nos obliga a cubrirnos con las mantas en la cama y no saber de nada más que de sueños imposibles, ese dulce vértigo de canciones de cuna.

Día dos

Estamos listos para comenzar los experimentos “gravedad cero”, en el patio azul con vista al espacio sin más que una hamaca flotante vamos a ejecutar el primero:

Leer un libro (de los antiguos: tinta, papel, tapa y contratapa duras) la selección de esta mini biblioteca fue hecha por los hijos de cada científico, así que no tenemos idea de su experiencia previa en la lectura, pues sus edades van desde los siete años hasta dieciocho. Como estoy a cargo de este experimento escogeré el de mi hijo.

(20 mil leguas de viaje submarino de Julio Verne)

Abro el libro y me entrego a la maravilla de leer en paz y sin gravedad alguna una historia fascinante, al igual que nosotros sumergidos en lugares desconocidos.

Enciendo las luces del casco para iluminar el libro, desde ya inquieto, porque no recuerdo haber leído este tipo de temáticas cuando era niño, mi padre, astronauta también, sólo me sugería libros de matemáticas y física, sin embargo, tampoco demostré interés por otras literaturas y menos de fantasía.

En esa paz casi plena, a no ser por la respiración pausada era fácil introducirse en la lectura y sus pasadizos angostos, repletos de detalles, ninguno de estos caminaba por la infancia y menos por la adolescencia. Podía imaginar desde grandes ventanales que permitían ver hacia las profundidades con sus potentes luces, hasta indicadores de navegación, artilugios que marcaron precedentes en el desarrollo de gran parte de los avances tanto para submarinos y otros usos militares.

Un leve pestañeo de las luces LED del interior del casco logran distraerme. Miro hacia el cielo y aparece una sombra consistente flotando en la suave oscuridad de la luna. Mis ojos iluminados por las luces han dejado de pestañear, bajé la mirada para marcar la página en cual iba y doblé la hoja, al volver la vista todo estaba como antes, paz en la tierra y paz en la luna, pero yo sé que vi y encontré en esa forma la misma descripción del Nautilus. Preferí dejar de leer y descansar, mañana proseguire.

Continuará

A Wislawa


Fotografía por Poetas Nuevos.

Cuando leo a Wislawa suceden cosas,
sencillas para ser honestos.
Mi mente camina por parajes,
reconoce sus letras de un verdor
capaz de iluminar el sendero.
El olor a pintura fresca
adorna el ambiente de arte en construcción,
te puedes ahondar en el cuadro
cual figura de tres d.

El arquetipo de mis poemas sufre, crece, desarrolla nuevas temáticas.
Triviales someramente.
Profundas a mi sentir.
La escritura necesaria en la mente destiñe,
pasa a ser un sucedáneo del original.
Estas son las mejores horas,
pienso en paz el reflejo de sus notas,
las que he perdido por sostenerme
en la digital vena inspiracional.

Hablo de palabras que busqué
en su idioma,
el de la poesía por supuesto,
desdecir lo dicho
para impostar una voz fresca y sutil.
Tampoco pretende ser un calco
en su andar por la construcción poética, esas son cuitas para filólogos,
lo mío parte por admiración e intuición.
Esto no pretende ser un trabajo,
es vida y el recorrido que nos impone.

La suerte mía fue encontrar en sus poemas
una especie de espejo.
Aún en esta lengua dada a mil ideas y kilómetros de tradiciones y traducciones,
es posible sentirse cómodo e identificado con el exquisito uso de las palabras,
ese río extendido por la tierra de la poesía,
diluye, transfiere y empodera el hermoso lenguaje. Ahí, en medio de esa delta arribo a ver el brillo de sus peces, sus héroes.

Por ella me llamo poeta

Claudio Arrau


Un piano y las viejas manos de un artista develan la noche, sin luna y las estrellas arraigadas en sus ojos. Sus pequeños y regordetes dedos conocen cada tecla y viajan sin tocar a profundidad las blancas y las negras, más bien seducen el encatrado de cola y en una fantasía nocturna las podías ver pulsarse al paso de sus manos en armonía con el brillo de la noche.

