Boceto


Dibujé lo que no existía,
una frondosa melena de flores
colgando de sus pensamientos,
a mano alzada, cada pétalo vestía.

Dos grandes ojos cerrados verían
cómo el alma de blancos y ocres
la piel de su espalda iba cubriendo,
un sutil aroma a pasión encendía.

Un boceto de curvas aparecía,
en cada vértice de odios y amores,
los pliegues soñados florecieron,
en mi boca la humedad desvaría.

Dormí con una idea erigida,
la silueta degradada de mil colores
recorría los espacios, momentos
de una musa lejana y desconocida.

En siete días


Se quejó la pena,
alejada.
La nada ríe
en un pestañeo,
acercándose.
Lo predecible celebra
con un brindis.
Levanta su copa
hacia la costa.
La brisa ventea
la cortina,
en señal de paz.
Llega a tierra
y muestra bandera:
garras de león,
medio corazón
y cadena anclada.
El marinero en su barco,
el faro cerca de tierra,
las noches de verano
y la luz estelar.
Y te veo suspirar,
cubro de rojo la arena.
Y tu miras hacia aquí,
poniendo rostro
al suspiro.

Todo cabe


Todo cabe en una noche de insomnio mientras duermes.

Todo espera.

Todo puede volver a empezar a la mañana siguiente.

Pero sigues encerrado.

 

(Foto del autor)

Este aliento


Fotografía por Alex Wigan (Unsplah).

 

No vinimos para quedarnos,

bien lo sabe este pájaro

que alza el vuelo,

o la nube

que se diluye en nuestro cielo,

como agua entre los dedos.

Pero este aliento,

bocanada de aire codiciada por los vivos,

siempre huye de la muerte;

sabe del calor en otros labios,

sabe del olor de la tierra

cuando se revisten sus huellas;

sabe de tu roce,

vida,

en su pulso acelerado.

 

Mayca Soto. El gris de los colores

Cratego de cerco


Cratego de cerco
Roja, carnosa,
mordida peligrosa,
finca cercada.


Cerco de cratego (Pyracantha coccinea) en un jardín callejero de Montevideo.

Sus frutos son tan atractivos como tóxicos.

Esa no eres tú


Ese ombligo me habla de ti,
un eco escondido
recoge desde tu piel,
los sentidos viajan por el borde
de tu ropa interior
hasta el triángulo amoroso.

Intenta pero no puede
separar tus piernas,
para volver a nacer,
quiere ser gemido
vestido de ti, pero,
esa no eres tú, es otra,
una desconocida a la cual describo.

Se aferra a esa cintura,
asciende y desnuda
un abultado pecho,
encolerizado, besa,
difunde en esa piel sus deseos,
el rechazo primero muere,
tus labios muerdes.

El silencio más hermoso
rodea tu corazón,
detrás del lente, tu cuerpo
se retuerce,
el placer de ver es tuyo,
el de sentir, de ella.

Las letras, mis letras,
acompañan esta historia,
escrita de imaginación
versus inocencia,
una imagen se convierte en poema,
usted, en mi pequeña musa.

La aventura del amor


La aventura del amor

es recoger un poco de frío al coger una mochila,

y pensar en ti,

y reírse de esas miradas hieráticas.

Cansadas ya al principio de la mañana.

 

(Foto del autor)