La avioneta blanca


A veces me pregunto por qué no puedo.

Esa avioneta ya pasado dos veces por ese mismo cielo

o soy yo que me repito, me rebobino y me repito

en esta nada que no huele.

Vuelve a pasar la avioneta es blanca y vuela bajo.

Vuela al oeste;  vuela al atardecer aunque es mañana.

Vuela una paloma y se asoma al alero.

Por qué querrá estar aquí.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Creo que hace círculos.

Los buitres también hacen círculos buscando carroña.

Quizás soy yo que me estoy pudriendo.

La paloma ha encontrado una pareja: zurean –creo

que se dice así- y bailan también en círculos.

Pasa la avioneta blanca otra vez, esta vez

vuela más bajo.

Querrá aterrizar o morir o ya

habrá visto a su presa.

A veces me pregunto por qué no puedo.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Vuela al oeste.

Es casi un punto brillante entre las nubes negras

como una estrella fugaz.

Llamas


Lágrimas que son misterio

brotan incontables.

Felicidades que se incendian,

porque no vemos a través de mil velos.

Sangre que nos maltrata

llamas que nos poseen…

Llamas,

Memoria de tus labios que tanta vida tienen.

Llamas y quemas todas las esperas.

Llamas que sacarán el esplendor que traemos de tanto amor.

Vértigo


La nada ocurre mientras
un humor acuoso
perfora el futuro.

Contra la tarde
blanden su furia
los acróbatas de bolsillos raídos.

¿Qué voltereta
nos colocará dónde?

Habitando nuestro pulso


Fotografía: Klelia Guerrero García

Tan bello, que lo soñamos;
tan poderoso que asusta.
Aunque sentirlo nos gusta,
muchas veces lo alejamos
cuando entero lo observamos.
Y, si ya nos emociona,
más de un caso no funciona
de la forma que esperamos.
Pero algo de él nos quedamos,
más cuando nos disecciona.

Porque tras examinarnos
así, minuciosamente,
—haciendo a un lado la mente—
y en ese espejo observarnos
¡podemos reencontrarnos!
Este es un recordatorio
o, más bien, un rogatorio:
al pulsar, al habitarnos,
podemos ser y sanarnos…
¡Dejemos nuestro envoltorio!

Eso aplica con parejas,
profesiones, pasatiempos…
y hasta con los contratiempos.
Ante escenas disparejas,
¿ver las flores o las rejas?
Creo que de ambas se recibe
si realmente se percibe
lo que tienen para darnos:
tras desestabilizarnos,
nuestro pulso se concibe.

Afrenta


Joven poeta
toma por sorpresa
su analfabetismo.
Abraza la falta.

Canción al revés


Estoy a un nombre de conocer tu paso,

y tengo en la punta del alma el suave ronroneo de tus labios.

Te duermo en cada amanecer, cuando el susurro de la luna despierta el día,

y en cada pincelada de café,

remuevo aquel color con el que te beberé sin prisa.

Deseo morir, gozar al fin una vida eterna de quererte,

pisando la cima de aquel beso nevado que me asomó al infierno.

Hoy te imagino en este mundo invisible,

luchando en este duelo a punta de placer,

desde donde unas líneas ausentes de sonido,

reescribo esta historia hecha canción, sin ritmo y al revés.

La Gran Magia


Fotografía: Klelia Guerrero García

Pulula prudentemente,
buscando almas, bocas, manos;
a aquellos seres humanos
cuya esencia, cuerpo y mente
la implementen hábilmente.
Pues, para lograr trascender
y su gran poder encender
debe, con actos u objetos,
llegar hasta otros sujetos
y alguna emoción conceder.

De aceptar y abrirle paso,
si algún resultado es cierto,
es lo que llaman fracaso.
Pero transcurrido el caso
habrá luz tras el ocaso.
Y, gracias a esa oscuridad,
potenciará su intensidad
mientras nos deje enseñanzas
para futuras andanzas:
resiliencia y humanidad.

¿Por qué atrevernos a hacerlo?
Porque cuando intentemos crear
nos permitiremos recrear
—sin buscarlo, sin saberlo
y aunque no podamos verlo—,
la libertad original
de aquel estado virginal
en que a este mundo llegamos.
Si en la Gran Magia confiamos,
¡todo vuelve a ser marginal!

Inspirado en el libro “Libera tu magia”, de Elizabeth Gilbert.