Pensamientos


6260-web

#Malala

#MEPO

 

Anuncios
Cerca de ti…

Cerca de ti…


Mundos


0556

 

A Wislawa


Fotografía por Poetas Nuevos.

Cuando leo a Wislawa suceden cosas,
sencillas para ser honestos.
Mi mente camina por parajes,
reconoce sus letras de un verdor
capaz de iluminar el sendero.
El olor a pintura fresca
adorna el ambiente de arte en construcción,
te puedes ahondar en el cuadro
cual figura de tres d.

El arquetipo de mis poemas sufre, crece, desarrolla nuevas temáticas.
Triviales someramente.
Profundas a mi sentir.
La escritura necesaria en la mente destiñe,
pasa a ser un sucedáneo del original.
Estas son las mejores horas,
pienso en paz el reflejo de sus notas,
las que he perdido por sostenerme
en la digital vena inspiracional.

Hablo de palabras que busqué
en su idioma,
el de la poesía por supuesto,
desdecir lo dicho
para impostar una voz fresca y sutil.
Tampoco pretende ser un calco
en su andar por la construcción poética, esas son cuitas para filólogos,
lo mío parte por admiración e intuición.
Esto no pretende ser un trabajo,
es vida y el recorrido que nos impone.

La suerte mía fue encontrar en sus poemas
una especie de espejo.
Aún en esta lengua dada a mil ideas y kilómetros de tradiciones y traducciones,
es posible sentirse cómodo e identificado con el exquisito uso de las palabras,
ese río extendido por la tierra de la poesía,
diluye, transfiere y empodera el hermoso lenguaje. Ahí, en medio de esa delta arribo a ver el brillo de sus peces, sus héroes.

Por ella me llamo poeta

Invisible imparable


TEMPORAL NIEVE GALICIA

Paseo por el barrio de mis padres donde crecí. Son las seis de la tarde y es de noche. Otoño y frío y viento. Busco en el andar-anclar mis recuerdos en las tiendas que aún perduran; las busco como el marinero al faro en alta mar. Resisten el estanco y la farmacia; es lo que tienen las drogas, siempre están ahí; siempre seremos yonquis o enfermos aunque nos creamos sanados. Ahora Don Carlos, el farmacéutico, no está. Es su hijo Carlos el que despacha la botica. Recuerdo la delicadeza con la que cortaba los códigos de barra de las cajas para luego pegarlas en las recetas como si fueran cromos… Y pienso si su hijo hará lo mismo y si él algún día acabó la colección. Hay que tener cuidado de no tropezar porque las raíces de los árboles, ahora grandes, han levantado las aceras como si el pasado reclamara su espacio. Por eso, a esta hora, ya no pasean los habitantes de este barrio. Son mayores y temen caer.  Por eso las calles están solas y ya solo pasean los amarillos de las hojas de la mano del viento. ¿Qué tal? Bien, y tú qué tal. Bien. Es un viejo amigo. Nuestra conversación no supera tres palabras; y después de los abrazos nos miramos extraños sin saber qué decir. Congelados en el tiempo como los cromos de Don Carlos. Adiós, me alegro de verte. Adiós. Y huimos porque ya no sabemos a qué jugar ni cuándo dejamos de hacerlo. Cruzo la calle hacia los edificios nuevos pero algo me retiene… es un olor a verde, un olor como a hierba recién cortada, un olor tan familiar como el café recién hecho al entrar en casa. Han podado unos laureles y desde sus ramas la savia nueva brota. Invisible. Brota imparable camino a la primavera. Mañana seguro que vendrán algunas madres, de las de antes, para coger algunas hojas. Y secarlas. Y echarlas en las lentejas… algún día. Como el otoño con la vida.

¿Diosa latina?


Diosa latinaCuerpo de Venus

y sonrisa de ninfa,

¿Diosa latina?

Redes


Las redes de acero

se marcan en mi rostro de cristal.

Mientras el mágico poder de un perfume

dibuja globos dorados arriba;

desde el sótano donde fue exiliado,

me conmueven los recuerdos, ya solamente.