Cuando me dejé sorprender


Fotografía: Klelia Guerrero García

Muchas veces me pregunté
si realmente llegaría
algo que me sacaría
del espacio al que me adapté
—al que luego incluso me até—.
Después de tanto, dudaba
llegar a ser desarmada
de las capas que vestía
aun cuando me entristecía
la soledad que implicaba.

Estaba atenta y decía
“vida, te invito a sorprender”
pero al ver aquello pender
de un hilo: mi valentía,
mi ilusión se reducía.
Y seguía el descontento
con intento tras intento
en los que el patrón repetía…
Algo adentro se sentía
sin ser visible el obtento.

Tanto se movió, de a poco,
hasta que al fin llegó el día
en que yo me lanzaría
sin temores ni sofoco,
sin pensar “¿si me equivoco?”
Cuando me dejé sorprender
no quise más detener
la fuerza con que vivía,
familiar a la que veía
en Lucas y su radiante ser.

La Vie en Rouge


Bajo el destello de esta luz

que abraza el sueño de mi playa,

desnudo la mañana de cordura

y me visto de ti,

a una distancia demasiado calculada,

lejos de mí.

Entre ese espacio

en que me habita tu silencio

y un tiempo deshojado,

muero de ti.

Bajo este cielo carmesí

que a veces compartimos,

rasgo las horas

y trazo un plan soñado

entre tus ojos y los míos.

No me ves,

respiro entre tus labios

y acaricio ese momento

con el beso traicionado

 que soplo en el espejo.

No invoco tu presencia

para amarte,

me abraza la ilusión

de imaginarte hoy,

en la aurora que contemplo

y que cincela este pecado

 en un hueco de mi alma.

Y en el rojo que se escribe

en aquellos días de vino y rosas,

de calor y largas noches…

conjuro la orilla de este mar que se llevó tu nombre.

Mi eterna primavera

es hoy el recuerdo de tu voz,

y tu risa…

ese aire fresco que me falta.

Vivo sin ti en esta playa desierta

que transito,

y en este mar embravecido que ahoga

el grito de mi corazón,

sabes y sé…

que vivirás siempre conmigo.

Refrigerador vacío


La constante del refrigerador vacío,

la rutina de no encontrarte jamás en casa,

las fotos acostadas,

los libros en el suelo,

mi sentir vuelto ceniza.

Vengo


Fotografía del jardín de poetas nuevos

Vengo de ser flor
en un mar de estrellas,
en cada pétalo de pensamientos
quemé sistemas.

A tirones de espirales
expulsé aromas
de flores sin causa
muertas en el medio.

No había cauce
en el cosmos agitado
en reversa. La causa
única de girar; ensimisma.

Me vengué en cada amanecer
pues es de día y de noche
a toda hora. Los atardeceres
son un invento nuestro.

¿Y si es más simple?


Fotografía: Guisella García Bacilio

¿Y si en lugar de acelerar,
de dudar, de exasperarnos,
de engañar y autoengañarnos,
nos permitimos explorar
y con nuestro ser conectar?
¿Y si en vez de limitarnos
y, a veces, aferrarnos
a expectativas sin cesar
y la disrupción evitar,
decidimos arriesgarnos?

Porque eso de complicarnos,
de hacernos esperar
y nuestros sueños aplazar
más allá de relegarnos,
de nuestra esencia alejarnos,
tal vez se puede mejorar
al optar por simplificar
y transparentes mostrarnos.
No es fácil sincerarnos,
pero mucha paz nos va a dar…

Tal vez ayude recordar
que «perfectxs» procurarnos
para salir y lanzarnos
equivale a supeditar
nuestra decisión de comprar
a una lotería ganarnos;
incluso, tras enterarnos,
de que en cuotas nos va a llegar
—cada instante, al respirar—.
¿Tiene sentido privarnos?

El final del cuento


Mis ojos han perdido la visión,
mis manos la memoria,
¿qué hago para reconocerte si un día te encuentro?


Digo palabras sin sentido
después de un prolongado silencio.


Los sueños son hoyos negros
que se tragan todos los recuerdos.


Ya no percibo el olor de tu cabello
ni encuentro con mis labios tu cuerpo.


Ecos del pasado murmuran al pensamiento
que ya nunca más escucharé tu voz,
que ya no hay razón para seguir despierto.


¿Para qué vivir con soledad?
¿Para qué esconder mi sentimiento?


Solo quiero cerrar los ojos
y esperar ese último momento.

Adagio



Teo te dice que digas
el dicho que dice lo mucho

que dice la idea de decir la hora al revés
que ya son las seis y si es la hora

la idea se vuela y ya no la ves.