Alguien hundía con gracia enfermiza y sentimiento desolador cada melodía y las luces en sus ojos conseguían la música nocturna que Chopin soñó por siglos ejecutar. Con todo el pentagrama en su mente solía encontrar las manos prodigiosas y sin embargo hasta los eruditos, veloces y extravagantes artistas no lograban convencer. El tiempo acabó con esa idea y guardo para sí el anhelo de sentir la perfecta ejecución.

Lo conocí cuando era tarde
[parezco el tren maldito de madrugada]
Una vez vi la publicidad en el Municipal
[entre incesante vapor, tardío y vacío]
Cientos se amanecieron en la preventa
[debí ser el ciento uno en llegar tarde]
Miles quedaron fuera por meses.

Qué sabía yo de poesía en pentagramas
[recién comenzaba a vivir cuando sentí]
Cómo reconocer al intérprete del alma
[la mía daba pasos de bebé, con miedo]
Entre tanto ruido la música sacra enmudecía
[apenas me escondía en lo pop del mundo]
Cómo saber cuándo eres ciego total.

Esa noche abrió los cielos al Emperador
[tuve que buscar en listados oficiosos]
Una ola de teclas empecinadas sobresale
[desde Polonia hasta Santiago de Chile]
Verle y oírle en perfectos otros idiomas
[desde la dictadura hasta Chillán]
Aunque el silencio no concertó cita.

Un ramillete de aplausos recibió su sonrisa
[los hijos sin música y los ojos tremulosos]
El camino al piano fue un frío misterio
[llevaron en andas hasta el piano mimado]
Chile se arremoló en el aeropuerto y en la Catedral
[dejamos el cuerpo afuera y el alma en sus manos]
Lloraríamos su muerte unos años después.

Estas palabras parecen sacadas de un poemario recién leído. Los años y la distancia tienen un encuentro inusual cuando escribo parafraseando a Natalia Litvinova. “Ya sé quién hacía de ellas instrumento para evitar el hambre, con la gracia de sus dedos, subían y bajaban arrancando tubérculos de raíces lloronas. Claudio Arrau interpretaba a Chopin y Polonia era elevada más allá de cercos y murallas, donde las fronteras y el hambre no se hablan, ni se mastican”.

Puedo esconderme entre los hombros y dejar a la música su verdadero papel —sentir— y pienso sabrán ustedes interpretar a bien mis palabras. Ese murmullo de los músculos en stand by. Un mensaje llega al alma cuando creas paisajes idílicos e únicos en tu mente, vibras y vuelas, corres veloz y hasta te haces invisible, eres el sonido que viaja y la puesta de sol ultravioleta o un cielo Vainilla torna color pastel tus mejillas.

Libre hubiera sido ese día entre desconocidos
Al alero de un músico concertista en piano,
Bajo la custodia de un incipiente otoño Santiaguino
Envuelto en la sonoridad del Emperador.

Podía imaginar las luces de cada instrumento
Guiados por la majestuosa interpretación
Del pianista, del alma, de la obra en sí,
Vuelo junto al eco de las teclas más finas.

Siente como la piel y la sangre alinea tu ser,
Puedes fluir desde cada uno de tus sentidos,
Evolucionar a los paisajes celestiales existentes
En las partituras, en la magia interpretativa.

El Emperador posó sus manos sobre el piano,
Con la memoria abarrotada de conciertos
Despertó a los creadores e invitó de nuevo
A brillar antes miles de almas soñando despiertos.

Claudio Arrau interpretó magistralmente el alma de compositores tan disímiles como Beethoven y Liszt, para mayo de 1984 y después de 17 años volvía a cautivar la patria que lo vio nacer. En 1991 su vida alejó para siempre las manos del piano y con ello nos alejó del cielo.