Tan temido


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Los dioses se han ido.
No hay quien aguante el peso del mundo
sobre hombros ausentes.

Me asomo al desfiladero.
Esa grieta ancha donde nadie escribe
se parece al infierno.

La cuestión metafórica


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Al amparo de la anécdota
el sinfín del río
avanza al muelle
donde el movimiento,
por fin,
traduce la calma.

Fenómeno


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Tu boca en celo.
Tu piel de fuego.
Tu piel morena.
Morena, tu piel de fuego
despierta.
Tu piel,
ojos,
boca
salvajes
encienden.
Feroces
llaman
mi deseo.

Sonidos


Ph: Verónica Boletta

Puse cascabel a los silencios
para interrumpir esta calma desusada,
¡menuda esperanza tanto acorde!

Ahora no llaman
ni el viento
ni la trama
ni tu nombre.

Mis números


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Encarnan la ficción.
Sin moraleja,
una guía.
Abren mundos
espejos
infinito.
Delinean un dibujo,
la maqueta de un esbozo:
en la intuición de un pez,
el rastro de tus ojos.
.

Panegírico


En el hueso roto de la noche
hunde el pez sus escamas.
Bate parches el alegre figurón.
Su nombre ruge maullidos y pleonasmos.
En las gargantas,
sin embargo,
se ha secado hasta el Niágara.

Hundido


El día naufragó
cuando más necesitaba concentrarme.
Entre los pliegues de las obligaciones
el día.

No soy dueña
de mis actos.
No soy dueña
de mis santos.
No soy dueña.
No soy dueña. No.

Sabrás disculpar mi sed.
Sabrás disculparme.
Tu boca arde.