Depresión


Cuando al alba pasada la noche efímera,

aún sin dormir, creemos que somos vida,

aquella que aún nos debe felicidad.

En esos momentos el caos más oscuro

no tiene la fuerza para borrar al bien.

Pero alguien muy querido se está destruyendo

su mente esta pulverizando los puentes.

¿Por qué los cerebros ahogados entre el dolor

de cada articulación y el hastío a la edad

se destruyen en las paredes de la casa

mutuamente

en la penúltima estación de la vida?

¿Por qué saltan por los aires

y a los balcones del negro sufrimiento?

Toda felicidad o triunfo se desvanece

al ver carcomerse a ese ser querido desde su mente.

Nunca te enfrentes a un herrero


En el campo de la mente
nunca te enfrentes a un herrero.
Se defiende de vez en cuando.
Su cerebro es como su martillo, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Si lo haces, olvídate de tu estima.
Estarás mejor si no le esgrimas.

No tiene el entrenamiento de un guerrero,
suena fácil, pero no es pendejo;
porque tampoco tiene su honor.
Por cada vez que lo hagas sangrar
su ira aumentará,
Y forjará lanzas con su propia sangre.
Y de cierto te arrepentirás.

Si alguna vez te has quedado sin aliento
y tan solo que tus ojos se humedecen.
Déjame decirte algo.
Mmm… quizás ni así lo entiendas, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Sus lanzas de hierro y sangre no solo te herirán,
también tu corazón han de contaminar.

¿Por qué no eligió el camino del guerrero?
¿Por qué no se volvió mago o alquimista?
¿Por qué no es un bardo que conquista minas?
Cuando tu corazón esté contaminado
y ya tengas hierro en lugar de huesos,
cuando comprendas la magia negra de su acero.
De cierto te arrepentirás.

Melancolía


Foto: © Merche García

Vuestros besos


Dibujo y kitô de Juan Machín. Musas: Elena Revueltas y EsKarlata Angélica

Safo de Lesbos

haría un poema

a vuestros besos.

Cena de empresa


Fortissíssimo


—¡Magnitud diez!
—¿Qué es?
—Un arma.
—¿Un arma?

Un arma que toma dos armas.
¡Quién diría que la música
está bajo el control de las matemáticas!
Te atormenta el arte y no el karma.

Si quieres tocar una nota
te espera un sacrificio.
Exige todo tu aire,
requiere todo tu cuerpo.

Tú no la tocas a ella,
ella te somete a ti.
Ahora te duelen los dedos,
mañana todo el cuerpo.

Llegar al re mayor no es sencillo,
empieza mezzoforte
y termina fortissíssimo.

Nos miran


Nos miran.

No son estrellas. Nos miran

desde nuestra oscuridad hasta sus ojos

esperan

como la araña a la polilla.

Polillas que se estrellan contra tu ventana insomne.

Ventanas iluminadas en ciudades muertas.

Luces con dientes de tiburón cantando

la canción del naufragio.

Rochas negras da Costa da Morte

aguardan

—en silencio voraz—

tu golpe seco de pájaro herido;

el clac

con el que se despide la flor marchita;

el olor almizclado a fruta

demasiado madura demasiado podrida.

Están ahí, en el garaje,

cuando sales del coche de madrugada.

Están

en esa llamada a deshora.

Habitan todas tus esquinas oscuras.

Ven,  cierra los ojos —dicen—

y sueña

que no podrás despertar.