Líneas


En la línea de tu espalda,

miles de incendios desatan

la revolución del amor.

Te reafirmas en tus logros,

no ves las tormentas,

y prosperan dragones

en horas olvidadas.

 

(Foto del autor)
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Miedos


Los miedos son fértiles

cuando crecen en aguas negras,

en tardes de blanco ambulatorio,

en esos ruidos de puertas y sillas,

en la espera.

La cabeza pierde porque sabemos

que viviremos arrastrando castillos y muletas.

 

(Fotografía del autor)

Tormenta primera


 

 

Y los árboles no podían taparlo

en la selva de noches y palacios.

El idealista, sofocado, solo veía rocas

imaginando muertes,

y lugares de náufragos.

Él tenía zapatos que se lustraban con sangre;

ella, un mundo de mareas,

enérgica y buscando sus ríos,

donde se hacía nueva la cara cuando se abrazaban,

llenando las habitaciones de luz,

era todo nuevo y larga su melena.

Ese día miró arriba, a los atardeceres lunares

sobre los tejados de un planeta lejano.

 

(Fotografía del autor)

Piel


Hace tiempo que, en los palacios de oro,

ya no tienes la piel de esas noches.

El lunar donde cabe un mundo tan intenso.

Desmesurado, pero que me hace soñar

despierto, lo cual es un poco más de vida.

O todo lo que será felicidad.

Pero sí pienso en un calendario.

Ahora los zapatos se lustran con sangre.

(Fotografía por Kari Basanta, fotógrafa argentina, con permiso de la autora).

Animales tras el muro


Entonces a ojos de los ángeles,

los del azul cielo y los del fuego eterno,

seremos animales agachados

junto a los muros de cualquier noche.

Y también de esos otros ángeles.

De los demonios que respiran tras el muro.

Foto Propia

Guirnaldas


Era yo y el barro

(así me engañaba),

después tú me encontraste

con miserables guirnaldas de autor,

adornando mi egoísta vida.

Tú fuiste mi precipicio,

mi lugar donde salvarme.

Tú.

Fotografía por Kari Basanta.

Línea de vida


Porque importa cada yo defendido con egoísmo,

esos juegos de ametralladoras tan luminosas,

de guerras en el televisor,

la angustia de un anciano que levanta la cabeza,

y pregunta: «¿Dónde estoy, dímelo por favor?».

Ese es el final;

el cariño que ya no lo esperas.

Fotografía de Kari Basanta @kari_basanta