Amanece


Amanece un día

como tomando sorbos de niebla.

Sigo pensando en la pasión sin heridas

y la fragancia que me despierta.

Consigues desconectarme de miserias,

o del paso contundente de la vida.

Sigo en la orilla del mar

donde el cielo de pizarra se abre

y tú me desenredas de toda la arena cotidiana.

Viajar


Para cuando regreses…


Una infinita nostalgia me corroe.
Una infame tristeza manosea mis emociones.
Una insolente impaciencia me intoxica.
Una prematura desolación ahuyenta mis alegrías.

No concibo, en mis espacios, tu ausencia.
La realidad, allana mis pérfidas ilusiones,
sin tu afable presencia,
sin tus locuras y sin tu compañía.

Estoy seguro que para cuando regreses
con vehemencia tal, me reconfortaré en ti.
Tu presencia bastará, entonces, para apaciguar mi ser.
Tu denotada ternura y mimosería, definitivamente me llenarán de vida.

Para cuando regreses,
seguro, regresa mi vida…

Aquí


Aquí, arrojado a las calles,

en el dulce dolor

de lugares desparecidos.

Te encontré,

salvaje de secretos,

salvaje también en tu mirada.

Eras el suave acontecimiento de una hoja,

como piel bajo la lluvia

que caías sobre la hierba.

Te convertiste pronto en susurro

dentro de mí.

Carta a una adolescente


Dona i Ocell. Joan Miró

Recuerdo, hace doce años, pasar toda una tarde atesorando un secreto gigantesco. Horas después, el secreto dejó de ser secreto, y lo supo todo el mundo porque te habías convertido en una bella y nutrida realidad. El plan de trabajo no era sencillo: darte calor, protegerte del sol y alimentarte. Los días pasaron borrachos de la velocidad del alma. Nada de lo que había hecho yo anteriormente se podía comparar, ni en extensión ni en importancia, a ti. 

Han pasado doce años.

Ahora has eclosionado; ahora eres una persona con la que me río, discuto y comparto y tú me alimentas, me das calor, me proteges del sol.

Vengo


Fotografía del jardín de poetas nuevos

Vengo de ser flor
en un mar de estrellas,
en cada pétalo de pensamientos
quemé sistemas.

A tirones de espirales
expulsé aromas
de flores sin causa
muertas en el medio.

No había cauce
en el cosmos agitado
en reversa. La causa
única de girar; ensimisma.

Me vengué en cada amanecer
pues es de día y de noche
a toda hora. Los atardeceres
son un invento nuestro.

V (Perséfone)


¿Dónde se hospeda
la violencia?
¿Dónde habita
luego de que sale
de la gente?

Cuando no puede volver al origen,
se aloja en la mente
de quien no comprende.

ESCENA EN DORADOS

«Sol en tormenta» por Crissanta.

Cuando tú vas, yo ya he vuelto,
aunque nadie quiera hablar de ello.
Ni siquiera yo; lo acepto.

Antes de ser valquiria,
Atalanta, Artemisa,
fui la koré, Perséfone,
en doncellez desvalida,

La mirada de soslayo,
el insidioso comentario
precedían…

… al arrebato,
la ventisca,
la ira de Hades
en la mesa de la cocina.

(No hay suficiente valeriana
árnica, pasiflora o lavanda
que basten en esta vida).

Y además, después, el rapto
—los raptos—;
las visitas al Inframundo
cada sequía.

Cuando ellos van, yo ya vuelvo.
Sin venganza, con heridas,
con la lección aprendida.