Cronopio esmeralda


Tiempo de pasar,
momento de cultivar,
hora de regar.


Un reloj pulsera caído en desuso se acuna entre el follaje de las plantas rastreras en un patio montevideano, como vestigio de un duende travieso que todavía pulula por los parques.

Alone

Alone


Hipotálamo


Carpa de circo (o filtro de café usado).

Hace pocos días, encontré a una pequeña hipopótama disléxica, que usaba bombín y se presentaba como «La minihipotálamo Muequita». A mí me hizo mucha gracia su presentación porque, aparte de estar lejos de ser una hipotálamo, no comprendí si su nombre de pila era realmente «Muequita» o si ella lo había cambiado también.

Quizá es una minihipopótamo llamada Muñequita. No lo sé.

Lo que sí sé es que ese día llovía y su bombín poco la cubría. Lloraba y lloraba y sus lágrimas se mezclaban con la lluvia; sus palabras, con los truenos y los dos nos espantamos.

Cogí un filtro usado y lo amasé. Lo hice bolita y lo acomodé de tal forma que, al ojo ingenuo, una carpa de circo parecía.

Muequita o Muñequita no volvió a sufrir frío esa noche, pero continuó revolviendo las palabras.

Mirada 1


Pero mentiría a los perseguidores de sueños,

coleccionistas de miradas expectantes,

son pájaros desconcertados en el ajetreo

que miran hacia otro lado por encima del ruido.

Para guardarme una de esas miradas

debo volar aquí, en un sueño sin sueño,

debo alcanzar un mundo marfil pálido, no descrito.

Fotografía de @avecesisabe

Verdor


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Verdín de musgo,
violeta de esmeralda,
verde mi vergel.


 

Ejemplares de violeta (Viola odorata) en un cantero cubierto de musgo en Montevideo.

Cada mañana


Cada mañana pegajosa veo levantarse una sensación pesadamente omnipresente. Me gustaría decir que simplemente me siento un escéptico con las historias del mundo, pero debo reconocer que mi escepticismo es algo forzado, me sirve de defensa para olvidar mis vacíos y se borra cuando me toca el amor, o miro con ternura, o guardo un recuerdo con demasiado cuidado, es como un diapasón que no reverbera ante una melodía, olvidándose de esos despertares cotidianos junto al puntual despertador.

Silencio, se escucha


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Foto: ©Merche García

Caen las gotas al laguito de la fuente
en suave cadencia
graznan las gaviotas al despedir el día
se oye el roce de cubiertos y platos
a la hora de la cena
murmuran las voces al oído
sin querer romper
el silencio
este bendito silencio.
De pronto, tañen, imponentes,
las campanas de la catedral.
Son las diez. De la noche.