Siempre hoy


Inmortalizar las flores, el amor, el papel y las palabras.
Huir del fuego, alabar al juego y jugar contigo
hasta que la última flor se marchite o hasta que muramos quemados.

Porque te quiero siempre, porque siempre es hoy, cuando los adioses llegan mañana por la mañana.

Dibutrauma de tulipán con letras.

La armadura


«Declaraciones de amor inocente,
… la esperanza de ver al amado
nuevamente después de partir;
la alegría juvenil
y la fe en Dios».

Si esto quieres expresar,
tengo al emisario para ti.
En medio de un huracán de notas
aparece La,
la más alta nota.

Su armadura la sostiene.
La sostenida.
Y la vuelve diestra.
Y sus espadas bemoles,
La bemol.
La vuelven siniestra.

Su altura determina su rango
en su armadura.
Sus cuchillas fusas y semifusas
indican lo mismo.

Sus redondas y blancas
gritan su nombre
en clave de sol.

Si necesitas un soldado de poder
o una armadura en clave,
este herrero está a tus servicios
si visitas su taller.

Principado


Dibutrauma de corazón

Inventé una nación entera,
en la frontera de mi corazón y de mi alma,
con sus montañas, edificios y sellos postales.
Un lugar en el que las sombras no existen
porque nos reflejamos gatos.
Donde besamos tu mano
todos los hombres y sus reflejos-gato,
para rendirte culto,
para obsequiarte flores.
Una nación para tu principado,
donde por siempre seamos gatos,
donde por siempre seas (mi) princesa.

Impresoras de huevos


Los niños de las manecillas


Por: Melanie Flores Bernholz

Vida


En mi ausencia,

la noche

y el día

se asoman

a mi ventana.

Fluyen,

conversan

con mi río interior.

Entonces sueño.

2352


En una de las habitaciones del Gran Hotel Belle Époque, de la Ciudad de Nueva York, la mucama María Dolores encontró sobre la cama una nota que decía:

«Instrucciones para tomar un martini.
»Ingredientes:
»Hielo, vermouth y ginebra
»Aceitunas para acompañar
»Preparación:
»Mezcle el gin, el vermouth y el hielo.
»Sacuda.
»Presentación:
»Vierta el brebaje sobre una martinera. Decore con aceituna. Disfrute.

De ese lugar, la noche anterior, un hilo invisible se unía a dos amantes que, a besos veloces, salían del elevador con rumbo a la cama de la habitación 2352.