Castigo


El infierno
es la culpa en mi espalda,
la majestad de la noche
sin pupilas.
Me abrasa esta sombra.
Quema el hielo.
No hay fuego superior
al de tu boca.

Anuncios

Refugiados


Una orgía de remos
riza el mar.

Una orilla es pasado.

Chalupas y más allá
—el sol oculta
pretensiones de tiempo—,
otra
espera.

Hay futuros
con rostros de muerte.

Gajes del oficio


Busco
la palabra,
la afilada,
la perfecta.
No la espada de Damocles
sino la de Alejandro;
aquella que corta
todos los nudos,
hasta el gordiano.

Busco esa palabra,
la que ensordezca
este silencio
de hoja en blanco.

Ruego


Que la clave
sea
el clave,
sin sonido asordinado.
Choque de metales

Hoy
piano
no.

Número perfecto


Todos los pares del cuerpo
los riñones,
los pulmones,
las mitades del cerebro nuez
—¿eso no cuenta?—,
los pies,
los brazos,
las manos, no;
sus dedos subversivos
investigan,
hurguetean,
se independizan,
se rebelan.

Todos los pares (decía)
imploran
la fecundación del impar
trío.

Dicotomía


La tristeza es una pala.
Cava.
Abre paso.
Da lugar.
Cultiva el terreno
con sus lágrimas.
Abona el alma.
Ablanda el corazón
y lo prepara.

Despunta
en alegría.

Éxtasis


Entre tu orilla
y mi desvelo
cultivo palabras.
Lanzo anzuelo en
metáfora rotunda.
Cae a pique
en el centro, caracola
y su peso corta la carne más delgada.

Como una lámpara
enciendo todas las que soy:
fértil.

Inquiero con asombro
una de mis preguntas banales
¿Dónde queda
—bajo qué dirección estupefacta—
la alegría innoble del ocaso?

Derramo otoños
hacia allá.