Letanía VII


Las jarcias quedaron enredadas

a fantásticos recortes a la deriva;

lo lejano y los años aplazados son

las alas cargadas de labios tiernos

que ahora sesgados se convierten

en humilde tributo de un reloj de arena.

 

(«Islas cercanas a Estocolmo», fotografía del autor).
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Horizontes


Mientras,

un solitario hálito dichoso

me atrajo a este tumulto de cielos y mundanos horizontes.

Yo intentaba ver, pero solo perdía.

No veía la trampa de las emociones y miedos

en la cotidiana batalla que es cada día.

Letanía VI


VI

Llega a la costa la canción recitada.

Callando todas las voces

mientras vemos un pez que se debate en tierra,

por falta de aire igual que mueren nuestros destinos:

 

El puente partido

la faz apagada

la siniestra sombra

nada en la cala.

 

Este año las playas estarán cerradas,

y con el futuro gritando continuamente

entrará nuestro barco con el mástil roto.

Pasaron


Son rostros prodigiosos los que se van,

ya no dictarán más música.

Los pensamientos podridos de perfeccionistas

y ese paso de acero de algunos días

les persiguen.

 

El río


He nadado en el río donde resucitan los pájaros,

había amapolas salvajes en las orillas,

y yo podía leer tu mente al mirarte.

Una música tranquila de verdades.

 

La gratitud


La heroica petulancia

del que siente un afecto gratuito

no sirve; existen almas gemelas,

libres de soñar en una playa.

Debes guardar esa sensación suave,

igual que sentir el temblor de las farolas al anochecer.

 

Un lugar


En el taller de los corazones,

cajas de violetas me recuerdan

los sonidos de tu pecho.

Me dictan la música,

el sentido pronunciado juntos.