Figuras en el mar


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Con los ojos cerrados

comparte el universo,

deja que él te abrigue.

Junto a lunares y venas,

imagina muchos viernes

con puestas de sol sin cambios de hora.

Junto al mar luminoso

los acontecimientos pueden ser banales,

o llamarte a llorar si no eres una diva,

pero somos figuras en un decorado.

Tan solo piensa,

que ese decorado no entra en el mar.

 

Fotografía del autor.

Heridas en el aire


La herida del aire

adquiere velocidad

cuando sobre el azul de tu playa,

del cielo de tu ciudad,

o en la llama de tu cocina

se refugian las dudas

de ser más importantes los intereses.

Que existen gritos muy tempranos

o nos quitan la vida lentamente.

Entonces no hay llama ni azules,

solo la primera herida del día.

 

Foto del autor.

Vejez


En los ojos de los ancianos

veo morir días, veo morir risa,

irse la felicidad por los pasillos.

Ya no tienen suficientes remos

para cruzar sin llorar, dignos,

sin muletas o dolores,

los ríos que los separan,

de aquellos parques de alegría,

de calles sin obstáculos ni indiferencia

de músculos tensos y proezas de memoria,

de aquellos días llenos de otras cosas.

Elegimos


 

Elegimos un traje,

cargamos el arma convencidos.

Todos los días lo hacemos.

Encontramos un buen puñado de excusas

—falsas—.

Después, la rueda de la apariencia

y el sistema operativo del ordenador

comienzan a triturar el día.

Más oscuro


De nuevo se alzan grúas,

fantasmas y ciegas prostitutas de lujo.

Blancas estatuas caen de puentes de hierro.

Qué verdad para las masas,

la vida vuelve a chillar y nos alcanza.

Pero las paredes las necesitamos tan gruesas como en Troya.

A pesar de que llegará a todos los lugares el fuego.

Fotografía de autor.

Líneas


En la línea de tu espalda,

miles de incendios desatan

la revolución del amor.

Te reafirmas en tus logros,

no ves las tormentas,

y prosperan dragones

en horas olvidadas.

 

(Foto del autor)

Miedos


Los miedos son fértiles

cuando crecen en aguas negras,

en tardes de blanco ambulatorio,

en esos ruidos de puertas y sillas,

en la espera.

La cabeza pierde porque sabemos

que viviremos arrastrando castillos y muletas.

 

(Fotografía del autor)