Casualidad


Y fue así, te vi. Nos vimos.

Un encuentro que no tenía agenda, planearlo hubiera sido una catástrofe. Coincidirás conmigo en que no hay mayor magia que aquella que nace en las casualidades.

Y fue así. Te vi. Nos vimos.

Ojalá volvamos a coincidir.

Te cuento mis porqués


Porque la duda es el indicio del descubrimiento.

Porque descubrir no implica haber encontrado lo necesario.

Porque hay necesidades que no pueden esperar.

Porque quien sabe esperar aprende la esencia del triunfo.

Porque de nada vale el triunfo si no hay con quien compartirlo.

Porque compartir es una virtud.

Porque existen virtudes que llevadas al extremo son defectos.

Porque los defectos son evidencias de nuestra condición de humanos.

Porque esta humanidad no depende de la contextura física sino del alma.

Porque el alma, pura como ella sola, es un abismo de inciertos.

Porque todo lo incierto está fundamentado en alguna verdad.

Porque de verdad me interesas.

Porque no hay interés que no venga con temores.

Porque a mayor temor, mayor demostración de amor.

Porque el amor no tiene restricciones.

Porque restringir es la mejor manera de ser egoísta.

Porque para ser egoísta se debió haber sufrido primero.

Porque el sufrimiento es inevitable.

Porque no es necesario evitar el dolor pero sí superarlo.

Porque superar no es olvidar.

Porque el olvido está condimentado de recuerdos.

Porque no hay recuerdos buenos ni malos, solo pasados.

Porque lo que pasó alguna vez nos ha formado.

Porque para formarse correctamente se necesita disciplina.

Porque ser disciplinado conlleva sacrificio.

Porque de nada sirve sacrificarse si no es claro el objetivo.

Porque establecerse metas no sirve si solo las escribimos.

Porque cuando las letras se esfumen, solo queda uno mismo.

Bendita incertidumbre


Dos completos desconocidos se miraron fijamente a los ojos. Al verse cada uno en el reflejo de sus globos oculares, se perdieron. No sabían si veían a otra persona o se veían a sí mismos. Bendita incertidumbre del amor.

Te amo


Te amo.

Pero no de la clase de «te amo, quiero estar contigo» sino de ese «te amo, y estoy bien así». Tampoco es el «te amo» de antes, es uno nuevo. Uno que no te busca, ni pretende encontrarte.

Un «te amo» tímido y sin pasión pero lleno de compasión. Quizás sea un «te amo» incompleto. Sin sabor pero condimentado de recuerdos.

Tal vez sea un «te amo» mentiroso porque el verbo amar debe estar acompañado de una acción.

Sin nostalgia ni tristezas, podría ser un «te amo» casi como un «te quiero», casi como un «te aprecio», casi como un «te cuido», casi como un «no te amo, solo que no te olvido».

O probablemente sea un «te amé».

Don’t forget me, por favor


No hay remitente donde mandar cartas cuando el olvido se apodera de la tinta.

Cuando el sol se esconda y la luna salude;

cuando llegue el frío y no hay quien te abrigue;

cuando el tiempo pase y las canas lo atestigüen;

cuando cante el río y el cielo te susurre;

cuando escuches voces y busques ataúdes;

cuando suene el despertador y no sea yo tu almohada;

cuando el desayuno tenga sabor a nada;

don´t forget me, por favor.

 

Querido sino


Encuentro un punto fijo en la pared,

perdiendo la mirada en un blanco tan abstracto como el alma.

Voces susurrando melodías sin acordes,

tonalidades sopranos cantan al pie de la ventana.

Se escurre el cielo y se ensancha el abismo,

un pasillo invita a encontrarme a mí mismo.

 

¡Corred! —gritan las ganas. ¡Entrad! —incita la nostalgia.

 

El pasado llega como visitante extranjero,

serenos pasos marcan la tierra del camino.

Saluda con reverencia y se sienta a mi lado,

ignoro el hecho de haberlo pisado.

El trecho se acorta entre el recuerdo y el olvido,

se hizo presente el ayer, querido sino.

 

 

 

 

Entre líneas


Cayó el sol y no se levantó hasta 12 horas después. Allí, en el océano impetuoso de la noche que genera olas del tamaño de tus miedos, nacen los infinitos. Todo aquello que se desconoce el principio y final. La incertidumbre en su máxima expresión; al deseo de desear lo indeseable y alcanzar lo inalcanzable, se le suma el hecho de pretender lo que no se debe.

—No me creerías si te confieso lo que pasó por mi cabeza

[Entre líneas: debo decirte algo]

—Entiendo tu condición, pero deberías entender la mía —sigue en su monólogo

[Entre líneas: ¿existe la posibilidad dentro de lo imposible?]

—Deberíamos vernos. En algún momento, en algún espacio, en algún rincón de la utopía —insiste solo

[Entre líneas: tengo ansias de ti ¿me ayudarías a saciarlas?]

—Cuando digo que no entiendo de dónde nace el deseo no miento —trata de explicar

[Entre líneas: ¿debería aclararte que te deseo?]

—Bueno, es algo complicado. No trates de entenderlo

[Entre líneas: no pierdas el tiempo en cuestionamientos, solo déjate llevar]

—No te conozco, no me conoces, pero algo de lo abstracto se ha materializado en mi mente

[Entre líneas:  ¿qué estamos esperando?]

Y así, el monólogo siguió mientras las horas pasaban y el sol, quién había tropezado, lograba ponerse en cuclillas para luego pegar el salto.

Sonó el despertador.